Partido Verde y PRI al servicio de la industria minera

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@cachobanzi

El Partido Verde y el Partido Revolucionario Institucional siguen con el proceso de desmantelamiento de lo poco que queda de las instituciones ambientales. Ambos partidos políticos están listos para dar un nuevo golpe: la Ley General de Biodiversidad.

Los diputados federales ‘discutirán’, en la Cámara de Diputados, la legislación que en el Senado de la República ya fue votada. Ninfa Salinas del Partido Verde e hija de Ricardo Salinas Pliego, presentó la iniciativa que por supuesto beneficia al Grupo Salinas.

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En esta política descarada, los negocios van por encima de la sociedad. El PRI y el Verde son los publirrelacionistas de los grandes intereses económicos sobre la ciudadanía. Esto también lo vemos en el PAN e, incluso, en Morena. Unos dirán: ‘así es la política’. Lamentablemente, en esta política de amigos, tienen razón.

La Coalición Ciudadana ante la Ley General de Biodiversidad denunció que la Ley General de Biodiversidad abrogará la Ley General de Vida Silvestre y reformará la Ley General del Equilibrio Ecológico Protección al Ambiente (GEEPA). Así como Salinas la quiso, así saldrá: “Sin opiniones de las Comisiones de Cambio Climático y Asuntos Indígenas, sin consulta, y sin considerar a los pueblos indígenas y a la sociedad en general”.

Las organizaciones de la sociedad civil coinciden en que la ley es “violatoria de derechos humanos y al servicio de intereses privados; industria minera, energética, biotecnológica y farmacéutica las más favorecidas. Habilita el despojo a los pueblos indígenas y comunidades campesinas. Pone en riesgo Áreas Naturales Protegidas y especies prioritarias para la nación”.

Grupo Salinas, fundado por Ricardo Salinas Pliego (dueño de TV Azteca), tiene varios proyectos de minería a cielo abierto en Chiapas (gobernado por el Partido Verde) donde por lo menos 22 concesiones mineras están en poder de prestanombres del empresario, según Otros Mundos Chiapas.

En Baja California Sur, Grupo Invecture de Salinas Pliego posee una concesión en la Reserva de la Biosfera Sierra La Laguna, una de las áreas de recarga de la península y con el único bosque de encino de la entidad.

¿A quiénes representan los políticos?

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Partido Verde y PRI al servicio de la industria minera

El tunde teclas y el periodismo gore

Diario

@cachobanzi

Regresé a BCS porque me dijeron que acá no mataban periodistas. Pero las cosas cambian. Antes amansaban a cualquiera con un convenio gordo y cómodo. No había amenazas. Había cómplices. ¿Para qué usar el plomo? Se trataba, más bien, de que todo quedara entre «amigos». El círculo rojo y el periodismo objetivo: un equilibrio entre poder (o poderes) y comunicación de masas, unidireccional, sin las inoportunas críticas en redes sociales a los medios oficiales, que legitimaban una mentira o una verdad. Pero la modernidad vino a interponerse.

   2014. Una balacera rompió el silencio en una vereda cercana a la carretera rumbo a Los Planes. Año decisivo, espacio de reestructuración en las formas de reportear la nota roja. El crimen organizado se dividía. Acontecimiento insólito que, sin embargo, no evitó del todo que la sección policíaca en los diarios locales siguiera rellenándose de boletines sobre choques y robos a casa habitación. Los homicidios serían declarados como casos aislados. La nota principal sería la vida del gobernante en turno, una cosa parecida a «un día en la vida de…».

   Ante la realidad innegable y el mutismo de los diarios oficiales, los sitios web de noticias adquirieron credibilidad y alcanzaron la categoría de plaza pública. Con tal de obtener clicks inmediatos, el morbo de la ciudadanía le vino bien a estas páginas. En las redes sociales aparecieron personajes que se posicionaron simplemente porque iban hasta la escena del crimen y la grababan personalmente, algo que no hacían los reporteros de policiaca hasta entonces. Dejó de ser imprescindible la página web. Un perfil de Facebook y un celular se volvieron material suficiente para convertirse en reportero. Las transmisiones en vivo comenzaron a dominar la escena y se acabó el papel primordial de los medios impresos, e incluso sus formatos digitales que, secreto a voces, querían respaldar una pseudorealidad impuesta por el poder. Las redes sociales le dieron a la ciudadanía, al fin, una herramienta para confrontar a los «expertos» de la comunicación y no sólo poner en tela de juicio sus publicaciones, sino ignorarlas y crear las propias.

   Al intentar analizar el papel del reportero en BCS, hay que tener en cuenta que éste se mueve en un espacio turístico, un edén para desarrolladores inmobiliarios, hoteleros y vacacionistas al estilo spring breaker. En la ciudad turística, patrón que se repite en otros destinos de México, la economía funciona legal e ilegalmente. Se prestan servicios, se ofrecen bienes, de manera regular, pero también de manera informal, al menos informal en el sentido de su legalidad. Por encima de los pequeños negocios ilegales se eleva el lavado de dinero, práctica que puede asociarse con grandes empresas de cualquier índole. Mientras tanto, las familias que migraron persuadidas por la esperanza del progreso, alcanzan una mal pagada neoservidubre. En una situación similar de pobreza el crimen organizado encuentra al personal necesario para perseverarse, ya no sólo como un cártel, sino como un sistema, un organismo.

   En medio de este escenario el periodista no ejerce libremente su profesión, al menos no con carácter investigatorio real, sino como transmisor, como decía, de las imágenes cruentas, que no obstante deben ser igualmente moderadas en su publicación, pues hay que dar una buena imagen de la región a los ojos de los inversores.

Reportar la barbarie

«Mataron al reportero Max Rodríguez», dijo ella. Tardé en asimilar la frase, pero en cuanto lo hice supe que ya nada sería igual. Contuve la respiración y recordé cuando Max me llamó preocupado para preguntarme cómo un corporativo de minería submarina me demandaba a mí, reportero menor de 30 años, por 20 millones de dólares. Su llamada fue un respaldo en aquel momento. Recordé también mis tiempos en Rosarito, Baja California, allá por 2008, cuando comencé a ser corresponsal de la nota policiaca. La muerte de Max desempolvó la principal razón por la que yo me había alejado de las noticias de ejectuados. Y es que en aquel tiempo ya se tenía en Baja California un registro de reporteros, columnistas y periodistas asesinados. No se trataba únicamente de presuntos narcos. El caso más sonado fue el del Gato Félix, del semanario Zeta de Tijuana, en 1998.

