Partido Verde y PRI al servicio de la industria minera

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@cachobanzi

El Partido Verde y el Partido Revolucionario Institucional siguen con el proceso de desmantelamiento de lo poco que queda de las instituciones ambientales. Ambos partidos políticos están listos para dar un nuevo golpe: la Ley General de Biodiversidad.

Los diputados federales ‘discutirán’, en la Cámara de Diputados, la legislación que en el Senado de la República ya fue votada. Ninfa Salinas del Partido Verde e hija de Ricardo Salinas Pliego, presentó la iniciativa que por supuesto beneficia al Grupo Salinas.

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En esta política descarada, los negocios van por encima de la sociedad. El PRI y el Verde son los publirrelacionistas de los grandes intereses económicos sobre la ciudadanía. Esto también lo vemos en el PAN e, incluso, en Morena. Unos dirán: ‘así es la política’. Lamentablemente, en esta política de amigos, tienen razón.

La Coalición Ciudadana ante la Ley General de Biodiversidad denunció que la Ley General de Biodiversidad abrogará la Ley General de Vida Silvestre y reformará la Ley General del Equilibrio Ecológico Protección al Ambiente (GEEPA). Así como Salinas la quiso, así saldrá: “Sin opiniones de las Comisiones de Cambio Climático y Asuntos Indígenas, sin consulta, y sin considerar a los pueblos indígenas y a la sociedad en general”.

Las organizaciones de la sociedad civil coinciden en que la ley es “violatoria de derechos humanos y al servicio de intereses privados; industria minera, energética, biotecnológica y farmacéutica las más favorecidas. Habilita el despojo a los pueblos indígenas y comunidades campesinas. Pone en riesgo Áreas Naturales Protegidas y especies prioritarias para la nación”.

Grupo Salinas, fundado por Ricardo Salinas Pliego (dueño de TV Azteca), tiene varios proyectos de minería a cielo abierto en Chiapas (gobernado por el Partido Verde) donde por lo menos 22 concesiones mineras están en poder de prestanombres del empresario, según Otros Mundos Chiapas.

En Baja California Sur, Grupo Invecture de Salinas Pliego posee una concesión en la Reserva de la Biosfera Sierra La Laguna, una de las áreas de recarga de la península y con el único bosque de encino de la entidad.

¿A quiénes representan los políticos?

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Partido Verde y PRI al servicio de la industria minera

¿Dragado de clase mundial?

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@cachobanzi

Algo raro pasa en la bahía de La Paz. No hace falta ser un experto para observar los cuerpos descomponiéndose en nuestras playas, no de extrañarse formular la siguiente pregunta: ¿cuál es la relación o qué tanto influye el dragado del fondo marino que realiza la Secretaría de Marina (Semar)?

Son 5 porciones azolvadas del canal de navegación que realiza la Secretaria de Marina en la bahía de La Paz.

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Y más allá de buscar culpables, es nuestro deber exigir una explicación concisa sobre la mortandad. Primero, 21 delfines comunes de mar abierto muertos cerca de Pichilingüe. La prensa manejó que hubo una “riña” por el control del territorio con delfines tursión (Tursiops truncatus), porque la bahía de La Paz es su hábitat.


 

El 16 de febrero un tiburón ballena (Rhincodon typus) murió en la bahía de La Paz. La muerte coincide con la preocupación de organizaciones como AICMMARH AC o CONCIENCIA que manifiestan la posible relación entre este suceso y el dragado del canal de navegación. Hace meses, cuando comienza la Semar con los trabajos, las asociaciones manifestaron la existencia de un riesgo latente para los gigantes de la bahía y delfines tursion por el aumento del ruido, la sedimentación, la turbidez y los niveles de metales pesados.

El tiburón ballena y almejas son organismos filtradores por lo que surge la hipótesis en científicos que la presencia de metales pesados y partículas los afecten. Es obvio que las operaciones de dragado tienen un impacto ambiental, así como las descargas del material en la composición química del mar, esto ya es aceptado por científicos en otros países.

Por ejemplo, el artículo “Potenciales impactos ambientales generados por el dragado y descarga de materiales de dragado” del Instituto Nacional de Canalizaciones de la Universidad de Caracas, concluye:

“Las operaciones de dragado y descarga del material dragado tienen potencial para generar impactos negativos sobre las condiciones físicas químicas y biológicas de los ecosistemas. La turbidez es el cambio físico más importante generado sobre la calidad del agua durante y después del dragado. Los cambios químicos de la calidad del agua se pueden estimar con: la demanda de oxígeno, el aumento de nutrientes, presencia de trazas de metales pesados y pesticidas en la columna de agua, y la modificación de la salinidad”.

La postura del delegado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Jorge Iván Cáceres Puig, es distinta. Justificó a la Semar. Mostró una imagen de uno de los polígonos (la que está en rojo abajo) del dragado. También se puede ver el islote artificial de 4 hectáreas de los últimos 30 años según un experto de Cicimar.

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“Primero, para dimensionarlo, en esta imagen se muestra el polígono que se está dragando, lo cual corresponde al área de maniobras que históricamente ha utilizado la SEMAR para sus embarcaciones (ni de mayor calado, ni más), ante SEMARNAT presentaron un aviso de no requerimiento de manifestación de impacto ambiental al tratarse de trabajos de mantenimiento, para lo cual incluyeron análisis de los sedimentos los cuales se encuentran libres de materiales peligrosos, así como la justificación de la no afectación a la fauna pelágica marina por el dragado”, expone el funcionario federal.

Él afirma que el tiburón ballena murió por artes pesca y no a causa del dragado al igual que los 21 delfines comunes, en este caso una confrontación territorial con delfines nariz de botella fue lo que provocó el varamiento. Desde 2017, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) determinó que no había irregularidades, porque la Semar obtuvo la autorización sin requerimiento de manifestación de impacto ambiental, según consta en el oficio al SEMARNAT-BCS-02.01.IA.499/17.

