Nosotros los sospechosos

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@cachobanzi

‘Después de las 02:00 de la mañana todos somos sospechosos’, pienso mientras observo dos unidades de los militares que circulan con lentitud sin quitarnos los ojos de encima. Hacemos alto en la Serdán y los soldados conducen por la calle Santos Degollado. Sin más, continuo derecho. Doblo a la izquierda por la Nayarit y esquivo cada uno de los boquetes del asfalto. Avanzo unas tres cuadras a poca velocidad.

  • “Siempre es un desmadre esta calle”, dice ella.

Iba a escupir mi queja sobre la jodidez urbana en la que vivimos, pero me la trago cuando el sonido de una torreta se interpuso entre nuestra plática y la canción de The Cure. No hay destellos de la sirena y por el retrovisor lo único que rebota es una luz blanquísima de un pick up gris que se acerca en chinga. Nos rebasa y, como si intentara bloquearme, se mete a mi carril. Da vuelta en ‘u’ y tapa mi ruta. Veo la lenta maniobra con bastante incredulidad. Con las manos aferradas al volante, por un instante, creo ingenuamente que van atender un reporte. Digo, son las valientes fuerzas armadas. A mi lado izquierdo se acomoda otra unidad de la que baja un morro moreno de unos veintitantos años con uniforme de camuflaje en tonos cafés, un rifle automático negro y esa pinche mirada de ‘tengo muchos huevos’, pero no nos apunta con el arma.

  • “¡Frena!”, dice ella.

El cabo hizo lo que sabe hacer: esperar órdenes. Ella hizo lo que sabe hacer: cuestionar. Lo increpa y así puedo quitarme de encima los ojos del uniformado. Ella le exige que explique el por qué de tan intrépida acción contra dos treintañeros de clase media que para sobrevivir la semana, se refugian por las noches, de vez en vez, con otros como ellos en algún buen lugar. El soldado deja de verla. Como si pidiera ayuda silenciosa, voltea a ver a su superior: otro morro con chaqueta caqui y en lugar de casco trae una gorra que le distingue de los otros.

  • “¿Por qué nos paran? ¿Qué hicimos?”, pregunta de nuevo.

La neta no pude distinguir qué grado tenía el jefe de ellos, porque detuvo su marcha antes de llegar a la ventana y le dice que no con la cabeza al soldado.

  • “Buscamos un carro armado; perdón”, contesta tajante el joven teniente o comandante.

Y nosotros, los sospechosos, en automático volvimos a ser una de las tantas parejas que circulan en la madrugada de La Paz moderna.

 

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Nosotros los sospechosos

#Gonzolador: Las ignoradas presas de jales de Santa Rosalía

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Rafael Murúa Manríquez

Una presa de jales con residuos tóxicos en Santa Rosalía permanece estoica ante la apatía de servidores públicos, sociedad civil y ambientalistas.

Tenía una hermanita feliz en ese inmenso paisaje coronado por vestigios industriales, pero el arroyo se la llevó al mar con su pesada esencia.

Los buzos cuentan que ese desemboque asemeja el fin del mundo en su imaginación, una estela de muerte tras el torrente inerte dejó en el mar que tocó. Costa negra sin luz ni vida como muestra del inframundo marino en el acuario del mundo.

Producto de un programa piloto en nuestro país el par de presas de jales que hoy se encuentran en desuso fueron responsabilidad de la LPF (Lixiviación, Precipitación y Flotación) y hoy son problema de todos los cachanos y sudcalifornianos.

Escuché de Susana Pacara, Comunicadora Quechua, del estado minero boliviano de Potosí, que las empresas mineras se llevaban en tren el mineral de su tierra, y cuando se acabaron el mineral se llevaron hasta el tren.

No hay una empresa que se resista a que se le dé el adecuado y cuidadoso trato a las toneladas de tierra contaminada que cohabitan Santa Rosalía en el paso de un arroyo colindante al Golfo de California.

Sin duda hay una alta concentración de metales pesados en los sedimentos de las costas de Santa Rosalía y debemos de tener especial cuidado con los residuos de la actividad minera, pero no solo de la que se encuentra activa.