   A mis 24 años tuve la insólita prudencia de rechazar la adrenalina que te hace tomar un taxi, en plena madrugada, con el fin de sacar la mejor fotografía del nuevo muerto, tumbado por las balas. La experiencia es adictiva. Mi jefe editorial de entonces me había aconsejado que en cuestión de asesinatos evitara ciertos detalles y, en definitiva, no profundizara demasiado al redactar, por mi propia seguridad. Al llegar a La Paz me encontré, después de un tiempo, con aquella violencia de la que había huido. Intenté mirarla como parte de mi trabajo, retomarla como un tema, pero sabiendo que sería sólo por una temporada.

   A como yo miro las cosas, la violencia no parará. Me tocó ver desmoronarse el discurso del exgobernador Narciso Agúndez Montaño (2005-2011), aquel cínico comentario de que «a BCS los narcos sólo vienen a vacacionar». Vi cómo Marcos Covarrubias (2011-2014) reconocía por primera vez que «criminales» se enfrentaban a balazos en La Paz, pero tratando de minimizar ese hecho con posturas como «no le demos la imagen que no merece a BCS». Y, bueno, todos estamos experimentando cómo Carlos Mendoza Davis suministra su «medicina», junto a miles de militares en un presumible intento por frenar la carnicería que tiene nerviosos a los hoteleros y a nosotros mismos.

   El homicidio de Max es un acto brutal para el gremio periodístico, sobre todo para aquellos que a diario contabilizan los cadáveres del genocidio. Esos números que tanto irritan en cuanto más crecen, porque funcionan como insecticida que espanta a los inversores. A estas alturas, da la sensación de que cualquiera puede morir cuando menos lo espere, esté o no relacionado con una forma del narcotráfico. Las amenazas siguen y no es difícil imaginar quién será el siguiente.

   A raíz de la intimidación, directa o indirecta, hacer buen periodismo en BCS se complica cada vez más. Las reservas en la información, la prudencia obligada, son actitudes comprensibles cuando la cantidad de muertos se infla sin concesiones, afectando a los grupos criminales, como si fuese cosa «entre ellos» y afectando también a periodistas, policías, menores de edad, familiares de asesinados y a la tranquilidad general, que debería pertenecernos a todos pero que para nadie está garantizada.

   Con estas palabras que ahora leo quiero hacer un homenaje a los buenos y malos periodistas que a diario tratan de sobrevivir en el espeso ambiente del poder, mientras desde las butacas la gente espera al siguiente reportero para convertirlo en héroe o villano. En una situación como la que vive el estado y todo el país, la autocensura se convierte en un mal necesario, ya no sólo por uno mismo sino por quienes están junto a uno, en este rincón alejado.

La labor del reportero gore

Tunde las teclas y construye un retazo de lo que creemos nuestra realidad y nuestra verdad. Una de las tantas «verdades» que maquilan las redacciones, como parte del ejercicio de poder que la maquinaria imprime todos los días en el cuerpo social. En ocasiones, el tunde teclas es incitado por sus jefes a traspasar las líneas profesionales, con tal de enviar un mensaje al que no pagó el convenio. Con frecuencia se lo llevan entre las patas los políticos, los directores de medios de comunicación, los corporativos transnacionales y el crimen organizado.

   En Dispárenme como a Blancornelas, Daniel Bassave presenta una radiografía del fascinante y deteriorado cosmos de los de abajo, de la cadena trófica reporteril, de los tunde teclas. El tunde teclas es un cuerpo dócil, es otro soldado de Foucault, padeciendo la disciplina de los poderes sobre su cuerpo. El tunde teclas se somete. Si sobrevive dentro de la cañería del poder, puede ser utilizado, transformado y perfeccionado para fines específicos. Hay un control sobre el sujeto que emite los signos y da sentido a miles de individuos que forman la colectividad social; aquellos que buscan orden dentro del caos. Son ellas y ellos quienes reciben el mensaje, resultado de relaciones estratégicas; «el ejercicio del poder consiste en “conducir conductas” y en preparar la probabilidad (Foucault)».

   En caso de no cumplir con las encomiendas implícitas de su ejercicio, son eliminados. Javier Valdez, periodista recientemente asesinado en Culiacán, Sinaloa, afirmó que «los medios de comunicación y los reporteros son desechables: un acuerdo entre la autoridad –municipal, estatal o federal–, las presiones de un grupo político, un candidato o un dirigente de un partido, la extorsión empresarial y del mismo gobierno (…) El resultado siempre es el mismo: medios de comunicación que mueren, periodistas despedidos, comunicadores acusados y exhibidos públicamente. El destierro, siempre el destierro, aunque el reportero se quede a vivir donde siempre» (en entrevista con Wilbert Torre).

   El trabajo del tunde teclas se centra en el duro camino de cazar la nota. Como vemos, su margen de acción es limitado. Un obrero de la información que, en algunos casos, está convencido de tener unos gramos de poder en su bolsillo, del que se atascan los gobernantes en turno. Casta que en ocasiones es amigable, mientras que en otras se convierte en su más feroz ejecutora. Una relación ambivalente por la que transcurre su vida, que se disipa entre el olor a tinta y a ceniceros.

   Tampoco tiene horario. Su profesión y su vida se confunden más allá de una hora de entrada o salida. En los tiempos en que el Internet lo permea todo, el tunde teclas tuvo que adaptarse y trabajar con él. Dejó de presionar tanto botón y comenzó a transmitir la masacre, una masacre característica de la ciudad turística neoliberal. Martin Scarpacci (2015) en su artículo Ciudades estratégicas: entre el extractivismo y el narcotráficoLa violencia en el paradigmático caso de ciudad Rosario, expone la relación entre ciudad-región y región-resto del mundo, y en esta dialéctica señalará «la vinculación existente entre los mercados legales e ilegales de la economía y cómo ésta afecta a la ciudad modificando el espacio donde interactúan las personas con los medios de producción».