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Mientras la discusión continúa en redes sociales y medios de comunicación, en las playas emergen más animales muertos, como las tres tortugas marinas y un lobo marino en el mogote que reportó un ciudadano.

Entonces, ¿qué sucede?

¿Dragado de clase mundial?

¿Cogerías conmigo?

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Roberto E. Galindo Domínguez

Esta es la pregunta que ante la falta de señales positivas del interpelado (a) y a reserva de no importunar a la o el requerido para la satisfacción de necesidades o impulsos sexuales, perversos o no, deberemos plantear en adelante cuando el amor o el deseo nos conviertan en cuerpos ávidos de complacencia por parte de un segundo sujeto (a), si no queremos ser acusados de acosadores, independientemente de que nuestra sociedad sea tercermundista y más atrasada que la francesa; como dicen muchos y muchas que defienden el derecho de acusar a cualquiera que de cualquier forma los, pero principalmente, las importune con requerimientos sexuales no convenidos, ya sea de forma verbal o por señas corporales. Como argumentó Catalina Ruiz en un debate con Martha Lamas[1], en relación al escrito de las intelectuales francesas que defienden el derecho a “importunar con galantería y seducir torpe o con insistencia de los hombres”, en el contexto de la campaña #MeToo, originada en Hollywood, Estados Unidos, y que ha llevado al cadalso mediático a varios presuntos acosadores. Y me pliego a la posición de Lamas menos estricta, porque muchas veces las señales no son tan claras: ni positivas, ni negativas; porque hay quienes incluso dicen no con la palabra cuando con las señales corpóreas consienten, hay también quienes dicen sí y después se arrepienten y se mueven al no físico o verbal. Aunque en cualquier caso y de acuerdo a lo establecido en cuanto a significado, un no es un no y debe bastar para detener los requerimientos amorosos y seductores.

            He usado la palabra coger[2] en el tiempo condicional pospretérito, ya que de esta forma al requerir de alguien tal acción –más allá de escribirla entre signos de interrogación o entonarla de manera inquisitiva–, el tiempo condicional pospretérito indica que de aceptar la parte solicitada, lo haría indudablemente después de consentir –aunque suene obvio–, a lo que fue al momento de ser planteado un cuestionamiento-solicitud hipotético[3], que sólo sería ejecutado de manera posterior a la respuesta afirmativa. En caso contrario, con la obtención de una contestación negativa, el solicitante al haber planteado un escenario de un futuro hipotético no debería ser acusado de ningún crimen, pues una hipótesis no compromete, por tanto no debe incomodar a nadie, ya que es hasta no ser comprobada, eso, una hipótesis. Incluso cuando el o la exhortada se sienta ofendido por el hipotético planteamiento.

            Debe ser derecho de todo ciudadano (a) del mundo poder plantear, ya sea de manera verbal o por escrito, ese ¿cogerías conmigo? que lo pueda llevar a los límites de la pasión o al deseo desbordado, a tocar el cielo en un orgasmo, a la felicidad de ida y vuelta y hasta la bancarrota sentimental pos-coito. Ese, ya sea por placer o por la perpetuación de la especie, debe ser un derecho fundamental humano. Como también lo debe ser la respuesta negativa del o la requerida. Y ante el no, claro y rotundo, verbal o corporal a ese planteamiento, la solicitud-hipotética no tendría más que desvanecerse en el imaginario del perpetuador verbal o literario y caer en el olvido del o la instada; sin mediar de por medio demanda legal, acusación publicitaria o linchamiento en la red internauta por haber insinuado en una pregunta condicionada un deseo o una necesidad amorosa o puramente sexual.

            Se podrá argumentar que la pertinencia o la impertinencia de un ¿cogerías conmigo? puede obedecer, la primera, al o a la que pide y, la segunda, exclusivamente a la o el convocado; y que de esta manera la parte cuyos favores sean implorados, puede considerar impertinente y ofensivo el planteamiento, y que en consecuencia tuviera todo el derecho de acusar y evidenciar públicamente al o a la que inquiere; lo cual me parece un exceso, cuando la solicitud no tenga más propósito que el solaz esparcimiento de ambas partes y/o la reproducción de la especie humana. Aclarando que siempre y cuando esta solicitud, por supuesto, no condicione una posición laboral, o cualquier beneficio social, académico o de otra especie que la parte invitada deba o pueda obtener sin recurrir a un encuentro de cualquier tipo con el o la peticionaria.

            ¿Cogerías conmigo? es pues mi derecho a la expresión de un deseo o una necesidad, que no debería ofender de ninguna forma a quien yo se lo esboce, en tanto esa persona tiene todo el derecho de negarse, y es mi obligación acatar la negativa. Aunque la valoración de la insistencia en el planteamiento queda a reserva del que solicite, en cuyo riesgo tiene en estos días el ser señalado de acosador, dependiendo de la parte solicitada a la que se le ocurra interpelar. Pero en tiempos de puritanismos sexuales más vale preguntar antes de decir guapa o mirar con cierta lascivia, y olvídense de “robar” un beso o siquiera rozar con intención sexual. Por mi parte aún me estremezco al recordar la vez que pregunté ¿cogerías conmigo?

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en apreciación y creación literaria, M. en C., literato, arqueólogo, diseñador gráfico. Cursa el doctorado de novela en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente. Escribe para Contralínea.

[1] https://www.facebook.com/NoticierosTelevisacom/videos/1888271837870995/

[2] De acuerdo al Diccionario de Mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua: Practicar el coito

[3] De acuerdo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y derivado de la palabra hipótesis: Suposición de algo posible o imposible para sacar de ello una consecuencia.

 

¿Cogerías conmigo?