Una de las presas de jales ya fue absorbida por la naturaleza, sin embargo todavía podemos librarnos de una. Es una tarea colosal, lo entiendo, más para eso tenemos un aparato gubernamental de las mismas proporciones que se debe de encargar de la protección de todos.

Espero demuestren con acciones de este tipo la preocupación por el pueblo que nos venden con fotos de entregas de despensas, desfajados, sin zapatos, ni maquillaje, con cachuchas que cubren el impecable corte de cabello más caro que el apoyo alimentario que pregonan. Ojalá.

Rafael Murúa Manríquez director de RadioKasha.

#Gonzolador: Las ignoradas presas de jales de Santa Rosalía

¿Es el cambio climático un asunto de género?

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Carlos Mancilla

 

Los últimos días han sido ‘’históricos’’ en cuanto a los efectos de fenómenos naturales en varias partes del hemisferio, particularmente en Latinoamérica donde hace exactamente una semana, Baja California Sur y los estados vecinos, sufrirían el embate de la depresión tropical Lidia. Tras su paso, trascendió en redes sociales que en Baja California Sur no se registraban lluvias tan fuertes desde 1933 (con información de CONAGUA). Del lado del Atlántico y en la zona de las islas del Caribe llegaron noticias aún más estremecedoras. La fuerza del huracán Irma (categoría 5 según la escala de viento Saffir-Simpson) azotó con potencia destructiva varias islas del Caribe. Tan solo en Antigua y Barbuda, su primer ministro Gaston Browne anunció que ‘’el 90% de la estructuras se encontraban destruidas […]’’ y que Irma ‘’fácilmente ha sido el huracán más fuerte en golpear el Caribe [..]’’, dichas declaraciones, 10 horas después de que el país perdió comunicaciones con el resto del mundo.

En un vistazo rápido a las recientes catástrofes por fenómenos naturales, es cada vez más común leer ‘’el huracán más fuerte’’, ‘’la lluvia más fuerte’’, ‘’el tifón más letal’’, ‘’la sequía más dura’’ dentro de los principales encabezados de periódicos internacionales. Y aunque Trump, mucho antes de llegar a la presidencia dio el carpetazo para dar por clausurado de una vez por todas el debate sobre el Cambio Climático (el mismo presidente que recientemente durante el eclipse de sol, volteó hacia el cielo sin ningún tipo de protección en los ojos) resulta evidente y necesario repensar todos los diálogos sobre el Cambio Climático en calidad de urgencia, prioridad y, que de una vez por todas, pueda plantearse desde un discurso ecofeminista cada vez más contundente y que nos viene a mostrar ‘’el otro lado de la moneda’’, sobre todo, cuando los datos de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos revelan que el 70% de las personas pobres del mundo son mujeres. La perspectiva de género en el debate del Cambio Climático esta todavía ausente en gran parte de la epistemología que se genera en cuanto al tema.

Cuando hablamos de desastres naturales, rara vez nos detenemos a pensar en el género como un factor determinante de cómo me va a afectar a mí un desastre natural, dependiendo de dónde estoy situado, si soy hombre o mujer, en qué país vivo y cuáles son las estructuras y roles de género que predominan en dicho lugar. El caso de los países del Sur es alarmante, el Cambio Climático aunado a la llamada Ética del Cuidado, en la que las mujeres están destinadas a una serie de atribuciones como el cuidado del hogar, de los hijos, en donde existe una dinámica de agricultura de subsistencia en la que ya es imposible cosechar para vivir debido al embate del clima, las sequías, la destrucción del medio ambiente que colocan a las mujeres en una vida precaria, donde por un lado hay que trabajar la tierra –y nunca llegar a ser ellas las titulares de la tierra-, educar y cuidar a los hijos, proporcionar agua –además de difícil acceso en países del Sur- y, todavía, enfrentarse a la violencia de género todos los días.