   El autor reflexiona sobre cómo el excedente capitalista de ambos negocios «se cristaliza en gran medida en la construcción edilicia o en grandes desarrollos inmobiliarios, pero también a nivel de uso de suelos, expandiendo innecesariamente la frontera urbana, subordinando al territorio y la ciudad a las lógicas especulativas de mercado». ¿Será posible considerar a Los Cabos o La Paz, al igual que Rosario, como enormes lavadoras de capitales?

   Sé que la ciudad turística neoliberal no es el tema central en esta ocasión, pero es ahí donde se entreteje la relación estratégica entre violencia, poder, medios de comunicación y crimen organizado. Es necesario intuir que el reportero se enfrenta a la era del periodismo gore. Los más de 100 ejecutados de octubre lo confirman, ¡y aun no acaba el mes! Los cuerpos desmembrados, las niñas y niños asesinados, las madres sin hijos, las hijas sin padres, las familias destruidas, la sangre seca de las calles, las narcofosas, el miedo.

   Sayak Valencia Triana (2012), utiliza el término «capitalismo gore» para visibilizar «la complejidad del entramado criminal en el contexto mexicano, y sus conexiones con el neoliberalismo exacerbado, la globalización, la construcción binaria del género como performance político y la creación de subjetividades capitalísticas, recolonizadas por la economía y representadas por los criminales y narcotraficantes mexicanos, que dentro de la taxonomía del capitalismo gore reciben el nombre de sujetos endriagos».

   Implicados en las relaciones del capitalismo gore, sobresalen «el derramamiento de sangre explícito e injustificado, el altísimo porcentaje de vísceras y desmembramientos, frecuentemente mezclados con la precarización económica, el crimen organizado, la construcción binaria del género y los usos predatorios de los cuerpos, todo esto por medio de la violencia más explícita como herramienta de “necroempoderamiento”» (Valencia, 2012).

   En este ambiente, el cuerpo humano se convierte en una mercancía necesaria al servicio del sistema económico paralelo. Asalariados criminales que buscan en automático un mejor estatus de vida. Una pequeña dosis de «felicidad». Este asalariado no necesita ser un experto en armas, ni siquiera ser mayor de edad. Requiere de un perfil cuyas características se reparten mayoritariamente entre la pobreza, la invisibilidad de oportunidades contundentes para «salir adelante», la educación cultural (el narco es un ideal) y el deseo de acceder a las recompensas de un sistema consumista que le permitiría gastar como un nuevo rico, aunque sea por un fin de semana, sin importar que sea el próximo en aparecer acribillado.

  El periodismo gore se caracteriza por un fácil acceso a smarthphones, magnificación de la tragedia y el performance de la muerte para sobresaltar las emociones. Con este nuevo elemento en el proceso de comunicación, se exalta la parte obscena del crimen organizado que, no obstante, no deja de reflejar aspectos más de fondo en la política, la economía y la cultura. Mientras tanto, la «narcomáquina» sostiene un diálogo de cadáveres e insensibiliza al espectador. A su vez, el periodismo gore legitima el proceso de «necroempoderamiento» e invisibiliza la precarización social.

  La transmisión en vivo encumbró el terror en nuestra mente. Una normalización y una justificación de la violencia. Manuel Castells (2009) afirma que «las noticias (especialmente las imágenes) pueden actuar como fuente de estímulos equivalente a las experiencias vividas. El odio, la ansiedad, el miedo y la euforia son especialmente estimulantes y también se retienen en la memoria a largo plazo».

  El periodismo gore evita cualquier crítica ética al ejercicio abusivo del poder, venga de donde venga; incluso sortea las estadísticas de reporteros asesinados. Prefiere el show mediático. Sayak Valencia Triana (2012) expuso cómo existe en el capitalismo gore «un entramado fuertemente ligado a los beneficios económicos que reporta tanto su ejecución como su espectacularización y posterior comercialización a través de los medios de comunicación. En el capitalismo gore la violencia se utiliza, al mismo tiempo, como una tecnología de control y como un gag que es también un instrumento político».

   El periodismo gore se escribe con miedo, con un alambre envuelto en el cuello y un cuchillo entre los dientes. Siendo el reportero un aparato desechable, se reducen sus capacidades de negociación o simplemente deja de tenerlas. Ya que es un ser incómodo dentro de la «narcomáquina», es necesario, para el buen funcionamiento de dicha máquina, eliminar las incomodidades. Un plomazo y adiós. Javier Valdez lo sabía bien:

   Las manos del reportero tiemblan, quiere escribir la verdad y la palabra «miedo» se anota sola, desea decir dónde, cuándo, quién, por qué…y la palabra «miedo» escupe burla, angustia, desilusión, olor a sangre o pestilencia de una casa de seguridad; el reportero tiene hijos, esposa, padres, hermanos, pero también tiene sus muertos y una mordaza, sus muertos y hambre y llanto y sed y una punzada en el pecho que le obliga reprimir algunas lágrimas, sabe que no puede escribir, no debe escribir, no siente escribir, no sabe escribir porque «miedo» es su casa, el periódico donde trabaja, la ciudad y el país donde vive, donde se esconde y miserablemente sobrevive, pero aun así le dice al teclado, «ándale, cabrón, no te agüites. Digamos lo que sabemos», pero sólo «miedo» aparece en la pantalla (Valdez, 2016).

   El reportero en el periodismo gore no es una persona, es un tunde teclas. Un sujeto descarnado de sí mismo, con un teléfono inteligente en la mano. Dislocado de su realidad, pero con la capacidad de captar otras realidades más violentas y trasladarlas al espacio virtual del que abrevan los curiosos ciudadanos que alimentan el miedo y la tristeza en sus casas de interés social, al ver la imposición del imperio de la violencia y darse cuenta que el presente y el futuro también están desmembrados.

Texto de Carlos G. Ibarra

Edición: Octavio Escalante

 

 

El tunde teclas y el periodismo gore

#LaCuchara: La renovación democrática desde el municipio libre

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Sandino Gámez

 

En Baja California Sur, como en el resto de México, existe una crisis de credibilidad sobre las instituciones públicas, la clase gobernante, los partidos políticos y la misma idea de la democracia.