#SOCIALITERATURA: La dualidad del Diablo Guardian

Diablo

 

Roberto Galindo

 

La novela contiene dos historias que se desarrollan y entremezclan desde el inicio, en una está Rosa del Alba Rosas Valdivia, alias Violetta (1973-1998), y en la otra Pig. Violetta, una de las voces de la novela, nos introduce en la historia en el escenario casi final de la obra. En los capítulos pares ella, en primera persona, le cuenta su vida a Pig mediante un casette, en el que retrocede y avanza en los diversos tiempos de su vida de una manera vertiginosa, que a veces parece no tener sentido. Pig, la otra voz fundamental, cuenta su propia historia y la de Violetta en los capítulos impares, pero mediante un narrador extradiegético en tercera persona que contextualiza la historia de ambos. Pig tiene un discurso narrativo más ordenado que parte de su infancia, pasa por su juventud y llega hasta su edada adulta; aunque da saltos hacia el pasado si alguna circunstancia amerita la reflexión de su comportamiento o cuando sus fantasmas pretéritos lo asaltan y le generan paralelismos vivenciales.

  Rosa del Alba o Violetta es al mismo tiempo uno y dos personajes, y a veces una narra la vida de la otra dependiendo del nombre que utilice y de la geografía donde se encuentre. En México, y no por gusto, es Rosa del Alba, aunque con fugas a Violetta. En Estados Unidos, en Las Vegas y New York, es Violetta: la mujer que quiere borrar su origen, su “naconacionalidad”. Ella aborrece la mediocridad “clasemediera” de su familia e inicia su carrera delictiva desde adolescente al desnudarse por dinero para el hijo del jardinero, roba a su familia, se pierde en el alcohol, las drogas y la prostitución. Violetta siempre busca satisfactores inmediatos, placenteros y materiales, sin planificar nada, sin importar los altos precios (humillación, adicción y soledad) que deba pagar por obtenerlos. Interactúa con gente de mala calaña: sacerdotes estafadores, padrotes, dealers, pervertidos, ejecutivos y publicistas transas, matronas, juniors, policías corruptos y asesinos. Aunque en su camino también se encuentra con personajes que la ayudan, a esos los llama My hero, en Houston es Eric o Superman, pues no se puede decir que el Mario Bross de Las Vegas sea un héroe; y dos en México: el Capitán Bacardí y, por supuesto, Pig su verdadero y único salvador, su Diablo Guardián, quien la libera de Nefastófeles, el diablo maligno de la historia.

   Nacido en el seno de una familia de la clase alta Pig es un huérfano educado por su abuela, a la que llama Mamita, es introvertido, travieso, malicioso, viajero al azar, paseante de los bajos fondos de la Ciudad de México, pasajero eventual en el viaje de las drogas y publicista brillante con oficio de escritor fracasado –un prostituto intelectual–. Recorre una vida vacía y habita una casa semi-abandonada. Atisbando en los abismos de la podredumbre humana busca una novela que escribir. Pig encuentra en Violetta un hoyo negro insondable donde saltar, una incógnita, la droga de su vicio, el amor; ella es la historia que ha querido contar siempre. Una vez que se ha enamorado de Violetta debe matarla por deseo de ella, desaparecerla sin importar que eso signifique no verla más. Ella necesitaba, por supervivencia, comprar un héroe. Él requería salvar a alguien para darle sentido a su existencia. Es así como las vidas de estos dos seres se unen. Ellos se maltratan y se salvan de una sociedad que los ha puesto en medio del vicio, la corrupción, la prostitución y las drogas; donde el dinero importa más que la dignidad, que la familia, más que cualquier valor.

   Diablo Guardián describe la atribulada y vertiginosa manera de sobrevivir de dos jóvenes. Muestra la descomposición social y el retorno a la vida primitiva y salvaje a que estamos expuestos dentro de la globalización, debido en gran medida a la fragmentación de la familia. Fenómeno que no es nuevo, pero que Velasco ha logrado caracterizar a profundidad para nuestra sociedad en las postrimerías del siglo pasado. Además, a través de Pig, el escritor nos comparte la experiencia del proceso de escritura de su novela.

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en apreciación y creación literaria, M. en C., literato, arqueólogo, diseñador gráfico. Cursa el doctorado en investigación y creación de novela en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente. Escribe para Contralínea.

#SOCIALITERATURA: La dualidad del Diablo Guardian

La violencia feminicida no es sólo asunto de mujeres

Maniquies

Marisabel Macias

Parece que existen seres aferrados a desaparecer nuestra Paz, entes sin el menor sentido ético (¿humano?), incluso sin la menor seña de arraigo o amor hacia nuestro estado; gente que ha estado dispuesta a vender, además de las playas y la tierra, la seguridad de la comunidad sudcaliforniana, a entregar la vida de muchos seres humanos a cambio de no sé qué “bien o recompensa”. Además, muchos otros han aprovechado el clima de violencia y la falta de justicia para actuar criminalmente a sus anchas. Debemos aceptarlo: vivimos en una guerra, sí… igual que el resto del país y las mujeres para no variar, somos parte del botín de esta.

En 2017 mataron a 70 mujeres en Baja California Sur. En nuestro país la cifra subió de 7 a 8 mujeres asesinadas cada día. Los primeros seis meses del año pasado aparecieron 914 mujeres asesinadas tan sólo en 17 estados de la República y en otros 5 desaparecieron al menos 3,174.

Según la Organización de las Naciones Unidas, 1 de cada 3 mujeres en el mundo sufre violencia física o sexual, por mencionar sólo dos tipos. La violencia de género es la principal causa de muerte en mujeres de entre 15 y 44 años en todo el mundo. Sí, la misoginia y el machismo matan más que el cáncer, la malaria, el VIH y las guerras…son una pandemia. Por eso hablar de violencia de género, de violencia feminicida, es un tema que apremia. Deberíamos estar indignadas y organizándonos; mínimamente alzando la voz a través de todos los medios y espacios. Proponiendo formas de cambio. Urge la sensibilización y la acción social: no es un asunto que nos atañe sólo a las mujeres.

