Hormiga en la fila

FullSizeRender (20)

Roberto Galindo

El 19 de septiembre de 2017 tembló como nunca y como 32 años atrás. La tragedia es inmensa y no tiene comparación con la de 1985. La ciudad se colapsó, el tránsito se detuvo igual que los alientos. Derrumbes completos o parciales aquí y allá. Casi en tiempo real a través de internet vimos edificios hacerse añicos. Un gigante les pegaba con el índice a los castillos de fichas ante los alaridos, las lágrimas y el temor infinito de la gente en la calle. Personas arrastrándose por el suelo y a ras de alma, histeria colectiva, y su grito silenciado por la estrepitosa caída de oficinas, casas, escuelas, fábricas; lamento ahogado entre la bola de polvo que los envolvía. El polvo, perene de estos días, ya se anunciaba, se elevaba a través de la ciudad cuando estallaban edificios, cuando se erigían las llamas no conformes con la destrucción del multifamiliar, no satisfechas con los sepulcros de mujeres, niños y hombres, no saciadas con la fractura del orgullo inmobiliario de la Ciudad de México; ¡el lugar que hasta un día antes era el más seguro y cotizado para vivir en el país era otra vez zona de desastre! Se nos había olvidado y tan sólo pasaron 32 años.

            La estupefacción ante la furia de la tierra duró los minutos más largos de nuestra vida, y se hizo confusión, angustia y miedo. Dejó de moverse el suelo y sólo pensábamos en nuestra gente, nuestra familia, todos los que amamos. La ciudad se paralizó en un tránsito sempiterno, filas de autos en enormes estacionamientos en las principales avenidas. Rumores o noticias de asaltos a los automovilistas varados nos generaron imágenes apocalípticas más allá de los escombros, alejadas de la razón y de la humanidad. Esos individuos, lacras sociales, que no descansan ni a mitad de las tragedias. Pero la gente auxilió al desconocido, al histérico, al que lloraba, al que enmudeció, al que como estatua quedó en medio de la ciudad herida. Y como hormigas fuimos a los cerros de escombros y nos encaramamos y movimos una, dos, tres, innumerables piedras y muebles desvencijados y trabes partidas por la furia del temblor o por los marros de los voluntarios. Y cargamos cubetas de escombros y cubetas de escombros y cubetas… Antes que llegara la policía y el ejército la protección civil fue nuestra, fue de los chilangos.

            Sin llamadas las noticias y los reencuentros sortearon la distancia por Whats app y luego Facebook. Vino la noche, había llegado la “autoridad”, calles y barrios en oscuridad. Trasponiendo los listones amarrillos que simbólicos cancelaban el acceso los voluntarios seguían llegando a los colapsos. Y seguimos hormigas moviendo las migajas de los despojos materiales con la esperanza de encontrar vida; ¡y ya éramos la vida!, la solidaridad ante la tragedia. Y fuimos hormigas alimentando y dando de beber a otras hormigas, y seguimos removiendo la podredumbre inmobiliaria y la corrupción que ayudó al gigante ingobernable a matar mexicanos. Los puños en alto, silencio, los puños en alto, silencio, caen los puños y seguimos hormigas en infinitas filas en desorden coordinado por valor, conmiseración o morbo. Pero seguimos hormigas rojas trabajando, hasta que los diminutos verdes y azules nos dejaron, ellos insectos también se nos hermanaron, hormigas todos éramos. Sin embargo los bichos reyes les ordenaron alejarnos, y poco a poco los variopintos insectos de las filas nos fuimos perdiendo entre el verde y el azul, mientras arriba del monte de muerte los fosforescentes especialistas reinaron buscando vivos entre los escombros, también como nosotros los terrenales insectos, hasta que los dejaron. Y se fueron levantando los puños, otra ola expectativa, pero ahora no bajaron. Había alguien vivo enterrado entre el cascajo. Y las hormigas silenciosas paramos y esperamos.

            Brigadas nos movimos hasta otros colapsos, comisionados por Protección Civil después de muchos y largos minutos, hasta que el llamado de auxilio fue confirmado: ¡aún hay gente viva!, ¡necesitan ayuda en…! Y con palas, picos y guantes, diminutos desconocidos anduvimos la ciudad hasta otro monte de muerte. Mientras en nuestro colapso los soldadores especializados y los profesionales del rescate cortaban, taladraban, y la grúa levantaba; ellos liberaban la vida que con puños nos había silenciado. Llegamos y la misma Protección Civil que nos había enviado nos dijo que ya todo había terminado, que ya no había nada que hacer, que habían sacado al último de cuatro cadáveres. Todo era polvo, se esfumaron los vivos, sólo polvo. El sitio acordonado por el ejército y la policía. No nos dejaron hacer nada, ya no podíamos.

            Callados regresamos. La ciudad casi amanecía para confirmar con nueva luz que la zozobra seguía, que no había sido pesadilla. En la radio escuchamos que lo habían liberado con vida en nuestro colapso. Sollozamos y se nos hundió el estómago, y palpitamos cinco insectos, dos de Iztapalapa, dos de Ecatepec y yo, y aceleré, y cerca nos bloquearon el paso; ellos se bajaron y caminaron, yo busqué otra ruta, nos separamos. Llegué y fui hormiga en la fila hasta que me dejaron.