De acuerdo a estudios realizados por la Organización de las Naciones Unidas, en el 2008, ‘’las mujeres y los niños/as tienen 14 veces más posibilidades de morir durante una emergencia o desastre que los hombres’’. En ese sentido, se informa que ‘’las mujeres y las niñas asumen también la principal carga de la recolección de agua en los países en desarrollo. De hecho, un análisis de 25 países de África subsahariana reveló que el 71% de quienes recolectan agua en la región son mujeres y niñas, y en un solo día las mujeres gastan colectivamente alrededor de 16 millones de horas en buscar agua (los hombres, 6 millones)’’. ¿Es el Cambio Climático un asunto de género? No nos queda ninguna duda que la respuesta es sí.

En mayo del año pasado, se llevó a cabo en Dinamarca el foro Women Deliver en donde se discutió sobre salud, derechos de las mujeres y, por supuesto, Cambio Climático. Allí, una joven activista procedente de las islas Fiji comentó que en su país transcurren “seis meses al año combatiendo ciclones y otros seis preguntándose cómo conseguir agua corriente”. Las estadísticas y los saberes que se compartieron en dicho foro, de mujeres de todo el mundo que hacen frente al Cambio Climático fueron tan estremecedoras como reveladoras, concluyendo en que no se puede separar el debate del clima del debate sobre el desarrollo ni seguir abordando dichos temas sin una visión desde el género.

El feminismo ha denunciado largamente las dinámicas del patriarcado –sublimado en el capitalismo–  en donde a las mujeres son vistas a partir de la dualidad naturaleza-cultura, es decir, el mundo natural y la ética del cuidado –que se traducen en relaciones jerárquicas de poder– mientras que a los hombres se nos asocia con la civilización: el dominio. De ahí que los hombres históricamente hayan tenido más presencia en el arte, la filosofía, la ciencia y que un grupo goce más privilegios sociales, económicos y políticos. De la lucha feminista y de la ecologista, ha surgido desde hace varios años una corriente alternativa (pero no separada) del feminismo: el ecofeminismo. En palabras de Beatriz Gimeno (2011):

El ecofeminismo ha […] ha señalado que en el orden simbólico patriarcal la dominación de la naturaleza y de las mujeres están conectadas; el ecofeminismo considera que la dominación y explotación de las mujeres y la dominación y explotación de la naturaleza tienen un origen común: una visión androcéntrica de la vida en la que el varón busca dominar el mundo (y las mujeres son parte de ese mundo) y en la que éste construye su subjetividad y construye la sociedad a partir del dominio de ambas”. 

Baja California Sur y la absurda lógica de la clase política

La lectura que puede hacerse sobre el Cambio Climático en nuestro estado es claramente distinta. Pero ¿qué tan distinta y qué otras lecturas pueden hacerse en cuanto al género y el clima? Podríamos hablar sobre bioética, poca responsabilidad a la hora de planear los modelos de urbanización (edificio colapsado durante el paso de la tormenta Lidia en la Colonia Chulavista en Los Cabos, asentamientos de alto riesgo en arroyos y un largo etétera). La rapiña (el trending topic de los chubascos sudcalifornianos), la indiferencia de las autoridades que, por un lado, censuran a los medios de comunicación de informar sobre la tormenta, pero por otro no informan a la ciudadanía sobre los costes del paso de Lidia, los fallecimientos, entre otras cosas. Además la incompetencia para vigilar establecimientos y salvaguardar a la población. Todo esto conforma la absurda lógica de la clase política de Baja California Sur; y me gustaría terminar este breve resumen sobre lo que a mi modo de ver, podría llegar a enriquecer los debates sobre el Cambio Climático si comenzamos a visibilizar que también es un problema de género, con una fotografía del diputado federal Ernesto Ibarra Montoya (Partido Acción Nacional) donde fue captado muy sonriente haciendo de entrega de un bote de leche Nido y un paquete de pantimedias a una damnificada en Los Cabos tras el paso de Lidia.

El nivel de nefastez, de poco sentido común y de sexismo que refleja esta fotografía me produce nauseas. Por un lado, el señor diputado que llega a la zona de desastre a ‘’ayudar’’, uno pensaría en otro clase de víveres (de primera necesidad, la leche en polvo podría serlo en caso de que la mamá no produjera leche materna por x o y razón, pero las pantimedias no, bajo ninguna circunstancia)- aunado a lo que su figura representa (el Estado) en la sociedad, y sin caer en paternalismos absurdos, estamos ante una clase política que considera que es de primera necesidad obsequiarle a una mujer un par de pantimedias después de un desastre natural, porque en su lógica patriarcal es esa su función como mujer: servir en el hogar, cuidar a los hijos y verse ‘’atractiva’’ y  nada más.

