Raspones presidenciales

EPN

Roberto E. Galindo Domínguez

La indolencia de los políticos mexicanos es abrumadora y aterrorizante. Lo mismo que muchos comentaristas, que se pavonean de sesudos intelectuales y amplios conocedores de la realidad nacional, cuando abren la boca escupen intolerancia y desprecio. Hace unos días reflexioné sobre la equiparación que el “periodista” Carlos Marín hizo entre muertos y baches durante la entrevista a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que ha causado revuelo en las redes; aducía Marín que para el Presidente de la República Enrique Peña Nieto los unos como los otros tienen el mismo valor: nada o muy poco; ya que en su concepción de las responsabilidades del Presidente no está saber cuantos baches tienen las carreteras, como tampoco está saber la cifra de muertos causados por el crimen. Marín intentando defender a Peña Nieto por su profunda ignorancia de las problemáticas sociales del país, en lugar de ayudarlo lo ridiculizó aún más de lo que Peña ya ha hecho por mostrarse como incompetente e indolente.

            Quién puede saberlo, tal vez Peña Nieto sí lleva la cuenta de los decesos no naturales causados por la “guerra contra el narco” iniciada por Felipe Calderón y continuada por él. Y más cuando se siguen acumulando asesinatos de civiles inocentes a manos de militares de nuestras fuerzas armadas –el más reciente caso de la familia atacada por miembros de Marina en Tamaulipas es sólo uno de tantos–. Tal vez de los daños colaterales provocados por los gobiernos federales prianistas mediante los militares sí lleve las cuentas claras. Quién puede saberlo, tal vez Peña Nieto no lee muchos libros, pero sí está al tanto de las estadísticas, ahora que los anuncios del gobierno federal nos conminan a hacer bien las cuentas de los logros y descalabros de su administración. Pero mientras AMLO no lo llame para preguntarle sobre nuestros muertos o Javier Sicilia no lo increpe antes de besarlo, creo que nadie lo hará, ni el “periodista” de Milenio, pues no lo considera prudente y necesario. Pero sin duda Carlos Marín ya le acomodó un raspón más al Presidente, daño colateral ocasionado por su brillantez periodística basada en su férrea defensa de lo indefendible.

            Es así que los políticos exponen su “pensamiento” cuando hablan. Son figuras públicas cuya opinión es relevante para todos los mexicanos, que debemos estar pendientes de sus “disertaciones” y actos, ya que de ello depende nuestra forma de vivir, incluso cuando somos apolíticos o apartidistas; pues de cualquier manera, por inmaculados que nos creamos de cualquier rozadura que nos pudiera dar la política, todo lo es y vivimos o sobrevivimos, aunque sin darnos cuenta, inmersos en ella. Y cuando los políticos hablan, ¡cuidado!, por que externan su forma de ser, de pensar, sus filias y fobias, y ponerles atención nos puede permitir un momento de iluminación y en razón de ello definir nuestras elección electoral, con la que tendremos el riesgo de sufrir seis años más o de mejorar nuestro umbral de vida.

            Hablando de políticos que mejor ejemplo que el del Presidente de la República, quien en entrevista con la periodista Adela Micha en el foro Impulsando a México (https://www.youtube.com/watch?v=f3vdBr4EtjU)  dijo algo emblemático sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), como consecuencia de la discusión que entorno a la nueva terminal aérea desató AMLO tras proponer una escrupulosa revisión de todos los contratos involucrados en su edificación y para su operación, sobre los que se percibe nepotismo, amiguismo, influyentismo y todos los posibles ismos derivados de la tradicional corrupción priísta a la que Peña y sus correligionarios nos tienen acostumbrados; y en su caso la clausura del proyecto por corrupción, inoperatividad y daño medioambiental a la zona de lo que queda del Lago de Texcoco. Todo relacionado macabramente por Peña con la inversión que se ha hecho en el NAICM con dinero de la Administración de Fondos para el Retiro (Afore) es decir con el dinero que los trabajadores ahorran para su retiro.