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en ciencias, arqueólogo, buzo profesional, literato, diseñador gráfico. Cursa la maestría en apreciación y creación literaria en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente. Escribe para Contralínea.

 

Anuncios
Hormiga en la fila

#Crónica: Los días después del sismo

FullSizeRender (19)

@cachobanzi

I

La alerta sísmica sonó segundos después del temblor. Masticaba un sándwich de roast beef cuando mi realidad cambió. De inmediato, la gente formó una larga fila para salir del café. Los meseros taparon sus uniformes negros con chalecos amarillos y daban órdenes. Intentaban calmarnos. Se suponía que estaría sólo un par de horas en la Ciudad de México, luego tomaría un camión que saldría hacia Puebla desde Insurgentes, a un lado del edificio de Conacyt. Mi destino era el V Seminario Iberoamericano de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación. Ahora estaba en medio del bulevar con un chingo de gente que seguramente experimentaba un flash back del 19 de septiembre de 1985. En sus ojos, en sus gestos, había una mezcla de miedo y asombro. El suelo nos sacudió el tiempo que quiso. Los edificios se retorcieron con el errático movimiento del piso y los cimientos tronaban. Ninguno cayó cerca de donde me encontraba y, por un momento, pensé estúpidamente que sólo se trataba de un temblor más de la Ciudad de México.

«Feliz aniversario», murmuré irónico.

FullSizeRender (18)

II

–¿Cómo estás? ¿ya contactaste a tu familia?– preguntó Guille, integrante del Departamento de Extensión y Divulgación Científica de Cibnor, quien también viajó para participar en el seminario. La pregunta iba dirigida a una de las meseras del café.

–Estoy bien. Aún no he podido contactarlos –contestó ella, con la tristeza atorada en su garganta y continuó atendiendo a la gente.

Había comenzado la segunda fase del desastre.

FullSizeRender (13)

III

Fué difícil dormir esa noche. No era por el ruido de los aviones o los helicópteros que sobrevolaban la ciudad. Tampoco por las sirenas que sonaron toda la madrugada. Era más bien la pinche incertidumbre que se metió en mi cabeza desde la tarde. Mi preocupación estaba justificada: trataba de dormir en un sexto piso, el lugar menos inteligente para quedarse. Las chicas de la agencia, encargadas de la logística para el traslado de los participantes del seminario, nos informaron que se había cancelado el evento y que sólo pudieron conseguirnos un cuarto para pasar la noche.

        Dejé entreabierta la ventana por si sonaba la alarma sísmica.

FullSizeRender (19)

IV

En la mañana del miércoles, un día después de la catástrofe, la agencia decidió llevarnos a otro hotel. Ya teníamos boleto de regreso. Sí, nos íbamos. A diferencia de la mayoría de los habitantes, nosotros podíamos tomar un vuelo y dejar atrás la experiencia. Regresaría a casa. Desde la habitación 620 del Hotel Fiesta Inn Viaducto me llamó la atención los grupos de ciudadanas y ciudadanos con cascos, chalecos naranjas, con picos y palas. Decidí bajar. En la esquina que da a dos bulevares principales, topé a unos jóvenes que caminaban decididos a ayudar. Uno de ellos dijo que en Xochimilco no había apoyo, por lo que decidieron parar a una patrulla y pidieron que los llevaran. El agente de la Policía de la Ciudad de México de inmediato accedió, pero solicitó a los entusiastas que no subieran muchos para no poner en peligro su vida y pararon a un pick up rojo. El conductor también accedió a llevarlos. Escenas como ésta se repetían en distintos puntos de la ciudad.

      El trabajo en equipo era un efecto de la catástrofe, que movilizó a miles de personas. Bastó caminar unas cuadras por el bulevar Insurgentes, a la altura de la calle San Luis Potosí, frente a la estación del metro bus Sonora, para darme cuenta de algo extraordinario: nos preocupábamos por el otro.

FullSizeRender (17)

V

Un ejército de civiles marchaba por las banquetas del bulevar Insurgentes Sur. También llegaban camiones retacados con mujeres y hombres. En el caos, el gentío actuaba como un gran cardumen con una sola señal: el puño arriba que, más allá de ordenar silenciar a todos, se alzaba como un estandarte de resistencia que los aferraba a sus anhelos por restaurar su vida. Las varillas retorcidas y el escombro los motivaban a caminar.

    Intentaban coordinar los trabajos, aunque era difícil por la aglomeración. Las órdenes las gritaban y transmitían de boca en boca desde un inmueble que los brigadistas creyeron que iba caer sobre la calle San Luís Potosí. Por la posibilidad de esa caída inminente, el bulevar estaba cerrado, pero algunos no entendían. El copiloto de una Suburban del año pidió, con la placa policial por delante, lo dejaran pasar. Charolear perdió sentido allí, y al hombre calvo no le quedó más que conformarse con el «no» de un joven de casco blanco, cubre bocas azul y camiseta gris.