¿A poco ya se nos olvidó? El mes pasado despertamos con la terrible noticia de otro feminicidio en Baja California Sur: Alejandra Izquierdo, una jovencita raptada, torturada y asesinada por un comando de hombres armados que entró a la florería donde ella trabajaba y se la llevó a la fuerza. Después encontraron a la joven con un alambre enrollando en la garganta. O la mujer “sin nombre” que acaba de aparecer masacrada hace días en la colonia Ladrillera, en La Paz; para colmo de males, algún diario sólo mencionó el accidente que tuvo la unidad paramédica al asistir para dar fe del asesinato.

Frente a este infierno ¿se ha hecho algo? Quizá la indignación de algunas personas en redes sociales, ciertas notas en periódicos locales dando detalles morbosos de lo ocurrido o invisibilizando a la víctima con sus títulos machistas. Es terrible que el asesinato o desaparición de más y más mujeres y niñas en este y otros lugares del mundo siga pasando… porque, al parecer, nada más pasa: ni justicia, ni freno, ni nada.

¿Qué debemos hacer para enfrentar esto? ¿Qué se puede hacer desde nuestro ser mujeres, ciudadanas, mamás, trabajadoras, cuidadoras, amigas, hermanas, hijas, vecinas, novias, artistas, profesoras…?

De inicio apelo a la reivindicación de la palabra; frente a esta crisis total de justicia, y en una tierra arrasada por la impunidad y la violencia, sólo se me ocurre comenzar a desmenuzar el tema, “ponerlo sobre la mesa” y esperar a que se abra un diálogo que pueda aterrizarse en acciones y cambios en los ámbitos públicos y privados. Desde cada una. Crear conciencia. Informarnos seriamente para saber lo que está sucediendo y de lo que estamos hablando. Cambiar el miedo por reales estrategias, no sólo para cuidarnos o defendernos, sino para empezar a exigir lo que, por derecho, nos toca.

Y hablo precisamente del “Derecho” porque resulta que para que la violencia feminicida se siga perpetuando basta con que las Instituciones y el Estado obstaculicen el acceso a la justicia de las propias víctimas, invaliden sus Derechos ciudadanos y humanos, y sigan protegiendo a los responsables, que sigan volteando hacia otro lado. Basta con que la sociedad misma siga permitiendo la reproducción de la violencia hacia las mujeres y niñas, legitimando de muchas formas un tejido social de relaciones asimétricas donde se reproduce y conserva una situación de subordinación de lo femenino ante el ejercicio de poder masculino en diversos ámbitos: el hogareño, comunitario, educativo, laboral y, como ya dije, el institucional. Parece que seguimos atrapadas en un tiempo en el que las mujeres no merecemos contar con derechos humanos porque, aunque se declare lo contrario, en el día a día se nos sigue cosificando, violentando, matando.

La violencia contra las mujeres ha sido una constante en la historia humana y un mecanismo efectivo mediante el cual se busca mantenernos en un estado de sumisión; es necesario que entendamos, a través de la reflexión y cuestionamientos, que esa organización social patriarcal, que pareciera natural, ha sido construida de manera violenta, forzada; y que a la mujer se nos ha preparado desde la infancia –a través de la educación y la formación– para asumir una condición de sometimiento frente a lo masculino. Lo anterior es algo tan somatizado que, además de natural, a veces se convierte en situaciones cómodas o imperceptibles para nosotras mismas. Por eso es importante tomar consciencia de que el machismo y la misoginia pueden estar en muchas partes, ser ejercidos por cualquier persona; debemos aprender a detectarlos y no sólo colocarnos las gafas moradas para examinar situaciones de vez en cuando, sino adoptar en cada momento, cada día, en cada ámbito, una mirada crítica, una defensa firme sobre nuestro lugar y trato; sobre los ideales que perseguimos de un mundo más justo, libre de violencia y en igualdad de condiciones.  Es urgente que cada una de nosotras haga algo.

Recuerden que la violencia feminicida se resguarda en la violencia moral, en cada constructo social que nos oprime o nos violenta; todo esto para generar en entorno a la mujer un ambiente de violencia persistente y progresiva; violencia de muchos tipos que, además, culminan arrebatando la vida a las mujeres que la padecen.

Insisto, nos están matando. Muchas mujeres vivimos con miedo de salir a la calle solas, de noche o de día, a cualquier lado donde no se nos acompañe ¿Cuál autonomía si salir es un riesgo? La violencia feminicida sigue viva y nos lo deja claro con cada cuerpo de mujer que aparece violado, torturado, asesinado; es una situación progresiva que se nutre del contexto criminal en el que vivimos subsumidas todas las personas en este estado, en este país.

Les propongo: dejémonos de resquemores y prejuicios frente al Feminismo; dejemos de juzgarnos entre mujeres y comencemos a formar redes de apoyo, de estudio, de defensa, de activismo. Dejemos de responsabilizar a las víctimas y quedarnos con la explicación facilona de que “seguro andaba en malos pasos”… Porque, por último, también quisiera recordar e insistir en un elemento importante de toda esta maraña de crímenes, algo que la antropóloga feminista Marcela Lagarde[1][2] deja muy claro: cuando hablamos de feminicidios, que es la culminación de la violencia contra las mujeres, estamos hablando también de un crimen de Estado, ya que este “no es capaz de garantizar la vida y la seguridad de las mujeres en general, quienes vivimos diversas formas y grados de violencia cotidiana a lo largo de la vida”.

¿Acaso ya se declaró la alerta de género en Baja California Sur, tal como lo exigió el Frente Feminista Nacional de Baja California Sur? O ¿qué se está haciendo para atender estos feminicidios recientes? ¿Qué estrategias están en marcha en este momento para evitar que se nos siga desapareciendo y asesinando a las mujeres?