Para terminar, me gustaría añadir que cualquier lectura desde el género e interseccional a los debates del cambio climático son igual de valiosas que las que pueden tenerse en grandes congresos y foros internacionales. Nunca antes en la historia habíamos enfrentado la furia del clima como lo hacemos ahora. La Madre Natura nos está diciendo algo, ¿cuál será el mensaje? Y todas las preguntas que nos caen encima como lluvia de ciclón. El entendimiento del progreso desde la dinámica capitalista/patriarcal se demuestra todos los días como insostenible. El futuro del planeta entero está destinado a ser zona de desastre bajo esta lógica, y no nos queda más que apelar a nuevos modelos de subsistencia que nos hagan voltear –forzosamente– al suelo, la tierra, los mares, los ríos, las montañas y los cielos. Esta vez más amables con ellos, desde la equidad y el reparto justo de la ética del cuidado entre hombres  y mujeres.

¿Es el cambio climático un asunto de género?

#LaCuchara: El poder acaba

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Sandino Gámez

I

Ante la conciencia de la muerte física individual, los seres humanos crearon comunidades que trascienden generaciones. La pertenencia a un cuerpo social hace al individuo más seguro.

Desde la aldea hasta la megalópolis la aglomeración humana produjo instituciones sociales y generó derechos individuales y colectivos, naturales e inalienables.

Paradójicamente, la modernidad urbana trajo también una tendencia a la individualidad arrogante, en la que el individuo considera que puede ser autónomo del resto o del conjunto.

Ha sido un triunfo social la gran extensión de los servicios públicos considerados hoy indispensables: agua hasta el grifo de la propia casa de cada uno, drenaje y retiro de desechos sólidos a domicilio, electricidad en las paredes y alimento diverso y constante (siempre que pueda pagarse, como todos los servicios) a pocas decenas o cientos de metros.

La cercanía de otros servicios sociales extremadamente complejos, como los que otorgan las instituciones de salud y educación, es otro triunfo de nuestras comunidades, y la mayor prestación de las grandes ciudades.

Como la mayoría de los mexicanos, los sudcalifornianos somos urbanos en gran medida. Pero tenemos raíces o familiares (numerosas familias) en las comunidades rurales. Más de mil comunidades con menos de cien personas es la estadística oficial para Baja California Sur.

En rigor sólo tenemos dos grandes ciudades en este tiempo de 2017: la ciudad capital y la ciudad bipolar, austral, de San José del Cabo-Cabo San Lucas. Sólo dos ciudades con más de cien mil habitantes.

Pero somos un solo pueblo.

 

II

La libertad de movimiento es un derecho básico. Como todos los derechos debe ser universal (para todas las personas físicas) para que sea un verdadero derecho. De otra manera sería un privilegio con exclusión de quienes no lo poseen.

Durante generaciones en Baja California Sur estuvo garantizado el acceso libre al territorio y los litorales. Esto comenzó a cambiar a partir de los años 1990. Grandes porciones del territorio sudcaliforniano fueron afectadas para impedir el paso a la población sudcaliforniana hacia los litorales, particularmente las playas. El proceso se ha hecho más evidente en el municipio de Los Cabos, pero no hay uno solo de los otros cuatro (Mulegé, Loreto, Comondú, La Paz) que no presente esta manifiesta privatización de los litorales.

Debe de saberse que cuando en Los Cabos o en otra parte de Baja California Sur se cierran o limitan los accesos a las playas para favorecer el uso exclusivo por parte de los clientes de los propietarios de los predios colindantes a la zona federal marítimo terrestre hay una afrenta muy grave a los mexicanos, visitantes o habitantes de la localidad.

La ilegalidad e ilegitimidad de esta acción es evidente. Es una acción que se basa en el uso de la fuerza. ¿Es extraño que esto genere una legítima respuesta activa? ¿A quién le gusta que lo encierren? ¿Acaso al cerrar el acceso a los litorales o a grandes partes del territorio no es una limitación de derecho constitucional de los mexicanos al libre tránsito?