     Más tarde observé que un soldado recriminó al mismo joven. No estuvo claro por qué el reclamo del cabo si el ciudadano trataba de coordinar a sus compañeros. Parecía exigir respeto por su uniforme. Le alzó la voz y preguntó encabronado: «Tú ¿quién eres?».

FullSizeRender (12)

VI

Una vez en casa, arropado por mis rituales cotidianos, por ella, estúpidamente creí que todo iba a estar bien, pero tras el sismo los días han sido duros. Pensaba que mi situación sería diferente a la de aquéllos que había visto en la calle, porque yo no vivo en la CDMX. Sin embargo, me di cuenta de que algo cambió en mí y los demás. El jueves 21 de septiembre de 2017 regresé a mi ansiada normalidad. Sentí latir la Ciudad de México y miré una herida desgarrándose: era una cicatriz histórica, abierta, que accionó redes sociales para brindar esperanza. La gente tomó en sus manos su presente e imaginó el futuro.

    Lo que viví, lo que experimentamos, es una sensación de indefensión parecida a la que provocó el huracán Odile, con la única diferencia de que el temblor llegó potente y sin avisar. Ese 19 de septiembre nos recordó que quien construye las reglas de nuestra “realidad” no somos nosotros sino que está determinada todavía por la naturaleza.

   Días después del sismo una amiga me envió varios mensajes de voz por WhatsApp. Yo le había enviado unos mensajes antes, el día del terremoto, preocupado. Esperaba una respuesta inmediata pero esa respuesta llegó hasta que estuve de vuelta en La Paz. Los escuché con atención. Me conmovió oír el suplicio que significó no encontrar a su familia en un principio.

      Imaginé el abrazo de saberse juntos, y ya no pude aguantar más.

 

 

#Crónica: Los días después del sismo

#Gonzolador: Las ignoradas presas de jales de Santa Rosalía

21754866_10159268889615147_2118056360_o

Rafael Murúa Manríquez

Una presa de jales con residuos tóxicos en Santa Rosalía permanece estoica ante la apatía de servidores públicos, sociedad civil y ambientalistas.

Tenía una hermanita feliz en ese inmenso paisaje coronado por vestigios industriales, pero el arroyo se la llevó al mar con su pesada esencia.

Los buzos cuentan que ese desemboque asemeja el fin del mundo en su imaginación, una estela de muerte tras el torrente inerte dejó en el mar que tocó. Costa negra sin luz ni vida como muestra del inframundo marino en el acuario del mundo.

Producto de un programa piloto en nuestro país el par de presas de jales que hoy se encuentran en desuso fueron responsabilidad de la LPF (Lixiviación, Precipitación y Flotación) y hoy son problema de todos los cachanos y sudcalifornianos.

Escuché de Susana Pacara, Comunicadora Quechua, del estado minero boliviano de Potosí, que las empresas mineras se llevaban en tren el mineral de su tierra, y cuando se acabaron el mineral se llevaron hasta el tren.

No hay una empresa que se resista a que se le dé el adecuado y cuidadoso trato a las toneladas de tierra contaminada que cohabitan Santa Rosalía en el paso de un arroyo colindante al Golfo de California.

Sin duda hay una alta concentración de metales pesados en los sedimentos de las costas de Santa Rosalía y debemos de tener especial cuidado con los residuos de la actividad minera, pero no solo de la que se encuentra activa.

Una de las presas de jales ya fue absorbida por la naturaleza, sin embargo todavía podemos librarnos de una. Es una tarea colosal, lo entiendo, más para eso tenemos un aparato gubernamental de las mismas proporciones que se debe de encargar de la protección de todos.

Espero demuestren con acciones de este tipo la preocupación por el pueblo que nos venden con fotos de entregas de despensas, desfajados, sin zapatos, ni maquillaje, con cachuchas que cubren el impecable corte de cabello más caro que el apoyo alimentario que pregonan. Ojalá.

Rafael Murúa Manríquez director de RadioKasha.

#Gonzolador: Las ignoradas presas de jales de Santa Rosalía

#LosCabos: Después de la tormenta, vienen los bisnes

Cochi

@cachobanzi

San José del Cabo y, en particular Cabo San Lucas, las construyeron en el lugar perfecto. La punta de la península tiene las condiciones ideales para el desastre natural perfecto para una urbe en el que los capitales viajan de lugares desconocidos. Las cruzan varios arroyos y ambas ciudades las destruye el vendaval, pero las rehace el capital a su antojo gracias al tránsito libre de dinero. Sin duda, el agua de la lluvia ayuda a lavar mucho más que las banquetas.

Las tormentas o huracanes no son un riesgo financiero para aquellos que urgen de deshacerse de volúmenes gigantescos de efectivo. Aquel inversor agresivo que pone su dinero en un fondo de inversión de alto riesgo, es decir, el interesado está dispuesto a ganar sin importar nada para obtener una alta rentabilidad en el menor tiempo posible. No sucede así para quienes pagaron una elevada prima de un seguro ante desastres naturales, porque sus inversiones son a mediano o largo plazo. Algunas empresas hoteleras o inmobiliarias a veces no ganan, pero sí las aseguradoras. Ya pasó una vez con el huracán Odile que hizo pedazos los edificios de endeble tablaroca.