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[1] Quien, además, contribuyó al desarrollo del concepto “feminicidio” desde el contexto mexicano, en específico a partir del fenómeno violento que se presentó en Ciudad Juárez. Marcela Lagarde se atrevió a ponerle nombre a dicho fenómeno; hasta antes de eso se utilizaba el término “femicidio”, de la traducción literal del inglés, como propuesta de Diana Russell, que enuncia: “femicidio: como el término femenino de homicidio; es decir, como un concepto que especifica el sexo de las víctimas”. La definición de Russell no aporta mucha información sobre el victimario y el contexto en el que se perpetra y perpetúa el crimen; gracias a Lagarde se transitó de “femicidio” a “feminicidio”. El término feminicidio abarca no sólo los crímenes contra mujeres de cualquier edad o condición, sino que habla de toda una estructura de violencia de género tanto de una construcción social de crímenes de odio contra las mujeres como de la impunidad que los ampara.

Diana Russell, que enuncia: “femicidio: como el término femenino de homicidio; es decir, como un concepto que especifica el sexo de las víctimas”. La definición de Russell no aporta mucha información sobre el victimario y el contexto en el que se perpetra y perpetúa el crimen; gracias a Lagarde se transitó de “femicidio” a “feminicidio”. El término feminicidio abarca no sólo los crímenes contra mujeres de cualquier edad o condición, sino que habla de toda una estructura de violencia de género tanto de una construcción social de crímenes de odio contra las mujeres como de la impunidad que los ampara.

[2] Aquí les dejo el enlace para la conferencia completa: https://www.youtube.com/watch?v=f3jsrOQYVKE&t=1763s

 

La violencia feminicida no es sólo asunto de mujeres

El tunde teclas y el periodismo gore

Diario

@cachobanzi

Regresé a BCS porque me dijeron que acá no mataban periodistas. Pero las cosas cambian. Antes amansaban a cualquiera con un convenio gordo y cómodo. No había amenazas. Había cómplices. ¿Para qué usar el plomo? Se trataba, más bien, de que todo quedara entre «amigos». El círculo rojo y el periodismo objetivo: un equilibrio entre poder (o poderes) y comunicación de masas, unidireccional, sin las inoportunas críticas en redes sociales a los medios oficiales, que legitimaban una mentira o una verdad. Pero la modernidad vino a interponerse.

   2014. Una balacera rompió el silencio en una vereda cercana a la carretera rumbo a Los Planes. Año decisivo, espacio de reestructuración en las formas de reportear la nota roja. El crimen organizado se dividía. Acontecimiento insólito que, sin embargo, no evitó del todo que la sección policíaca en los diarios locales siguiera rellenándose de boletines sobre choques y robos a casa habitación. Los homicidios serían declarados como casos aislados. La nota principal sería la vida del gobernante en turno, una cosa parecida a «un día en la vida de…».

   Ante la realidad innegable y el mutismo de los diarios oficiales, los sitios web de noticias adquirieron credibilidad y alcanzaron la categoría de plaza pública. Con tal de obtener clicks inmediatos, el morbo de la ciudadanía le vino bien a estas páginas. En las redes sociales aparecieron personajes que se posicionaron simplemente porque iban hasta la escena del crimen y la grababan personalmente, algo que no hacían los reporteros de policiaca hasta entonces. Dejó de ser imprescindible la página web. Un perfil de Facebook y un celular se volvieron material suficiente para convertirse en reportero. Las transmisiones en vivo comenzaron a dominar la escena y se acabó el papel primordial de los medios impresos, e incluso sus formatos digitales que, secreto a voces, querían respaldar una pseudorealidad impuesta por el poder. Las redes sociales le dieron a la ciudadanía, al fin, una herramienta para confrontar a los «expertos» de la comunicación y no sólo poner en tela de juicio sus publicaciones, sino ignorarlas y crear las propias.

   Al intentar analizar el papel del reportero en BCS, hay que tener en cuenta que éste se mueve en un espacio turístico, un edén para desarrolladores inmobiliarios, hoteleros y vacacionistas al estilo spring breaker. En la ciudad turística, patrón que se repite en otros destinos de México, la economía funciona legal e ilegalmente. Se prestan servicios, se ofrecen bienes, de manera regular, pero también de manera informal, al menos informal en el sentido de su legalidad. Por encima de los pequeños negocios ilegales se eleva el lavado de dinero, práctica que puede asociarse con grandes empresas de cualquier índole. Mientras tanto, las familias que migraron persuadidas por la esperanza del progreso, alcanzan una mal pagada neoservidubre. En una situación similar de pobreza el crimen organizado encuentra al personal necesario para perseverarse, ya no sólo como un cártel, sino como un sistema, un organismo.

   En medio de este escenario el periodista no ejerce libremente su profesión, al menos no con carácter investigatorio real, sino como transmisor, como decía, de las imágenes cruentas, que no obstante deben ser igualmente moderadas en su publicación, pues hay que dar una buena imagen de la región a los ojos de los inversores.

Reportar la barbarie

«Mataron al reportero Max Rodríguez», dijo ella. Tardé en asimilar la frase, pero en cuanto lo hice supe que ya nada sería igual. Contuve la respiración y recordé cuando Max me llamó preocupado para preguntarme cómo un corporativo de minería submarina me demandaba a mí, reportero menor de 30 años, por 20 millones de dólares. Su llamada fue un respaldo en aquel momento. Recordé también mis tiempos en Rosarito, Baja California, allá por 2008, cuando comencé a ser corresponsal de la nota policiaca. La muerte de Max desempolvó la principal razón por la que yo me había alejado de las noticias de ejectuados. Y es que en aquel tiempo ya se tenía en Baja California un registro de reporteros, columnistas y periodistas asesinados. No se trataba únicamente de presuntos narcos. El caso más sonado fue el del Gato Félix, del semanario Zeta de Tijuana, en 1998.