Quien se queje de manifestaciones sociales que impiden el paso de vehículos (pero no de personas), debería prestar atención en Baja California Sur a lo que simboliza y genera la privatización de facto de las playas.

 

III

Cuando en las zonas de recarga de los acuíferos sudcalifornianos o en sus litorales se proyectan o realizan enormes minas a cielo abierto o infames minas submarinas, se violenta el derecho de todos a la salud, al medio ambiente sano, y por lo mismo a la vida. Sólo por la obtención de ganancias monetarias para unos particulares. ¿Cómo no estar activamente en contra?

 

IV

Pero han sido los asesinatos recientes en los pueblos y ciudades de Baja California Sur lo que más nos ha conmovido como sociedad.

Esta violencia del crimen organizado no es un fenómeno nuevo: nuestro país se desangra desde hace cuatro décadas. Las instituciones públicas hacen agua mientras fluyen inmensas cantidades de recursos económicos hacia ellas que se pierden en el laberinto de la corrupción de los gobernantes, altos funcionarios, legisladores y jueces.

Tiene razón el subsecretario de Seguridad Pública de Baja California Sur cuando dice que “el cincuenta por ciento de la corrupción se encuentra en el ciudadano” y la parte restante en “las instituciones”. Pero debería haber precisado que esto sólo se refiere al ciudadano con influencias y el poder para corromper a la persona correspondiente que se encuentra supuestamente trabajando para el servicio público en las instituciones.

Entendemos que el gobernador sudcaliforniano y su gabinete consideren que nada pueden hacer ante una circunstancia que los rebasa con mucho, pues tiene causas internacionales.

El gobernador Mendoza dice: “Baja California Sur es zona de tránsito (del trasiego de drogas ilegales) a Estados Unidos”. Los criminales se disputan “la plaza”. “La violencia es la normal que ocurre lejos de las zonas turísticas, en los barrios populares.” “Pediremos más presencia armada federal.” En estas declaraciones recientes el gobernador ha conseguido hacer manifiesta su falta de poder (que no de deseo) para acabar con los asesinatos provocados por el crimen organizado en las calles de las principales ciudades del estado.

“Seguiremos trabajando” es el mántram de sus delegados para la seguridad pública y la procuración de justicia. Entendemos que seguirán trabajando, porque no serán sustituidos. Pero continuarán también los horrores que vemos a diario.

No es un asunto de percepción. Es una realidad que cada vez más sudcalifornianos comenzamos a temer que Baja California Sur se convierta en Tamaulipas o Veracruz. En Sonora, Sinaloa o Chihuahua. En el México que el padre Solalinde llamó el país de las fosas de cadáveres. El país de las desapariciones, el miedo y las fosas clandestinas ya ha llegado a nuestra media península.

 

V

Nadie debe ser privado de su vida.

A la sombra de la muerte de muy buenas personas, muy buenos ciudadanos, niños, mujeres y jóvenes (sobre todo jóvenes) es obligado decir que todas las víctimas merecen justicia. El peor de los asesinos debe ser juzgado sin clemencia, respetando su integridad mental y física y su vida.

La justicia es para las familias de los fallecidos y para toda nuestra comunidad. Un día podremos (debemos) reparar este enorme daño que se ha provocado socialmente a las familias de las personas asesinadas. Es una desgracia que aún haya quien diga que hay una razón para la muerte de las víctimas, haciendo con su expresión una marca de culpabilidad en ella, culpabilidad irracional que mancha también a las familias de los fallecidos. Quien hace esto es un cobarde, pues coloca a los asesinos intelectuales o materiales como anónimas fuerzas del destino, y los exculpa. Cobardes son quienes culpan a las víctimas y por extensión a sus familias.

Nosotros no creemos que las causas de la violencia y muerte que hay a diario en nuestras ciudades provengan del pueblo sudcaliforniano.

Nuestras familias siguen reuniéndose con frecuencia y seguimos visitando los espacios públicos de nuestras comunidades. Intentamos seguir con nuestra vida cotidiana. No lo hacemos por evasión. Todo lo contrario. Lo hacemos con el deseo en el corazón de que nuestra realidad, la normalidad, la tranquilidad social de nuestra tierra se mantenga con este uso que le damos.