  Esta crisis se refleja no sólo en la baja participación ciudadana en los procesos electorales, sino también la indiferencia de los ciudadanos sobre las acciones de gobierno y el estado de salud de las instituciones, las cuales se han deteriorado profundamente en las últimas décadas.

    La misma palabra “política” o “políticos” tiene una connotación comúnmente negativa, al grado de ser asociada directamente con la corrupción, el fraude o el robo de los recursos públicos.

   ¿Cómo recuperar (o generar) la confianza de los ciudadanos en sus instituciones y, en especial, en la política y la democracia?

  En primer lugar, es necesario garantizar que los representantes populares sean verdaderos representantes. En democracia eso sólo se consigue de manera esencial mediante su elección directa, así como sometiendo sus decisiones de mayor influencia social al escrutinio público.

    En México, la Constitución Política federal establece al municipio libre como la base jurídica organizativa territorial de nuestro país. En Baja California Sur, esta estructura básica carece de representación directa de la población en el ayuntamiento, pues el ciudadano sólo tiene acceso a votar por el presidente municipal.

    Los regidores, los integrantes el cuerpo colegiado que compone el cabildo y deciden por votación todos los asuntos de competencia municipal y que afectan de manera más directa al ciudadano, se registran en una fórmula que el ciudadano sólo conoce si da vuelta a la boleta para votar al presidente municipal.

     Así, tanto los regidores electos carecen de relación con el votante como el ciudadano carece de relación con sus supuestos representantes, quienes una vez instalados en el ayuntamiento deciden asuntos de suma gravedad, como la privatización del espacio público, la administración de los servicios públicos, las licencias de alcoholes o la planeación territorial y urbana.

    Una regiduría es el cargo de elección popular que influye de manera más directa e inmediata en el ciudadano, además de ser el primer escalón de un político de carrera. ¿Por qué entonces no tiene una relación directa con los ciudadanos a través del voto?

   Hemos visto en Baja California Sur diversos ayuntamientos cuyos regidores han funcionado más como agentes o empleados de empresas privadas o de grupos de interés privado. Sin embargo, dadas las reglas políticas actuales, han actuado con total impunidad, sin contar siquiera con un castigo político por sus acciones.

      Así, para renovar la cultura política de nuestro estado, dar representación política a los ciudadanos en el nivel más básico de gobierno y comenzar a cultivar la confianza del ciudadano sudcaliforniano la democracia, proponemos dos reformas a la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Baja California Sur:

      Uno. Elección directa por mayoría relativa de los regidores mediante subdistritos, en boleta diferente al presidente municipal, conservando la representación proporcional para las primeras minorías.

      Dos. Revocación o refrendo del mandato a la mitad del periodo de todos los cargos electos por voto popular en el estado y los municipios, con excepción del gobernador. Esto bajo el principio de que el voto ciudadano es un voto de confianza hacia el cargo electo y que, por lo tanto, el ciudadano debe poder retirarlo en el momento en que la ha perdido.

     ¿Quién puede estar en contra de estas propuestas para renovar la cultura política de Baja California Sur?

  Por supuesto: una parte importante de las cúpulas partidistas (de todas las denominaciones) y los grupos de poder fáctico, político o económico. Lo común es que las regidurías se utilicen como mercancía de cambio para obtener apoyos políticos o económicos.

  La revocación o refrendo de mandato es impensable que vaya a ser aceptada con docilidad también desde las cúpulas de los partidos políticos o grupos dominantes: existe la plena certeza en ellos de que el ciudadano debe aceptar que su participación se reduce a ir a votar cada tres años por quienes ellos han decidido que elija.

   Así se expresa también esta clase política y gobernante en el sentido de que es una “regla de la democracia representativa” que los cargos electos no tienen por qué cumplir sus promesas de campaña ni preguntar a sus representados en los asuntos que les atañen.

   Sin embargo, en Baja California Sur las propuestas de elección por voto directo de los regidores y la revocación o refrendo de mandato son factibles de llevarse a cabo mediante iniciativas ciudadanas gracias a los mecanismos establecidos por una nueva Ley de Participación Ciudadana de Baja California Sur recién promulgada.

  Ésta indica que si 1.5 por ciento de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral estatal manifiestan por escrito su apoyo a estas iniciativas, el Congreso del Estado las debe recibir y discutir en su pleno. También la referida ley contiene los mecanismos de plebiscito para la promulgación de leyes o cambios constitucionales, de tal manera que incluso si los diputados estatales se resisten a aplicar estas herramientas tan naturales en una democracia los ciudadanos pueden obligar a su instauración, también, por la vía del voto.

   Ninguna de estas medidas es de aplicación sencilla dadas las costumbres, los vicios y la negativa expresa de las cúpulas partidistas, la mayoría de los políticos en cargos electos y, particularmente, los gobernantes actuales de Baja California Sur, pues son renuentes a abandonar el monopolio del poder público.

   Pero los ciudadanos sudcalifornianos tienen que considerar, especialmente en la crisis actual que vive su estado, si están dispuestos a quedarse cruzados de brazos viendo el deterioro o la destrucción completa de sus instituciones de gobierno, los servicios públicos y la credibilidad de la democracia electoral.

   Aquí conviene que el ciudadano sudcaliforniano recuerde las palabras del sabio Hillel, aunque hayan sido acuñadas hace dos mil años en el distante país de Palestina: “Si no somos nosotros, ¿quién? Y si no es ahora, ¿cuándo?

 

sandinogamez@gmail.com

#LaCuchara: La renovación democrática desde el municipio libre

#Gonzolador: Zona Ganjah en BCS por primera vez

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Rafael Murúa Manríquez

Apreciando el reggae desde nuestra juventud un grupo de Kshanos, amigos desde pequeños, decidimos cuatro años atrás invertir recursos en la promoción de este género en nuestro estado. Desde Radiokashana trabajamos para traer a Gondwana (Chile) en 2013, y a Los Cafres (Argentina) en 2014, cuando surgió la idea de formalizar una promotora a la que llamamos Baja Sur Reggae y el 18 de noviembre presentaremos a Zona Ganjah (Argentina) en la capital de la entidad.