   A mis 24 años tuve la insólita prudencia de rechazar la adrenalina que te hace tomar un taxi, en plena madrugada, con el fin de sacar la mejor fotografía del nuevo muerto, tumbado por las balas. La experiencia es adictiva. Mi jefe editorial de entonces me había aconsejado que en cuestión de asesinatos evitara ciertos detalles y, en definitiva, no profundizara demasiado al redactar, por mi propia seguridad. Al llegar a La Paz me encontré, después de un tiempo, con aquella violencia de la que había huido. Intenté mirarla como parte de mi trabajo, retomarla como un tema, pero sabiendo que sería sólo por una temporada.

   A como yo miro las cosas, la violencia no parará. Me tocó ver desmoronarse el discurso del exgobernador Narciso Agúndez Montaño (2005-2011), aquel cínico comentario de que «a BCS los narcos sólo vienen a vacacionar». Vi cómo Marcos Covarrubias (2011-2014) reconocía por primera vez que «criminales» se enfrentaban a balazos en La Paz, pero tratando de minimizar ese hecho con posturas como «no le demos la imagen que no merece a BCS». Y, bueno, todos estamos experimentando cómo Carlos Mendoza Davis suministra su «medicina», junto a miles de militares en un presumible intento por frenar la carnicería que tiene nerviosos a los hoteleros y a nosotros mismos.

   El homicidio de Max es un acto brutal para el gremio periodístico, sobre todo para aquellos que a diario contabilizan los cadáveres del genocidio. Esos números que tanto irritan en cuanto más crecen, porque funcionan como insecticida que espanta a los inversores. A estas alturas, da la sensación de que cualquiera puede morir cuando menos lo espere, esté o no relacionado con una forma del narcotráfico. Las amenazas siguen y no es difícil imaginar quién será el siguiente.

   A raíz de la intimidación, directa o indirecta, hacer buen periodismo en BCS se complica cada vez más. Las reservas en la información, la prudencia obligada, son actitudes comprensibles cuando la cantidad de muertos se infla sin concesiones, afectando a los grupos criminales, como si fuese cosa «entre ellos» y afectando también a periodistas, policías, menores de edad, familiares de asesinados y a la tranquilidad general, que debería pertenecernos a todos pero que para nadie está garantizada.

   Con estas palabras que ahora leo quiero hacer un homenaje a los buenos y malos periodistas que a diario tratan de sobrevivir en el espeso ambiente del poder, mientras desde las butacas la gente espera al siguiente reportero para convertirlo en héroe o villano. En una situación como la que vive el estado y todo el país, la autocensura se convierte en un mal necesario, ya no sólo por uno mismo sino por quienes están junto a uno, en este rincón alejado.

La labor del reportero gore

Tunde las teclas y construye un retazo de lo que creemos nuestra realidad y nuestra verdad. Una de las tantas «verdades» que maquilan las redacciones, como parte del ejercicio de poder que la maquinaria imprime todos los días en el cuerpo social. En ocasiones, el tunde teclas es incitado por sus jefes a traspasar las líneas profesionales, con tal de enviar un mensaje al que no pagó el convenio. Con frecuencia se lo llevan entre las patas los políticos, los directores de medios de comunicación, los corporativos transnacionales y el crimen organizado.

   En Dispárenme como a Blancornelas, Daniel Bassave presenta una radiografía del fascinante y deteriorado cosmos de los de abajo, de la cadena trófica reporteril, de los tunde teclas. El tunde teclas es un cuerpo dócil, es otro soldado de Foucault, padeciendo la disciplina de los poderes sobre su cuerpo. El tunde teclas se somete. Si sobrevive dentro de la cañería del poder, puede ser utilizado, transformado y perfeccionado para fines específicos. Hay un control sobre el sujeto que emite los signos y da sentido a miles de individuos que forman la colectividad social; aquellos que buscan orden dentro del caos. Son ellas y ellos quienes reciben el mensaje, resultado de relaciones estratégicas; «el ejercicio del poder consiste en “conducir conductas” y en preparar la probabilidad (Foucault)».

   En caso de no cumplir con las encomiendas implícitas de su ejercicio, son eliminados. Javier Valdez, periodista recientemente asesinado en Culiacán, Sinaloa, afirmó que «los medios de comunicación y los reporteros son desechables: un acuerdo entre la autoridad –municipal, estatal o federal–, las presiones de un grupo político, un candidato o un dirigente de un partido, la extorsión empresarial y del mismo gobierno (…) El resultado siempre es el mismo: medios de comunicación que mueren, periodistas despedidos, comunicadores acusados y exhibidos públicamente. El destierro, siempre el destierro, aunque el reportero se quede a vivir donde siempre» (en entrevista con Wilbert Torre).

   El trabajo del tunde teclas se centra en el duro camino de cazar la nota. Como vemos, su margen de acción es limitado. Un obrero de la información que, en algunos casos, está convencido de tener unos gramos de poder en su bolsillo, del que se atascan los gobernantes en turno. Casta que en ocasiones es amigable, mientras que en otras se convierte en su más feroz ejecutora. Una relación ambivalente por la que transcurre su vida, que se disipa entre el olor a tinta y a ceniceros.

   Tampoco tiene horario. Su profesión y su vida se confunden más allá de una hora de entrada o salida. En los tiempos en que el Internet lo permea todo, el tunde teclas tuvo que adaptarse y trabajar con él. Dejó de presionar tanto botón y comenzó a transmitir la masacre, una masacre característica de la ciudad turística neoliberal. Martin Scarpacci (2015) en su artículo Ciudades estratégicas: entre el extractivismo y el narcotráficoLa violencia en el paradigmático caso de ciudad Rosario, expone la relación entre ciudad-región y región-resto del mundo, y en esta dialéctica señalará «la vinculación existente entre los mercados legales e ilegales de la economía y cómo ésta afecta a la ciudad modificando el espacio donde interactúan las personas con los medios de producción».