No olvidemos a los grandes bancos mundiales que están listos a incentivar a los gobiernos latinoamericanos para crear un Fondo de Seguros para Desastres Naturales, con préstamos a 25 años con una tasa de interés que fija el British Bankers´ Association (BBA), con la finalidad de “reducir su vulnerabilidad fiscal frente a las catástrofes” (BID, 2011). Tampoco el codiciado Fondo Nacional contra Desastres (Fonden) que otorgan cuando se decreta zona de desastre.

En fin, podría seguir enlistando las formas de sacarle jugo a un desastre natural, pero es preciso señalar las serias irregularidades en el desarrollo urbano de las ciudades de Los Cabos que terminan con la vida de quienes las viven los 360 días año. En el caso de Homex construyó fraccionamientos que se vinieron abajo a causa de un arroyo en Chula Vista y Puerto Nuevo, son un claro ejemplo de cómo el sector turístico–inmobiliario están ligados. Al concretarse la venta, la desarrolladora se deslinda de lo que pueda sucederle a las personas que con sacrificio pagaron un crédito. Se levantan cada mañana para viajar a la ciudad en la que por unos cuantos pesos van a servir a los miles de turistas que llegan.

Las ciudades de Los Cabos reproducen la desigualdad pese a los millones de dólares que mueven. El negocio por encima de la vida. Al territorio lo trastocan hombres de cuello blanco muchas veces representados por mexicanos que intentan imponer una nueva territorialización mercantil que genera la expulsión de familias que no pueden rentar o comprar una casa cerca de sus lugares de empleo. Tienen que conformarse con sobrevivir en una zona de alto riesgo. El mismo presidente Enrique Peña Nieto explicó la razón: la alta plusvalía del destino turístico.

 “Lidia” dejó tras de sí la cadena de corruptelas que hay detrás de la construcción de una casa, la venta de un terreno o la edificación de hoteles en áreas de peligro. Reveló la frialdad con las que ciertos personajes ganan carretonadas de billetes. Desde lo local hasta las más altas esferas. Funcionarios públicos que son beneficiados por el poder económico, se convierten en empleados de grandes corporativos y olvidan su principal tarea que es la del estado: mejorar las condiciones de los habitantes. En cambio magnifican la vulnerabilidad de la ciudad ante desastres naturales en espera de un nuevo bisnes en la reconstrucción de un puente o el desarrollo de un nuevo bordo para desviar el arroyo y vender más terrenos.

#LosCabos: Después de la tormenta, vienen los bisnes

#Gonzolador: Morir en nombre de la paz

paz

Rafael Murúa Manríquez

Cuando se meten a robar a tu casa mientras duermes plácidamente y se llevan tu taladro y unos cuantos pesos, te despojan de la paz. Cual inocencia pueril la calma existe para ti una vez que la perdiste, y solo nostalgia sentirás al recordar lo que ya no puedes explicar. Perdiste.

   Pernoctarás nuevamente sin saltar de tu cama asustado por la sombra de un sonido, aceptando que te pasó y tal vez te volverá a pasar.

   Amanece linchada la humanidad tatuando a yakuzas a puño y letra, con sangre entra la letra muerta y festejan al asesino que no se dejó robar. Levantón nombramos al secuestro sin pedir rescate, al homicidio con estaciones, al viaje invariablemente sencillo, ¡y lo celebran! ¡Que muera el ladrón en nombre de la paz!

   La marcha del triunfo ambienta la cena de pingüinos empollando un sexenio. En un vaso jaibolero, sangrita, coca, soda y unicel marino se agitan rigurosamente. Un pericazo por cada fosa clandestina. Mastican nuestra vida pero no la tragan, solo piensan en preservar la especie de estremecimiento al saber que cuesta más apagar un enemigo que prender un cohiba que nosotros pagamos, porque en el año de Hidalgo dejarán de matar y pagaremos también la tregua.

¿Qué ratero merece la muerte? El pueblo vive en la pena capital.

   Quieren que maten y se les antoja, porque no hay de otra. Nada funciona. Tomarán la justicia en sus manos, la ley nos abandonó y ejecutan al malo. Al que duerme sereno después de cenar, que barrena con las manos lisas y que en un día gasta tu quincena. No era rico el primero más jodido que él estaba prendido del hielo mientras come perro.

Ya van 600.

  Piensa: ¡Que bueno! Ya los balazos no alteran al pueblo, mejor lo quemo y lo tiro cerca de un basurero, no dentro, que nadie con cámara ahí lo verá, necesito que recuerden para qué me eligieron, para protegerlos de tanta maldad.

  Desean que les robes a los policías, que maten a los sicarios, que violen a las frígidas, que no cojan los putos, que las putas tampoco. Harán campaña en planilla con el hambre y el miedo y ni un humano ganará en las urnas cenicientas de zapatillas granuladas. Son nuestro pan de cada día.