Originarios de Santa Rosalía, los cuatro amigos conformamos Baja Sur Reggae y hace unos días concretamos nuestra siguiente fecha en La Paz. Luis Antonio Martínez Romero, Alonso Aguilar Aguilar, José Manuel Romero, y un servidor estamos decididos a seguir impulsando la escena en nuestro estado porque como muchos sudcalifornianos nos identificamos con este ritmo y la ideología político-social que en éste predomina. Confiamos en que la respuesta de la gente nos ayudará a seguir adelante con este proyecto.

Cover Productions fue fundamental para que en los pasados eventos quedaran satisfechas las bandas internacionales que se presentaron, llegando a mencionar que solamente en la Ciudad de México habían estado en un mejor escenario durante esas giras. Esperamos seguir contando con el apoyo de esta productora que también promueve este espacio en B. C. Sur.

Mucha más gente ha participado en los eventos que organizamos, amigos, familia, las bandas locales que son de una calidad excelente, y merecen exponer su arte fuera de nuestro estado. Agradecemos su entrega y contamos con ustedes nuevamente.

Siempre hemos tenido buena respuesta de la gente de La Paz y Los Cabos, y cuando la fecha es sábado como en esta ocasión, de los 5 municipios han venido a escuchar a estas bandas, ahora que coincide con un “puente”, esperamos superar las mil personas que han asistido a nuestros eventos.

Reconocemos cabalmente el trabajo de promotores que le han apostado a traer algo diferente, y aplaudimos a quienes le dan mayor presencia a los talentos locales, como los compas de Baja Stage. Sin embargo, la diversidad de espectáculos en nuestra media península ha sido pobre, excepto cuando el gobierno trae a grandes exponentes de géneros alternativos, y se presentan de manera gratuita para el espectador.

Sabemos que hay muchas más bandas que tocan un reggae de gran calidad, pero sus costos son muy elevados para la cantidad de gente que acá paga por un show de este tipo. Creemos que si demostramos con una gran asistencia a los eventos que sí podemos hacer y entre todos costear, que el reggae es un género que mueve mucha gente aquí, las autoridades también se animarán a levantar esta escena, y pronto tendremos a más bandas de manera gratuita en las fiestas que organizan con el presupuesto público.

Desde este espacio me permito hacer una invitación a los lectores de El Organismo a participar en la evolución cultural de nuestro estado, y les comparto mi profunda alegría de ver materializado este sueño llamado Baja Sur Reggae.

Rafael Murúa Manríquez es director de Radiokashana FM

(A los LKS)

 

#Gonzolador: Zona Ganjah en BCS por primera vez

#Gonzolador: #FuerzaIguala

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Rafael Murúa Manríquez

Nos conmovió la noticia que no terminaba de serlo. Faltaban datos y normalistas. El 2 de octubre se asomaba en el calendario y la memoria. Nuevamente estudiantes mexicanos fueron asesinados por su gobierno y aquí nada cambió.

Tres años después y comprobado ya que elementos armados de la federación, estado y municipios de Guerrero participaron en la desaparición de los jóvenes, todavía hay quien los juzga con un “andaban en drogas” y “el que mal anda mal acaba”.

La guerra contra las drogas parece más una guerra contra los mexicanos. Cada año hay más consumo causando más asesinatos aquí.

Estado fallido y criminal es casi un halago para nuestro país. Vivimos entre el terrorismo. Rápidas y furiosas las balas y sodas gringas nos matan impunemente. Sin cuestionamientos: limpiaron la guerra sucia.

La policía municipal, estatal y fuerzas armadas secuestran, torturan, asesinan, violan, para acabar con la droga de su competencia.

Allanan moradas, te cierran la mirada a golpes para que desbloquees tu celular, tecnología de punta a punta de chingazos, inteligencia primitiva.

Decomisan para después venderte, o plantarte si se les pasa la mano, al cabo nadie preguntará quién fue, pasarás a ser el enésimo dígito de una cifra si es que alguien lleva todavía la cuenta, y el mojigato sudcaliforniano meneando la cabeza dirá que andabas mal.

Perfecto escenario este cochinero para esconder los motivos, donde la noticia es solo el número de muertos, para camuflar los bandos entre buenos y malos, para sembrar el terror y cosechar paisanos.

Igual a Iguala es todo México aunque son únicos los 43 que nos siguen faltando. Su desaparición reveló al mundo entero la cadena de mando, indignó facciones, condenó al olvido.

Los rurales, la tienda de raya, la dictadura del progreso, la insurgencia, los bandidos, el peso, el sufragio, el efectivo. Todo México es igual.

Si las buscadoras encuentran como las madres de mayo y los angelitos secan la cara de sus padres en movimiento, pensaremos y no moriremos. Tomaremos camiones de algún abusivo para llegar al último estado reconstruido y veremos a los guantes blancos entregarnos los restos de 4 culturas en 3 tiempos.

De entremés una escuela abierta, pastel azteca sin tajadas extranjeras, y una jornada de tercio de día, tercio de vida, tercio de sueños.

Rafael Murúa Manríquez es director de Raidiokashana

 

#Gonzolador: #FuerzaIguala

LOS DÍAS CON JAVIER

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Karla Sotelo

*Entrevista colectiva realizada en el extinto programa La Palabra en el Aire.

A Javier lo conocí hace un par de años en un encuentro literario realizado en la Cdad. de La Paz, B.C.S en una emotiva plática con estudiantes de la Lic. en Comunicación de la UABCS. Ese día traía bajo el brazo su última publicación Con una granada en la boca. Desde el inicio empatizó con la mayoría de los jóvenes. Durante la plática nos sacó carcajadas y nos compartió varias de las historias documentadas en su libro. Sentíamos que era sincero, que realmente se le iba la vida cada vez que compartía esos relatos o en  cada frase publicada. Era un contador de historias de gente que tenía que ver con nosotros, y que a través de la crónica, visibilizaba rostros,  miedos o esperanzas. Nos adentramos en esas experiencias de dolor y de pérdida en medio de la violencia. Después de la charla regaló un libro, regaló abrazos y buenos deseos. Su mirada albergaba la ilusión y posibilidad de que no estaba solo. Después de ese día mis estudiantes y yo no lo quisimos dejar, era imposible. Sabíamos que estábamos frente a uno de los pocos periodistas que estaba haciendo el periodismo que necesitábamos en ese momento. Habían comenzado las balaceras y los desaparecidos en nuestra ciudad. Informar y comunicar así era un ejercicio a través de la palabra para cauterizar heridas. No perdimos la oportunidad de asesorarnos siempre con él para saber que la antorcha seguía encendida.