   El autor reflexiona sobre cómo el excedente capitalista de ambos negocios «se cristaliza en gran medida en la construcción edilicia o en grandes desarrollos inmobiliarios, pero también a nivel de uso de suelos, expandiendo innecesariamente la frontera urbana, subordinando al territorio y la ciudad a las lógicas especulativas de mercado». ¿Será posible considerar a Los Cabos o La Paz, al igual que Rosario, como enormes lavadoras de capitales?

   Sé que la ciudad turística neoliberal no es el tema central en esta ocasión, pero es ahí donde se entreteje la relación estratégica entre violencia, poder, medios de comunicación y crimen organizado. Es necesario intuir que el reportero se enfrenta a la era del periodismo gore. Los más de 100 ejecutados de octubre lo confirman, ¡y aun no acaba el mes! Los cuerpos desmembrados, las niñas y niños asesinados, las madres sin hijos, las hijas sin padres, las familias destruidas, la sangre seca de las calles, las narcofosas, el miedo.

   Sayak Valencia Triana (2012), utiliza el término «capitalismo gore» para visibilizar «la complejidad del entramado criminal en el contexto mexicano, y sus conexiones con el neoliberalismo exacerbado, la globalización, la construcción binaria del género como performance político y la creación de subjetividades capitalísticas, recolonizadas por la economía y representadas por los criminales y narcotraficantes mexicanos, que dentro de la taxonomía del capitalismo gore reciben el nombre de sujetos endriagos».

   Implicados en las relaciones del capitalismo gore, sobresalen «el derramamiento de sangre explícito e injustificado, el altísimo porcentaje de vísceras y desmembramientos, frecuentemente mezclados con la precarización económica, el crimen organizado, la construcción binaria del género y los usos predatorios de los cuerpos, todo esto por medio de la violencia más explícita como herramienta de “necroempoderamiento”» (Valencia, 2012).

   En este ambiente, el cuerpo humano se convierte en una mercancía necesaria al servicio del sistema económico paralelo. Asalariados criminales que buscan en automático un mejor estatus de vida. Una pequeña dosis de «felicidad». Este asalariado no necesita ser un experto en armas, ni siquiera ser mayor de edad. Requiere de un perfil cuyas características se reparten mayoritariamente entre la pobreza, la invisibilidad de oportunidades contundentes para «salir adelante», la educación cultural (el narco es un ideal) y el deseo de acceder a las recompensas de un sistema consumista que le permitiría gastar como un nuevo rico, aunque sea por un fin de semana, sin importar que sea el próximo en aparecer acribillado.

  El periodismo gore se caracteriza por un fácil acceso a smarthphones, magnificación de la tragedia y el performance de la muerte para sobresaltar las emociones. Con este nuevo elemento en el proceso de comunicación, se exalta la parte obscena del crimen organizado que, no obstante, no deja de reflejar aspectos más de fondo en la política, la economía y la cultura. Mientras tanto, la «narcomáquina» sostiene un diálogo de cadáveres e insensibiliza al espectador. A su vez, el periodismo gore legitima el proceso de «necroempoderamiento» e invisibiliza la precarización social.

  La transmisión en vivo encumbró el terror en nuestra mente. Una normalización y una justificación de la violencia. Manuel Castells (2009) afirma que «las noticias (especialmente las imágenes) pueden actuar como fuente de estímulos equivalente a las experiencias vividas. El odio, la ansiedad, el miedo y la euforia son especialmente estimulantes y también se retienen en la memoria a largo plazo».

  El periodismo gore evita cualquier crítica ética al ejercicio abusivo del poder, venga de donde venga; incluso sortea las estadísticas de reporteros asesinados. Prefiere el show mediático. Sayak Valencia Triana (2012) expuso cómo existe en el capitalismo gore «un entramado fuertemente ligado a los beneficios económicos que reporta tanto su ejecución como su espectacularización y posterior comercialización a través de los medios de comunicación. En el capitalismo gore la violencia se utiliza, al mismo tiempo, como una tecnología de control y como un gag que es también un instrumento político».

   El periodismo gore se escribe con miedo, con un alambre envuelto en el cuello y un cuchillo entre los dientes. Siendo el reportero un aparato desechable, se reducen sus capacidades de negociación o simplemente deja de tenerlas. Ya que es un ser incómodo dentro de la «narcomáquina», es necesario, para el buen funcionamiento de dicha máquina, eliminar las incomodidades. Un plomazo y adiós. Javier Valdez lo sabía bien:

   Las manos del reportero tiemblan, quiere escribir la verdad y la palabra «miedo» se anota sola, desea decir dónde, cuándo, quién, por qué…y la palabra «miedo» escupe burla, angustia, desilusión, olor a sangre o pestilencia de una casa de seguridad; el reportero tiene hijos, esposa, padres, hermanos, pero también tiene sus muertos y una mordaza, sus muertos y hambre y llanto y sed y una punzada en el pecho que le obliga reprimir algunas lágrimas, sabe que no puede escribir, no debe escribir, no siente escribir, no sabe escribir porque «miedo» es su casa, el periódico donde trabaja, la ciudad y el país donde vive, donde se esconde y miserablemente sobrevive, pero aun así le dice al teclado, «ándale, cabrón, no te agüites. Digamos lo que sabemos», pero sólo «miedo» aparece en la pantalla (Valdez, 2016).

   El reportero en el periodismo gore no es una persona, es un tunde teclas. Un sujeto descarnado de sí mismo, con un teléfono inteligente en la mano. Dislocado de su realidad, pero con la capacidad de captar otras realidades más violentas y trasladarlas al espacio virtual del que abrevan los curiosos ciudadanos que alimentan el miedo y la tristeza en sus casas de interés social, al ver la imposición del imperio de la violencia y darse cuenta que el presente y el futuro también están desmembrados.