  Yo solo espero que la pax romana no suene tan fuerte, tan cerca, intermitente, constante, vigente, que siempre me asombre y nunca separe.

Rafael Murúa Manríquez es director de RadioKashana.

 

#Gonzolador: Morir en nombre de la paz

#LaCuchara “Seguridad” y democracia en Sudcalifornia

FullSizeRender (7)

Sandino Gámez

 

La situación actual de México y Baja California Sur puede comprenderse como producto de una larga historia de corrupción en las élites gobernantes, especialmente en los últimos treinta años. Han sido muchas décadas en que el servicio público parece una función no para servir al pueblo, sino para “dar empleo”, cooptar cómplices o enriquecer “legalmente” a individuos o grupos económicos y políticos.

   Cuando un funcionario o empleado público, federal, estatal o municipal, conoce el valor de su trabajo ante la comunidad, la persona que cumple una función pública decidirá la mayoría de las veces del lado de su concepto de colectividad. Decidirá en función de lo que considera es el interés social. Incluso en los actos de corrupción, el funcionario corrupto decide en ese sentido: el dinero público es de todos, “como es de todos no es de nadie”, “mejor yo que otros como yo”, “es el sistema”.

   En nuestro país y en nuestro estado vivimos un drama diario producto de una crisis política, social, institucional, ambiental y económica.

   La muerte o desaparición de casi medio millón de personas en la última década por una violencia sistemática y la absoluta falta de representatividad popular de los partidos políticos y la clase gobernante han llevado al descrédito a las instituciones públicas federales, estatales y municipales.

   El Partido Revolucionario Institucional o el Partido Acción Nacional podrían ganar en 2018 nuevamente la presidencia de la república o la gubernatura del estado o la presidencia municipal de La Paz y no habría más que una profundización de esta grave circunstancia, para sufrimiento de millones de mexicanos y de cientos o miles de sudcalifornianos. Pero en los medios de comunicación escucharíamos una narrativa diferente a la realidad, una narrativa como la presente, en la que se destapa una trama corrupta tras otra sin que los responsables y los corresponsables sean sancionados.

   El presidente Calderón dijo que iba a hacer una “guerra contra el narcotráfico” y colocó a la Marina y el Ejército en las calles. Peña Nieto continuó con la “estrategia”. El resultado comprobado ha sido un aumento terrible en asesinatos y crímenes. México y Baja California Sur están sumidos en una violencia social creciente. El sentido original para todo este sacrificio de vidas humanas y recursos de la nación se resumía en la frase “para que la droga no llegue a tus hijos”. El resultado, comprobado, es que en el mismo periodo de esta “estrategia de seguridad” lo que se ha tenido es un mayor consumo de drogas legales e ilegales.

  ¿Quién quiere que haya mayor consumo de drogas legales e ilegales en México y Baja California Sur? ¿Quién quiere que haya asesinatos, crimen y violencia en nuestro país, nuestro estado, nuestros pueblos y ciudades?

  Para detener la actual violencia del crimen organizado en Baja California Sur, el gobierno de Carlos Mendoza Davis ha dado varias explicaciones que deben ser analizadas en su conjunto.

  En los primeros meses de su gobierno contestó en Los Cabos a un ciudadano con su hija en brazos, que la causa de los asesinatos del crimen organizado en Baja California Sur está al interior de las familias.

   Más adelante el gobernador sintetizó ante los reporteros de la fuente que la estrategia de seguridad de su gobierno era una “medicina”. Poco después, triunfalista ante la captura de un jefe de sicarios, dijo que la “medicina” es la “adecuada” y que sólo había que “aumentar la dosis”.

   Desde que Mendoza Davis se expresara así ha habido tantos asesinatos, cada uno más terrible que el anterior, que son preocupantes las declaraciones más recientes del gobernador sobre seguir aumentando “la dosis”.

  El pueblo sudcaliforniano no es un pueblo enfermo. Tal vez la clase política y gobernante sí esté enferma. Las declaraciones del gobernador dan una idea de ello.

  La clase o grupo gobernante carece de una visión integral de la sociedad sudcaliforniana y está cerrada a la crítica, así sea constructiva. ¿De qué otra manera si no como una enfermedad se puede entender la repetición constante en los subordinados del gobernador de este mismo criterio que culpa a la población de los males que acontecen en nuestro país y estado?

   Los dos más altos responsables directos de la seguridad y la impartición de justicia en Baja California Sur en fechas muy recientes han proyectado esta idea con gran nitidez.

   Erasmo Palemón Escamilla, el “procurador de Justicia” de Baja California Sur (que en otros países latinoamericanos llaman defensor del pueblo) acusó recientemente de “afrenta a la función del Procurador General de Justicia” el dar un “informe detallado” de su actuación nada menos que a la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

    Por otra parte, el subsecretario de Seguridad Pública de B.C.S., Ismael Sigala Páez, dividió a la mitad el fenómeno de la corrupción, declarando que “el cincuenta por ciento de la corrupción está en el ciudadano” y la otra mitad “está en las instituciones”.