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El 9 de mayo del 2016 desde radio universitaria estudiantes, periodista y académica le hicimos un par de preguntas vía telefónica. El tema era relacionado a la libertad de expresión. Como siempre disfrutamos escucharlo.

El tiempo con él siempre se nos pasaba  rápido, las dudas  y recomendaciones  saltaban de una cabeza a otra. Al final terminábamos en risa o un ¡Salud! por la compañía.

Hace unos días, el asesinato de Javier Valdez Cárdenas cumplió 4 meses y deseo hacer eco con sus palabras, que ahora son parte de nosotros. Tuvimos hace un tiempo la oportunidad de hacerle una pequeña entrevista colectiva que seguimos recordando y en la cual nos compartió lo siguiente:

¿QUÉ NOS PUEDES COMPARTIR SOBRE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, EN MÉXICO… EN GENERAL?

Yo tengo la máxima que si no hay condiciones para una vida digna en México no hay condiciones para la libertad de expresión ni tampoco para hacer periodismo.

Creo que en el país la libertad de expresión, que no sólo es un coto o decreto de los periodistas si no de la ciudadanía en general, está contaminada, cercenada, impedida en su ejercicio básico más amplio y profundo por el crimen organizado. Específicamente el narcotráfico, por supuesto los gobiernos corruptos, coludidos con los criminales; y por supuesto sus negocios de carácter empresarial. Entonces hace mucho que en México no se hace periodismo que se necesita. Hay un periodismo posible en condiciones imposibles. Creo que lamentablemente en estos aspectos hemos retrocedidos muchísimo sin que tengamos necesariamente una dictadura. Nosotros vivimos en condiciones de mordaza, de periodistas asesinados, amenazados, golpeados o desaparecidos.  Eso se me hace sumamente grave, como en la ley de la selva sin que tengamos nosotros una condición de dictadura.

¿QUÉ CONDICIONES SON ÓPTIMAS PARA HACER BUEN PERIODISMO?

Que los recursos públicos no estén condicionados para publicar tal o cual cosa. Que el medio no tenga miedo de escribir sobre la vida que nos está heredando el narcotráfico. La vida de encierro, de miedo, terror. Ya no digamos una revelación sobre los negocios sino esta vida cotidiana, de músculos apretados que nos genera el narco. Sin temor a que me peguen tablazos en las planta de los pies, la espalda, las nalgas. Es lo menos que le pasa a un periodista de Veracruz, de Tamaulipas, Monterrey, Oaxaca, Guerrero por hablar del narco. Estamos hablando de regiones que llama el narco para decirte  que no publiques tal información y el cartel contrario lo hace después  para decirte que la publiques. Por eso los reporteros dejan de hacer las coberturas y se retiran del oficio.

¿QUÉ TAN DIFÍCIL ES NO INVOLUCRARSE EN LO QUE HACES? ¿CÓMO SEPARAS LA PARTE HUMANA Y LA DEL TRABAJO PERIODÍSTICO?

Cuesta trabajo no involucrase. Creo que no lo puedo hacer. Es decir, son historias que me atañen, que me afectan. Me afectan muchísimo. No puedo guardar distancia. Creo que sería saludable si  hiciera un periodismo inofensivo, dietético, descafeinado, inocuo; entonces ya no me involucraría y no me importa de lo que escribo ni lo que la gente sufre… es decir, me importa la gente. Yo creo que no puedo. Describir  lo humano, el dolor, la tristeza; y también por supuesto la esperanza, la alegría ante un acto de justicia o de conquista. Eso me permite contar las historias. Claro que me enfermo. Padezco insomnio, seguido de días de mucha preocupación, se refleja en mi cuerpo con asuntos de salud. No creo en esa distancian, en no involucrarte. Creo en el compromiso y en el ser humano que habita en mí. Por eso hago este periodismo. Me sería muy aburrido informar cómo mueve la pelvis el gobernador cuando baila o la fama que tiene. Me conmueve una madre de familia que tiene a su yerno, a un sobrino y a un cuñado desaparecido. Entonces que tiene a 8, es un caso real, 8 nietos a su cargo porque sus papás están desaparecidos. El reportero debe dejarse de esa moralina casi religiosa de la objetividad para involucrarse más en lo que a la gente le está preocupando y contar estas historias. Hay muchas historias valiosísimas de dignidad, de lucha que de manera cotidiana nosotros debemos rescatar de las calles o de las casas.

¿HA SIDO DIFÍCIL MANTENER EN UN MEDIO COMO RÍODOCE EN SINALOA… EN MÉXICO?

¡Sí!. Es un proyecto de locos de atar y estamos desatados. Es un periódico que no le debe dinero a nadie. Tiene 13 años circulando. Una parte de los ingresos, casi el 70% vienen de la venta del periódico. Tenemos 5 reporteros en Culiacán y 1 ó 2 más en Mochis, Mazatlán. Hay compañeros que mandan información desde CDMX. A todos les pagamos, no mucho por supuesto. Es un periódico crítico como una vez escribió Alejandra Almazán: Hacemos periodismo en la boca del lobo, porque estamos en la cuna del cartel de Sinaloa, la cuna del narcotráfico en México, de donde son los principales capos, de donde naciera alguna de las principales organizaciones.