Sabemos de primera mano que la sudcaliforniana es una historia de resiliencia y resistencia en los momentos difíciles. Ha sido hecha por mujeres y hombres con amor, capacidad, valor, humanidad, humildad e inteligencia. Esto no es demagogia. Su condición peninsular ha creado en el pueblo sudcaliforniano un sentido de pertenencia y comunidad naturales.

¿Quién sino los sudcalifornianos, con ayuda de patriotas venidos más allá del mar, enfrentaron y vencieron todas las amenazas y violencia que vivió esta parte de México en el siglo XIX? ¿Quién sino los sudcalifornianos con su continua exigencia consiguieron el autogobierno político para los habitantes de esta tierra?

¿Quién sino los sudcalifornianos van a conseguir que Baja California Sur deje de ser esta pesadilla de muerte y violencia cotidiana que va acercándose cada vez más a nuestras familias, que deprime cada vez más a nuestra juventud al presentar un horizonte sombrío a sus vidas, que desacredita a las instituciones de gobierno y hace inverosímil el Estado de derecho?

VI

Nosotros creemos en las instituciones públicas. También creemos en el servicio público. Creemos que la política es el arte de vivir en comunidad y que los políticos deben ser ciudadanos responsables y obligados hacia sus vecinos.

Estamos en el tiempo adecuado para volver a constituir las instituciones sudcalifornianas, el servicio público y la política estatal y municipal.

Ahora bien, no se trata de individuos o “nombres”. Sino de colectivos y programas políticos.

 
VII

¿Dónde están las propuestas específicas para Baja California Sur de los actores políticos sudcalifornianos? ¿Cómo se reunirán en torno a ellas los ciudadanos?

 

 

#LaCuchara: El poder acaba

#Gonzolador: Candidatos Independientes: ¿Un posible caballo de Troya de la Partidocracia?

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Rafael Murúa Manríquez

Cambiar de gobierno es mucho más que elegir a un político de un partido distinto al que gobierna. Hay otros significados y formas.

El activismo y la sociedad civil han logrado el reconocimiento social como figuras democráticas trascendentales en nuestro país y ya alcanzaron la realidad de Baja California Sur.

Basta el ejemplo de la equidad de género obligada para las candidaturas de los partidos políticos y las candidaturas independientes son una alternativa a la perpetua partidocracia.

Recientemente vimos a los políticos obsoletos imponer a sus esposas en sus candidaturas para simular la equidad de género al interior de un partido. Pronto los veremos imponer a sus sobrinos o hijas para disimular independencia partidista.

Los movimientos sociales ambientales consiguieron más en BCS defendiendo la ecología local, que lo que ha hecho en todo el país el partido que se dice ser ecologista; sin embargo, son ellos los que tienen representación en el Congreso del Estado, en el Cabildo, en SEMARNAT y sus comisiones.

Los movimientos ambientales sudcalifornianos han tenido éxito, pero están condenados a seguir resistiendo, porque la lógica capitalista comercial mueve a funcionarios y empresarios.

Mientras se amenace a la naturaleza, el agua, la vida: habrá resistencia. Pensemos en que desde lo local se puede evitar la amenaza. Mi intención es invitar a reflexionar sobre la urgencia de seguir apoyando las causas mientras combatimos sus orígenes.

Está demostrado que podemos pasar 100 años desde la sociedad civil haciendo lo que le corresponde al gobierno, incidiendo para que no haga lo que no tiene que hacer, y protestando por todo lo que hace. Podemos también hacer gobierno.

Si no buscamos en los partidos políticos encontraremos a nuestros candidatos o lo haremos con los independientes y seguir en el eterno simulacro llamado sistema político mexicano.

Rafael Murúa Manríquez es director de RadioKashana.

#Gonzolador: Candidatos Independientes: ¿Un posible caballo de Troya de la Partidocracia?