    ¿Son corruptos a la mitad los funcionarios y empleados públicos sudcalifornianos? ¿Se debaten el gobernador y sus secretarios y subsecretarios de estado, a la mitad, entre la corrupción y la honestidad? No podemos creer que la mitad del comportamiento de los altos responsables de la política, las finanzas y la seguridad de Baja California Sur sea tendiente a la corrupción, y que este funcionariado y cargos electos sólo estén esperando, como en el lance de una moneda al aire, la vinculación con un ciudadano corrupto para realizar un acto de corrupción.

   (Es fácil comprobar que la proporción de acciones corruptas entre los integrantes del pueblo sudcaliforniano es muchísimo menor, casi inexistente, a la que sucede entre los funcionarios sudcalifornianos, en el sentido que ha declarado el subsecretario Sigala. También es fácil comprender que este gobierno no hará nada por mejorar las instituciones sudcalifornianas, pues casi al concluir una tercera parte de su periodo de administración no ha indiciado, acusado o detenido a ningún funcionario o ciudadano corrupto, de ahora o de administraciones anteriores. O el grado de impunidad es de cien por ciento o vivimos en un estado con menores índices de corrupción que en Japón o Suecia.)

  Lo que vemos en este gobierno es una ignorancia casi absoluta sobre las particularidades del pueblo sudcaliforniano, así como una gran insensibilidad y prejuicios sociales muy profundos, especialmente en la persona del jefe del ejecutivo estatal. Sus declaraciones públicas lo demuestran de continuo.

    ¿Conviene llamarles al debate, a la discusión pública de estos asuntos? Por ejemplo, si en la casi totalidad de la población hay una carencia de conocimiento sobre derechos, leyes y normativas: ¿cómo puede ejercerse una responsabilidad en el desconocimiento de ella? ¿Quién es el responsable de este desconocimiento? ¿El ciudadano que nace, se desarrolla,  alcanza la mayoría de edad y vive sin tener acceso a las fuentes de cultura cívica de su comunidad? ¿Quién es el responsable entonces? ¿Las instituciones, el Estado sudcaliforniano y el Estado nacional? No. Estas entidades se crearon y se proyectaron precisamente para garantizar el acceso de todas y todos a los derechos, y para distribuir entre todos, también, las obligaciones.

   Las instituciones existen. Pero sus funciones no se realizan o no se realizan bien. ¿Quiénes son los responsables entonces? ¿Qué no se nombran personas específicas responsables para ello?

    En Baja California Sur es inadmisible que estos responsables sean quienes acusan a la población sudcaliforniana de generar la violencia social y propiciar la corrupción.

   Los sudcalifornianos no somos responsables de los asesinatos, el aumento en el consumo de drogas legales e ilegales ni la violencia en nuestras comunidades. Tampoco del desprestigio, desconfianza e inoperatividad de las instituciones de gobierno.

   Somos responsables de elegir o mantener a quienes legalmente, constitucionalmente, son los responsables de arreglar los problemas públicos.

 Esto continuará de manera cada vez más esquizofrénica, hasta que el pueblo sudcaliforniano tenga las herramientas constitucionales para obligar a renunciar a cargos electos o funcionarios que incumplen sus promesas de campaña o son incapaces para realizar efectivamente el propósito de servicio público para el cual han sido designados.

   Continuará mientras el aparato público esté manejado por un cincuenta por ciento de corrupción y sólo un cincuenta por ciento de honestidad. Mientras los servidores públicos sean nombrados y removidos por motivos políticos, electorales y partidistas, en lugar de contar con una carrera de méritos con reglas claras para nombramientos y ascensos.

   En fin, continuará mientras la clase política sudcaliforniana no se renueve con políticos ciudadanos de a pie, que consideren los cargos de elección popular una obligación cívica, temporal por pesada, obligatoria por urgente.

   ¿Quién más va a venir a resolver los problemas sociales de los sudcalifornianos? ¿Funcionarios o gobernantes venidos de fuera, como los actuales?

 

#LaCuchara “Seguridad” y democracia en Sudcalifornia

#ALVTurista: De la falsificación de documentos al espectáculo mediático

John4

Nuria Gil / Sergio Reynaga

Comité Groucho-Marx, comediantes comprometidos

 

El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido.

Groucho Marx

I

 

Buenas, Jóvenes y jóvenas, nos volvemos a poner en transistores. El espectáculo y sus decorados, en sus formas más sofisticadas, se nos presentan como formas asumidas. Naturalizadas para el desplazamiento cotidiano de las poblaciones. Sin embargo, el ensamblaje de utilería y escenario, supone cada vez más un ejercicio ridículo. Aunque por estúpido, no deja de ser violento. ¿Turi o espectador?, ¿Qué relación hay entre no implicarse con los dolores del mundo y la exigencia de paisajes idílicos? El poder no tiene ética, decimos pues, que la situación de injusticia social, solo puede ser inducida por las tontas.