Tenemos una clase política tan inculta, sin cultura de medios, sin cultura democrática hija del narco, peligrosísima porque además tiene poder y pueden ellos ordenar; pedir a alguien más, entiéndase al narco, que nos hagan daño y ellos aparecer con las manos limpias.  Pues sí, es muy complicado, es demencial. Pero yo creo que sería muy triste y una forma de morir si nosotros siendo periodistas no publicamos. Lo que publicamos obviamente nos guardamos muchas cosas, porque no sería bueno platicarlas con ustedes. Es un trabajo muy digno y muy difícil en un país en el que los ciudadanos no leen. ¡Es increíble!, nosotros publicamos información política muy fuerte, importantísima, y como no trae la portada información del narco, pues baja la circulación. A la gente hay cosas que no le preocupan. Tal vez sea la falta de ciudadanía  que existe en el país.

¿CÓMO COLOCAS CONCEPTOS COMO CIUDADANÍA Y DEMOCRACIA EN ESPACIOS COMO LOS QUE TIENE RÍODOCE?

Son de suma importancia. Por ejemplo: los medios, y eso que no se dice, construimos ciudadanía todos los días con lo que publicamos. Pero eso no lo ven los empresarios que apoyan el cambio democrático, porque apoyan a los candidatos para que éstos lleguen al poder. Apoyan a los partidos para que le den negocios. No hay una preocupación democrática honesta de parte de ellos. Nosotros no tenemos publicidad, hace falta que el periodismo crítico, valiente, que lo hay en México, lo acompañe la ciudadanía. No hay ciudadanía, no hay quien rebote, quien replique, quien le dé guarida, quien anide los textos y las historias que publicamos. Entonces se queda en el vacío, en el lote baldío, no trasciende y eso es peligroso. Los poderosos  saben entonces que si lo que hacemos no trasciende podemos seguir publicando lo que nos dé nuestra gana y puede pasarnos muchas cosas a nosotros y no pasar nada tampoco. Entonces parece sumamente peligroso. La ciudadanía, la democracia se construye en los medios, pasa por los medios. Es una trinchera cotidiana, permanente, pero no se le ha dado ese valor lamentablemente. Se cree que la democracia son elecciones, que la ciudadanía existe porque vota. Eso es un error, una visión muy pobre, muy pragmática  ciudadanía y democracia en México.

 

 

JAVIER VALDEZ CÁRDENAS Nació en Culiacán en 1967. Corresponsal del periódico La Jornada, reportero fundador del semanario Ríodoce. Algunas de sus crónicas han sido publicadas en Proceso, Gatopardo, Emeequis y Horizontal. Autor de los libros De azotea y olvidos, Malayerba- y en Editorial Aguilar publicó Miss Narco (finalista del premio Rodolfo Walsh, en la Semana Negra de Gijón, España, en 2010), Los morros del  narco, Levantones, Con una granada en la boca, Huérfanos del narco, en el que rescata historias de hijos desaparecidos y asesinados. Narco periodismo (2016)

En octubre de 2011, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) le otorgó en Nueva York el Premio Internacional a la Libertad de Prensa 2011: “Por su valiente cobertura del narco y ponerle nombre y rostro a las víctimas”. Ese año, con el equipo Ríodoce, recibió el Premio “María Moors Cabot”, concedido por la prestigiosa Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, Nueva York. En 2013, como parte de Ríodoce recibió el premio PEN Club a la Excelencia Editorial. En 2014 la revista Quién lo ubicó como uno de los 50 personajes que mueven a México y ese año fue jurado del Premio Nacional de Periodismo. En 2016 uno de sus textos se incluyó en el libro La orilla negra, de Ediciones del Serbal, en España.

Entrañable amigo, generoso, amoroso  y padre de tres hijos.

 

LOS DÍAS CON JAVIER

¿Es el cambio climático un asunto de género?

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Carlos Mancilla

 

Los últimos días han sido ‘’históricos’’ en cuanto a los efectos de fenómenos naturales en varias partes del hemisferio, particularmente en Latinoamérica donde hace exactamente una semana, Baja California Sur y los estados vecinos, sufrirían el embate de la depresión tropical Lidia. Tras su paso, trascendió en redes sociales que en Baja California Sur no se registraban lluvias tan fuertes desde 1933 (con información de CONAGUA). Del lado del Atlántico y en la zona de las islas del Caribe llegaron noticias aún más estremecedoras. La fuerza del huracán Irma (categoría 5 según la escala de viento Saffir-Simpson) azotó con potencia destructiva varias islas del Caribe. Tan solo en Antigua y Barbuda, su primer ministro Gaston Browne anunció que ‘’el 90% de la estructuras se encontraban destruidas […]’’ y que Irma ‘’fácilmente ha sido el huracán más fuerte en golpear el Caribe [..]’’, dichas declaraciones, 10 horas después de que el país perdió comunicaciones con el resto del mundo.

En un vistazo rápido a las recientes catástrofes por fenómenos naturales, es cada vez más común leer ‘’el huracán más fuerte’’, ‘’la lluvia más fuerte’’, ‘’el tifón más letal’’, ‘’la sequía más dura’’ dentro de los principales encabezados de periódicos internacionales. Y aunque Trump, mucho antes de llegar a la presidencia dio el carpetazo para dar por clausurado de una vez por todas el debate sobre el Cambio Climático (el mismo presidente que recientemente durante el eclipse de sol, volteó hacia el cielo sin ningún tipo de protección en los ojos) resulta evidente y necesario repensar todos los diálogos sobre el Cambio Climático en calidad de urgencia, prioridad y, que de una vez por todas, pueda plantearse desde un discurso ecofeminista cada vez más contundente y que nos viene a mostrar ‘’el otro lado de la moneda’’, sobre todo, cuando los datos de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos revelan que el 70% de las personas pobres del mundo son mujeres. La perspectiva de género en el debate del Cambio Climático esta todavía ausente en gran parte de la epistemología que se genera en cuanto al tema.