#LosCabos: Después de la tormenta, vienen los bisnes

Cochi

@cachobanzi

San José del Cabo y, en particular Cabo San Lucas, las construyeron en el lugar perfecto. La punta de la península tiene las condiciones ideales para el desastre natural perfecto para una urbe en el que los capitales viajan de lugares desconocidos. Las cruzan varios arroyos y ambas ciudades las destruye el vendaval, pero las rehace el capital a su antojo gracias al tránsito libre de dinero. Sin duda, el agua de la lluvia ayuda a lavar mucho más que las banquetas.

Las tormentas o huracanes no son un riesgo financiero para aquellos que urgen de deshacerse de volúmenes gigantescos de efectivo. Aquel inversor agresivo que pone su dinero en un fondo de inversión de alto riesgo, es decir, el interesado está dispuesto a ganar sin importar nada para obtener una alta rentabilidad en el menor tiempo posible. No sucede así para quienes pagaron una elevada prima de un seguro ante desastres naturales, porque sus inversiones son a mediano o largo plazo. Algunas empresas hoteleras o inmobiliarias a veces no ganan, pero sí las aseguradoras. Ya pasó una vez con el huracán Odile que hizo pedazos los edificios de endeble tablaroca.

No olvidemos a los grandes bancos mundiales que están listos a incentivar a los gobiernos latinoamericanos para crear un Fondo de Seguros para Desastres Naturales, con préstamos a 25 años con una tasa de interés que fija el British Bankers´ Association (BBA), con la finalidad de “reducir su vulnerabilidad fiscal frente a las catástrofes” (BID, 2011). Tampoco el codiciado Fondo Nacional contra Desastres (Fonden) que otorgan cuando se decreta zona de desastre.

En fin, podría seguir enlistando las formas de sacarle jugo a un desastre natural, pero es preciso señalar las serias irregularidades en el desarrollo urbano de las ciudades de Los Cabos que terminan con la vida de quienes las viven los 360 días año. En el caso de Homex construyó fraccionamientos que se vinieron abajo a causa de un arroyo en Chula Vista y Puerto Nuevo, son un claro ejemplo de cómo el sector turístico–inmobiliario están ligados. Al concretarse la venta, la desarrolladora se deslinda de lo que pueda sucederle a las personas que con sacrificio pagaron un crédito. Se levantan cada mañana para viajar a la ciudad en la que por unos cuantos pesos van a servir a los miles de turistas que llegan.

Las ciudades de Los Cabos reproducen la desigualdad pese a los millones de dólares que mueven. El negocio por encima de la vida. Al territorio lo trastocan hombres de cuello blanco muchas veces representados por mexicanos que intentan imponer una nueva territorialización mercantil que genera la expulsión de familias que no pueden rentar o comprar una casa cerca de sus lugares de empleo. Tienen que conformarse con sobrevivir en una zona de alto riesgo. El mismo presidente Enrique Peña Nieto explicó la razón: la alta plusvalía del destino turístico.

 “Lidia” dejó tras de sí la cadena de corruptelas que hay detrás de la construcción de una casa, la venta de un terreno o la edificación de hoteles en áreas de peligro. Reveló la frialdad con las que ciertos personajes ganan carretonadas de billetes. Desde lo local hasta las más altas esferas. Funcionarios públicos que son beneficiados por el poder económico, se convierten en empleados de grandes corporativos y olvidan su principal tarea que es la del estado: mejorar las condiciones de los habitantes. En cambio magnifican la vulnerabilidad de la ciudad ante desastres naturales en espera de un nuevo bisnes en la reconstrucción de un puente o el desarrollo de un nuevo bordo para desviar el arroyo y vender más terrenos.

#LosCabos: Después de la tormenta, vienen los bisnes

Y sin embargo intentamos dominar la naturaleza

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Bernardo Martinez – Cabo Wedding Photography
¡Oh desecadores de lagos, taladores de bosques! ¡Cercenadores de pulmones, rompedores de espejos mágicos! Y cuando las montañas de andesita se vengan abajo, en el derrumbe paulatino del circo que nos guarece y ampara, veréis cómo, sorbido en el negro embudo giratorio, tromba de basura, nuestro mismo valle desaparece. Cansado el desierto de la injuria de las ciudades; cansado de la planta humana, que urbaniza por donde pasa, apretado el polvo contra el suelo; cansado de esperar por siglos de siglos, he aquí: arroja contra las graciosas flores de piedra, contra las moradas y las calles, contra los jardines y las torres, las nefastas caballerías de Atila, la ligera tropa salvaje de grises y amarillas pesuñas. Venganza y venganza del polvo…” Alfonso Reyes, Palinodia del polvo, 1940.