     Por otra parte, “poder hacer, poder decir”, quizá sea también un grado importante de responsabilidad, aunque la palabra luego se sienta como un huizapol en el pie. Los desplantes de autoritarismo suscitados desde el inicio de la administración en estado crítico de la imponente figura del gobernador Carlos Mendoza, (¿no les recuerda un poco al pingüino de batman regresa? de eso hablaremos en la siguiente entrega) son un arcoíris en colores pastel. Se abre el telón, sale un político de oficio con una propuesta de ley, que garantiza al capital privado la oportunidad de pasar por alto las necesidades de la población y por supuesto la posibilidad de realizar sus proyectos sin restricciones de ningún tipo, con la promesa de transformar sus pérdidas en deuda pública ¿cómo se llamó el chiste? La ley Mendoza en un pueblo sin gente, con todo lo que eso implica. Como si el cuadro no estuviera de por sí caliente, con la guerra del narcotráfico, el incremento de las muertes, y la militarización de la ciudad, pudimos ver como se atentaba contra los pescadores de la cooperativa Punta Lobos, a punta de granaderos, (cuicos entrenados para propinarte una chinga), más aún, el intento de despojo, en un desprecio descarado por las estudiantes sudcalifornianas en la Ciudad de México, en el caso de la AESM y la casa del estudiante. Con saña y maña, nuestros sapientísimos administradores nos dicen: Pues esa madre se está cayendo, igual y la palomilla ni la ocupa bien, además, somos a toda madre, los vamos a salvar de su espacio histórico, porqué quizá si lo vendemos, ustedes que son profesionistas del mañana, puedan darnos un mejor presente, ¿se acuerdan que nosotros les dijimos vivir mejor, pero en un mejor futuro? Pues el futuro no es hoy, si no mañana o pasado, mijitas. Y si se vuelven a organizar por los golpes económicos que el neoliberalismo nos exige dar, pues les volvemos a sacar a los granaderos. Y sí, así fue con los camioneros durante las manifestaciones contra el gasolinazo. Nosotras pensamos que la clase política entera se compone de turis, no habitan ni procuran el territorio, la salud ni el respeto a los pobladores. La búsqueda de la vida plena, para ellas, consiste en apañar lo que se pueda mientras quede algo. Desde lejos watchamos con tierna pero filosa ironía, la inmoralidad de sus sueldos y sus discursos tejidos de mentiras, allá lejos, porque señoras y señores: nosotras no les creemos.

Hay otra cosa que quisiéramos sumar a lo que nosotras llamamos: las perlas del desprecio: la guillotina política a través del linchamiento mediático contra John Moreno, el abogado de los pescadores movilizados en Todos Santos, y contra Joella Corado. Pensamos que sí, como se ha dicho ya, es una amenaza a la movilización política organizada, que se opone a los planes de socialización de la miseria y generalización del despojo a beneficio de los dueños del dinero. Aunque más curiosa nos resulta, la estrategia utilizada por los turis, que va desde la falsificación de documentos utilizados como pruebas para su detención, a las ridículas irregularidades en los procedimientos, tal forma de secuestro político nos parece arcaica, aunque para nada extraña. El papel del espectáculo mediático al servicio del montaje institucional será clave para la aplicación de la fuerza pública (o privada): la posibilidad de vivir mejor está aquí ¿pero para quién? Mientras ellas amasan fortunas despojando a nuestra comunidad, a lo hacha, las fauces jurásicas del monstruo político neoliberal, continuaran el pique contra la vida y la dignidad. La simulación mediática es hoy la única garantía de legitimidad para el gobierno de turis, sin embargo, pareciera que su desmantelamiento sólo necesita de que pushemos poquito, una madrecilla nomas pues… pero juntas.

Fin del primer acto.

II

Dentro del afán por revalorizar el vasto suelo mexicano, encontramos una nueva categorización solo para unos pocos pueblos afortunados y merecedores de tal etiqueta: la de “Pueblo Mágico”. El país ya cuenta con 111(y subiendo) de estas localidades y sus respectivas promesas gubernamentales, tanto para los habitantes  de esos hermosos lugares como para el visitante, ese “turi” que espera una alternativa fresca, que quiere escapar de su cotidianidad, de su hastío, para sentirse inmerso en otras costumbres, en otras prácticas pero sin percibir que se trata de un parque de atracciones. De un decorado. Se abre el telón, comenzamos y se repite, se repite un día tras otro pues esa autenticidad que se espera del local no es más que la repetición diaria para contentar a dicho espectador. Digamos que en esta obra el director es el capital, con el cargo de subdirector encontramos a los organismos gubernamentales, tenemos también a los actores con sus diferentes papeles: principales, secundarios, suplentes, las que forman parte del decorado (¿recuerdan al niño pasto, o al niño acento?) y por supuesto, las que no pueden faltar: las espectadoras. Y así manteniendo a cada una en su lugar, todo bien ordenadito y delimitado, todas podemos estar tranquilas, sobretodo algunas, aquellas que van con el equipo vencedor.