Texto de Carlos G. Ibarra

Edición: Octavio Escalante

 

 

El tunde teclas y el periodismo gore

#LaCuchara: La renovación democrática desde el municipio libre

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Sandino Gámez

 

En Baja California Sur, como en el resto de México, existe una crisis de credibilidad sobre las instituciones públicas, la clase gobernante, los partidos políticos y la misma idea de la democracia.

  Esta crisis se refleja no sólo en la baja participación ciudadana en los procesos electorales, sino también la indiferencia de los ciudadanos sobre las acciones de gobierno y el estado de salud de las instituciones, las cuales se han deteriorado profundamente en las últimas décadas.

    La misma palabra “política” o “políticos” tiene una connotación comúnmente negativa, al grado de ser asociada directamente con la corrupción, el fraude o el robo de los recursos públicos.

   ¿Cómo recuperar (o generar) la confianza de los ciudadanos en sus instituciones y, en especial, en la política y la democracia?

  En primer lugar, es necesario garantizar que los representantes populares sean verdaderos representantes. En democracia eso sólo se consigue de manera esencial mediante su elección directa, así como sometiendo sus decisiones de mayor influencia social al escrutinio público.

    En México, la Constitución Política federal establece al municipio libre como la base jurídica organizativa territorial de nuestro país. En Baja California Sur, esta estructura básica carece de representación directa de la población en el ayuntamiento, pues el ciudadano sólo tiene acceso a votar por el presidente municipal.

    Los regidores, los integrantes el cuerpo colegiado que compone el cabildo y deciden por votación todos los asuntos de competencia municipal y que afectan de manera más directa al ciudadano, se registran en una fórmula que el ciudadano sólo conoce si da vuelta a la boleta para votar al presidente municipal.

     Así, tanto los regidores electos carecen de relación con el votante como el ciudadano carece de relación con sus supuestos representantes, quienes una vez instalados en el ayuntamiento deciden asuntos de suma gravedad, como la privatización del espacio público, la administración de los servicios públicos, las licencias de alcoholes o la planeación territorial y urbana.

    Una regiduría es el cargo de elección popular que influye de manera más directa e inmediata en el ciudadano, además de ser el primer escalón de un político de carrera. ¿Por qué entonces no tiene una relación directa con los ciudadanos a través del voto?

   Hemos visto en Baja California Sur diversos ayuntamientos cuyos regidores han funcionado más como agentes o empleados de empresas privadas o de grupos de interés privado. Sin embargo, dadas las reglas políticas actuales, han actuado con total impunidad, sin contar siquiera con un castigo político por sus acciones.

      Así, para renovar la cultura política de nuestro estado, dar representación política a los ciudadanos en el nivel más básico de gobierno y comenzar a cultivar la confianza del ciudadano sudcaliforniano la democracia, proponemos dos reformas a la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Baja California Sur:

      Uno. Elección directa por mayoría relativa de los regidores mediante subdistritos, en boleta diferente al presidente municipal, conservando la representación proporcional para las primeras minorías.

      Dos. Revocación o refrendo del mandato a la mitad del periodo de todos los cargos electos por voto popular en el estado y los municipios, con excepción del gobernador. Esto bajo el principio de que el voto ciudadano es un voto de confianza hacia el cargo electo y que, por lo tanto, el ciudadano debe poder retirarlo en el momento en que la ha perdido.

     ¿Quién puede estar en contra de estas propuestas para renovar la cultura política de Baja California Sur?

  Por supuesto: una parte importante de las cúpulas partidistas (de todas las denominaciones) y los grupos de poder fáctico, político o económico. Lo común es que las regidurías se utilicen como mercancía de cambio para obtener apoyos políticos o económicos.

  La revocación o refrendo de mandato es impensable que vaya a ser aceptada con docilidad también desde las cúpulas de los partidos políticos o grupos dominantes: existe la plena certeza en ellos de que el ciudadano debe aceptar que su participación se reduce a ir a votar cada tres años por quienes ellos han decidido que elija.

   Así se expresa también esta clase política y gobernante en el sentido de que es una “regla de la democracia representativa” que los cargos electos no tienen por qué cumplir sus promesas de campaña ni preguntar a sus representados en los asuntos que les atañen.

   Sin embargo, en Baja California Sur las propuestas de elección por voto directo de los regidores y la revocación o refrendo de mandato son factibles de llevarse a cabo mediante iniciativas ciudadanas gracias a los mecanismos establecidos por una nueva Ley de Participación Ciudadana de Baja California Sur recién promulgada.

  Ésta indica que si 1.5 por ciento de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral estatal manifiestan por escrito su apoyo a estas iniciativas, el Congreso del Estado las debe recibir y discutir en su pleno. También la referida ley contiene los mecanismos de plebiscito para la promulgación de leyes o cambios constitucionales, de tal manera que incluso si los diputados estatales se resisten a aplicar estas herramientas tan naturales en una democracia los ciudadanos pueden obligar a su instauración, también, por la vía del voto.

   Ninguna de estas medidas es de aplicación sencilla dadas las costumbres, los vicios y la negativa expresa de las cúpulas partidistas, la mayoría de los políticos en cargos electos y, particularmente, los gobernantes actuales de Baja California Sur, pues son renuentes a abandonar el monopolio del poder público.

   Pero los ciudadanos sudcalifornianos tienen que considerar, especialmente en la crisis actual que vive su estado, si están dispuestos a quedarse cruzados de brazos viendo el deterioro o la destrucción completa de sus instituciones de gobierno, los servicios públicos y la credibilidad de la democracia electoral.

   Aquí conviene que el ciudadano sudcaliforniano recuerde las palabras del sabio Hillel, aunque hayan sido acuñadas hace dos mil años en el distante país de Palestina: “Si no somos nosotros, ¿quién? Y si no es ahora, ¿cuándo?

 

sandinogamez@gmail.com

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