Roberto E. Galindo Domínguez

La soberbia humana es evidenciada con cada fenómeno de la naturaleza, soberbía mía, nuestra, la de todos; pues la madre natura nos enseña que este planeta no es nuestro y que ella es la única dueña. Ya lo escribió Alfonso Reyes sobre nosotros los mexicanos y nuestros ancestros, y la humanidad, lo que nos emparenta es: “…la comunidad del esfuerzo por domeñar nuestra naturaleza brava y fragosa; esfuerzo que es la base bruta de la historia.” (Reyes, Visión de Anahuác [1519], 1915); y muchas veces es la base de las grandes tragedias de esa historia. La naturaleza es ingobernable, pero los hombres nos empeñamos en confinarla e intentar hacerla retroceder, aun sabiéndonos las insignificantes hormigas que somos ante la fuerza creadora y transformadora de la Tierra.

            No es sólo nuestra soberbia como humanidad la que es expuesta por terremotos, huracanes y tormentosas lluvias; también es la incompetencia de las autoridades o la excesiva competencia que ellos se confieren cuando se trata de conceder permisos de usos de suelo y para edificaciones en zonas de riesgo. Incompetencia que la mayoría de las veces no es ingenua y obedece a corrupción, ambición y demás factores económicos y políticos sobre los que se basan el comportamiento y aspiraciones de la mayoría de las autoridades de este país.

            En Baja California Sur con cada fenómeno meteorológico se ponen en riesgo las vidas y el patrimonio de los sudcalifornianos y ¿qué se le va a hacer?, si como dice Cristina Pacheco: “Aquí nos toco vivir”. Entonces viene el escupitajo al sentido común y el elogio a la estupidez cuando se edifican asentamientos humanos en causes de avenidas líquidas naturales, cuando se erigen hoteles a la orilla del mar creando barreras para evitar el deslave que les gusta hacer a las mareas con sus olas, cuando se otorgan permisos de contrucción en las laderas de los cerros. ¿Se les olvida a las autoridades la fragilidad y la diminutez humana ante la fuerza de la naturaleza?, pero aun así en Sudcalifornia cada temporada de lluvias y huracanes en que se dan precipitaciones “atípicas” suceden pérdidas económicas y desgracias humanas. Hemos visto hoteles barridos por la fuerza del mar y edificios arrasados por las crecientes de arroyos de temporal en Los Cabos, arroyos convertidos en violentos ríos enguyendo autos y personas en La Paz, y vados furiosos y anegados en cualquier parte, donde las autoridades no se han decidido a poner un puente enérgico y seguro que le permita al ciudadano sortear los vendavales líquidos sin peligro.

            No hay infraestructura infalible, pero sería de sentido común privilegiar la seguridad del ciudadano en los puntos de cruce que se vuelven pasos de muerte cada lluvia “excesiva” –las lluvias son lo que son–; sentido común que no hay en erigir un hotel con los cimientos en el mar y sobre el manglar, bloqueando la salida natural del vital y mortifero elixir en Punta Lobos, Todos Santos. Sentido descomunal por monstruoso es pretender ganarle terreno al mar en un malecón paceño que no necesita más que mantenimiento y limpieza. Sería de sentido común no erigir una presa de jales en la Sierra de la Laguna, donde las tormentas diluvio serán cada vez más típicas. ¡Pero no, la soberbia y la incompetencia política nos hacen soportar elefantes blancos que naufrgarán con los primeros truenos de la madre naturaleza cuando reclame su lugar!; y entonces habrá tragedias y morirá gente, y sin embargo seguiremos intentando domeñar a la naturaleza.

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en ciencias, arqueólogo, buzo profesional, literato, diseñador gráfico. Cursa la maestría en apreciación y creación literaria en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente.

 

Y sin embargo intentamos dominar la naturaleza