        Según la Secretaria de Turismo de este nuestro estimado Gobierno, las características que debe cumplir un Pueblo Mágico para ser nombrado como tal y ser revalorizado (económicamente aunque lo disfracen  histórica y culturalmente) exigen contar, con atributos únicos, simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes, cotidianidad, magia que te emanan en cada una de sus manifestaciones socio-culturales, y que significan hoy día una gran oportunidad para el aprovechamiento turístico atendiendo a las motivaciones y necesidades de los viajeros. Pues un Pueblo Mágico se define como un pueblo que a través del tiempo y ante la modernidad, ha conservado, valorado y defendido, su herencia histórica, cultural y natural; y la manifiesta en diversas expresiones a través de su patrimonio tangible e intangible (querido lector esto lo puede encontrar aquí http://www.sectur.gob.mx/wp-content/uploads/2014/10/GUIA-FINAL.pdf ).

Hasta ahora parece un plan perfecto de conservación y mantenimiento de las prácticas histórico-cuturales y la economía local. Queridas y queridos, tenemos la gran suerte de encontrar en Baja California Sur dos de estos Pueblos Mágicos, Loreto y Todos Santos. Y después de esta larga introducción, y de intentar hilar esta serie de acontecimientos que hasta parecieran aislados, hablemos un poco de Todos Santos. Pues este hermoso pueblo, cumple con todo lo citado anteriormente. Es más, allí conviven felizmente foráneos que ya son locales, artistas, pescadores, agricultores, locales que parecieran foráneos, visitantes, “turis”, naturaleza, cultura e historia. ¡Un momento!, ¿hemos dicho pescadores?, ¡uy! pues creemos que ellos y sus prácticas socio-económicas, su cultura y su historia no tienen cabida en un Pueblo Mágico, por lo menos  no en Todos Santos, creemos que los turis dirigentes, pensaron: pues como la lista es larga si retiramos solo a un pequeño grupo de esta conformación de categorías nadie lo notará. Y así, desacreditando lo expuesto con anterioridad, es como comenzó el megaproyecto de Tres Santos, esa maravilla “ sustentable y ecológicamente responsable”, que dará trabajo a los que anteriormente ya tenían trabajo (xdxd) y que en un futuro será parte de la dinámica local, suponemos que esperan que el ya inaugurado hotel boutique San Cristóbal y el proyecto que pretende ocupar una superficie de 414 hectáreas, en las que se construirán 4.472 viviendas (cuyo precio oscila entre los 400,000 y los 900,000 dólares), tres hoteles, áreas comerciales, un huerto “orgánico comunitario”, un club de nado privado, el “Centro Universitario Todos Santos” de Colorado State University y una planta desalinizadora, pase desapercibido en un pueblo de 5000 habitantes. Hasta ahora, nosotras pensábamos que el acuífero de Todos Santos presentaba déficit, quizás de donde beben 5000 puedan beber otros 10,000, pues solo es agua. Todo esto exige que los pescadores se acostumbren a sus nuevos trabajos, y los conviertan en las prácticas cotidianas de las que hablábamos al principio, que nadie recuerde la playa Punta Lobos, el mangle y a los pescadores. Que el caso de John Moreno y Joella Corado sea recordado como un caso de despojo legal (y entre ellas además), que no se relacionen sus nombres junto al de los pescadores, la lucha por la preservación de su playa y las prácticas que durante generaciones se han llevado a cabo allí. Pues ahora pongámonos un poquito serias: hay que vincular los nombres de Black Creep Group, conocida como Mira Companies (su filial mexicana) y Tres Santos, pues como la “Santísima Trinidad” son tres en uno. A esos nombres hay que relacionarles el despojo a los pescadores, la pérdida completa de un ecosistema y su consiguiente transformación, la pérdida de las prácticas socio-económicas y culturales, la pérdida de toda la dinámica socioambiental y el encarcelamiento (secuestro) de John Moreno y Joella Corado. Esto llevado a cabo con el apoyo gubernamental y la autoridad (in) competente, bajo concesiones para uso de suelo y agua de SENMARNAT y OOMSAPAS, organismos que velan tanto por el ecosistema, como por sus pobladores. En fin, desde que inició el proyecto de Tres Santos hemos disfrutado de tres partidos políticos de color y nombre diferente al mando, aunque las políticas son muy semejantes, ¿No parecen el mismo perro con distinto collar?  Es tal la incongruencia que hasta parece un mal chiste.

Por último, nosotras las militantes del comité Groucho Marx, comediantes comprometidas, queremos pedir una disculpa por haber hablado con más seriedad esta vez. Les contamos: al chile, hace mucha calor, y cuando el infiernito nos abraza de tal manera, a una no le queda más que cagar el palo, o en su defecto pasearse por alguna tienda departamental (chale) con aire acondicionado, aunque también nos podríamos hacer pendejas por el malecas, para hacer como que no pasa nada, loca. Pero como no podemos pasearnos por la tienda o bajar al malecón, pues nos pusimos a cagar el palo… Esperamos ofrecer más risas en la próxima entrega. Bueno pues… nos watchamos al rato, palomilla, se bañan.

Fin del segundo acto

Pd: Afirmamos que el gobernador y todos sus secuaces son turis. Por si no quedó claro.

#ALVTurista: De la falsificación de documentos al espectáculo mediático