Cuando hablamos de desastres naturales, rara vez nos detenemos a pensar en el género como un factor determinante de cómo me va a afectar a mí un desastre natural, dependiendo de dónde estoy situado, si soy hombre o mujer, en qué país vivo y cuáles son las estructuras y roles de género que predominan en dicho lugar. El caso de los países del Sur es alarmante, el Cambio Climático aunado a la llamada Ética del Cuidado, en la que las mujeres están destinadas a una serie de atribuciones como el cuidado del hogar, de los hijos, en donde existe una dinámica de agricultura de subsistencia en la que ya es imposible cosechar para vivir debido al embate del clima, las sequías, la destrucción del medio ambiente que colocan a las mujeres en una vida precaria, donde por un lado hay que trabajar la tierra –y nunca llegar a ser ellas las titulares de la tierra-, educar y cuidar a los hijos, proporcionar agua –además de difícil acceso en países del Sur- y, todavía, enfrentarse a la violencia de género todos los días.

De acuerdo a estudios realizados por la Organización de las Naciones Unidas, en el 2008, ‘’las mujeres y los niños/as tienen 14 veces más posibilidades de morir durante una emergencia o desastre que los hombres’’. En ese sentido, se informa que ‘’las mujeres y las niñas asumen también la principal carga de la recolección de agua en los países en desarrollo. De hecho, un análisis de 25 países de África subsahariana reveló que el 71% de quienes recolectan agua en la región son mujeres y niñas, y en un solo día las mujeres gastan colectivamente alrededor de 16 millones de horas en buscar agua (los hombres, 6 millones)’’. ¿Es el Cambio Climático un asunto de género? No nos queda ninguna duda que la respuesta es sí.

En mayo del año pasado, se llevó a cabo en Dinamarca el foro Women Deliver en donde se discutió sobre salud, derechos de las mujeres y, por supuesto, Cambio Climático. Allí, una joven activista procedente de las islas Fiji comentó que en su país transcurren “seis meses al año combatiendo ciclones y otros seis preguntándose cómo conseguir agua corriente”. Las estadísticas y los saberes que se compartieron en dicho foro, de mujeres de todo el mundo que hacen frente al Cambio Climático fueron tan estremecedoras como reveladoras, concluyendo en que no se puede separar el debate del clima del debate sobre el desarrollo ni seguir abordando dichos temas sin una visión desde el género.

El feminismo ha denunciado largamente las dinámicas del patriarcado –sublimado en el capitalismo–  en donde a las mujeres son vistas a partir de la dualidad naturaleza-cultura, es decir, el mundo natural y la ética del cuidado –que se traducen en relaciones jerárquicas de poder– mientras que a los hombres se nos asocia con la civilización: el dominio. De ahí que los hombres históricamente hayan tenido más presencia en el arte, la filosofía, la ciencia y que un grupo goce más privilegios sociales, económicos y políticos. De la lucha feminista y de la ecologista, ha surgido desde hace varios años una corriente alternativa (pero no separada) del feminismo: el ecofeminismo. En palabras de Beatriz Gimeno (2011):

El ecofeminismo ha […] ha señalado que en el orden simbólico patriarcal la dominación de la naturaleza y de las mujeres están conectadas; el ecofeminismo considera que la dominación y explotación de las mujeres y la dominación y explotación de la naturaleza tienen un origen común: una visión androcéntrica de la vida en la que el varón busca dominar el mundo (y las mujeres son parte de ese mundo) y en la que éste construye su subjetividad y construye la sociedad a partir del dominio de ambas”. 

Baja California Sur y la absurda lógica de la clase política

La lectura que puede hacerse sobre el Cambio Climático en nuestro estado es claramente distinta. Pero ¿qué tan distinta y qué otras lecturas pueden hacerse en cuanto al género y el clima? Podríamos hablar sobre bioética, poca responsabilidad a la hora de planear los modelos de urbanización (edificio colapsado durante el paso de la tormenta Lidia en la Colonia Chulavista en Los Cabos, asentamientos de alto riesgo en arroyos y un largo etétera). La rapiña (el trending topic de los chubascos sudcalifornianos), la indiferencia de las autoridades que, por un lado, censuran a los medios de comunicación de informar sobre la tormenta, pero por otro no informan a la ciudadanía sobre los costes del paso de Lidia, los fallecimientos, entre otras cosas. Además la incompetencia para vigilar establecimientos y salvaguardar a la población. Todo esto conforma la absurda lógica de la clase política de Baja California Sur; y me gustaría terminar este breve resumen sobre lo que a mi modo de ver, podría llegar a enriquecer los debates sobre el Cambio Climático si comenzamos a visibilizar que también es un problema de género, con una fotografía del diputado federal Ernesto Ibarra Montoya (Partido Acción Nacional) donde fue captado muy sonriente haciendo de entrega de un bote de leche Nido y un paquete de pantimedias a una damnificada en Los Cabos tras el paso de Lidia.

El nivel de nefastez, de poco sentido común y de sexismo que refleja esta fotografía me produce nauseas. Por un lado, el señor diputado que llega a la zona de desastre a ‘’ayudar’’, uno pensaría en otro clase de víveres (de primera necesidad, la leche en polvo podría serlo en caso de que la mamá no produjera leche materna por x o y razón, pero las pantimedias no, bajo ninguna circunstancia)- aunado a lo que su figura representa (el Estado) en la sociedad, y sin caer en paternalismos absurdos, estamos ante una clase política que considera que es de primera necesidad obsequiarle a una mujer un par de pantimedias después de un desastre natural, porque en su lógica patriarcal es esa su función como mujer: servir en el hogar, cuidar a los hijos y verse ‘’atractiva’’ y  nada más.

Para terminar, me gustaría añadir que cualquier lectura desde el género e interseccional a los debates del cambio climático son igual de valiosas que las que pueden tenerse en grandes congresos y foros internacionales. Nunca antes en la historia habíamos enfrentado la furia del clima como lo hacemos ahora. La Madre Natura nos está diciendo algo, ¿cuál será el mensaje? Y todas las preguntas que nos caen encima como lluvia de ciclón. El entendimiento del progreso desde la dinámica capitalista/patriarcal se demuestra todos los días como insostenible. El futuro del planeta entero está destinado a ser zona de desastre bajo esta lógica, y no nos queda más que apelar a nuevos modelos de subsistencia que nos hagan voltear –forzosamente– al suelo, la tierra, los mares, los ríos, las montañas y los cielos. Esta vez más amables con ellos, desde la equidad y el reparto justo de la ética del cuidado entre hombres  y mujeres.

¿Es el cambio climático un asunto de género?