            Lo que Peña Nieto dijo sobre la “posible” cancelación del NAICM y sus consecuencias es: “…yo creo que el proyecto del aeropuerto está construido al amparo de un diseño institucional y está anclado sobre elementos financieros y de mercado que suspenderlo, yo creo que me parece sería de un altísimo costo para el país y de altísimo costo para quienes han invertido, y quiénes han invertido, los mexicanos, los fondos de pensiones que tienen resguardado el dinero de los trabajadores están invertidos en el aeropuerto, si tú se los cancelas le vas a dar un raspón muy fuerte a los ahorros de los trabajadores…” Yo quiero creer que esos mecanismos financieros y de mercado a los que se refiere Peña Nieto no permitirán bajo ninguna circunstancia, incluida la cancelación de la fastuosa terminal aérea –cada vez y extrañamente se incrementan sus costos de edificación–, que los trabajadores pierdan sus ahorros; pues eso lo debieron garantizar la Afore, y los que diseñaron el proyecto del NAICM, sobre todo en la parte financiera. Sin duda el resguardo de los ahorros de los trabajadores es del gobierno federal, de EPN y de todos los funcionarios priístas y empresarios –incluido Carlos Slim– involucrados en el NAICM.

            Lo más preocupante de lo dicho por Peña Nieto es: “…si tú se los cancelas le vas a dar un raspón muy fuerte a los ahorros de los trabajadores…” Con esa frase Peña se nos muestra tal cual es: un “Presidente” que no ha sabido defender la soberanía nacional, que ha sido incapaz de disminuir la pobreza, que ha sido tan incompetente que durante su gestión no disminuyó la violencia criminal y por ende los asesinatos de criminales e inocentes. Pero es lógico, ¿cómo hubiera podido hacer algo para cambiar el rumbo de México para bien, si es incapaz de impedir que sus trabajadores sufran raspones.

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en apreciación y creación literaria, M. en C., literato, arqueólogo, diseñador gráfico. Cursa el doctorado de novela en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente. Escribe para Contralínea.

 

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Raspones presidenciales

#LaCuchara: La renovación democrática desde el municipio libre

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Sandino Gámez

 

En Baja California Sur, como en el resto de México, existe una crisis de credibilidad sobre las instituciones públicas, la clase gobernante, los partidos políticos y la misma idea de la democracia.

  Esta crisis se refleja no sólo en la baja participación ciudadana en los procesos electorales, sino también la indiferencia de los ciudadanos sobre las acciones de gobierno y el estado de salud de las instituciones, las cuales se han deteriorado profundamente en las últimas décadas.

    La misma palabra “política” o “políticos” tiene una connotación comúnmente negativa, al grado de ser asociada directamente con la corrupción, el fraude o el robo de los recursos públicos.

   ¿Cómo recuperar (o generar) la confianza de los ciudadanos en sus instituciones y, en especial, en la política y la democracia?

  En primer lugar, es necesario garantizar que los representantes populares sean verdaderos representantes. En democracia eso sólo se consigue de manera esencial mediante su elección directa, así como sometiendo sus decisiones de mayor influencia social al escrutinio público.

    En México, la Constitución Política federal establece al municipio libre como la base jurídica organizativa territorial de nuestro país. En Baja California Sur, esta estructura básica carece de representación directa de la población en el ayuntamiento, pues el ciudadano sólo tiene acceso a votar por el presidente municipal.

    Los regidores, los integrantes el cuerpo colegiado que compone el cabildo y deciden por votación todos los asuntos de competencia municipal y que afectan de manera más directa al ciudadano, se registran en una fórmula que el ciudadano sólo conoce si da vuelta a la boleta para votar al presidente municipal.

     Así, tanto los regidores electos carecen de relación con el votante como el ciudadano carece de relación con sus supuestos representantes, quienes una vez instalados en el ayuntamiento deciden asuntos de suma gravedad, como la privatización del espacio público, la administración de los servicios públicos, las licencias de alcoholes o la planeación territorial y urbana.

    Una regiduría es el cargo de elección popular que influye de manera más directa e inmediata en el ciudadano, además de ser el primer escalón de un político de carrera. ¿Por qué entonces no tiene una relación directa con los ciudadanos a través del voto?

   Hemos visto en Baja California Sur diversos ayuntamientos cuyos regidores han funcionado más como agentes o empleados de empresas privadas o de grupos de interés privado. Sin embargo, dadas las reglas políticas actuales, han actuado con total impunidad, sin contar siquiera con un castigo político por sus acciones.

      Así, para renovar la cultura política de nuestro estado, dar representación política a los ciudadanos en el nivel más básico de gobierno y comenzar a cultivar la confianza del ciudadano sudcaliforniano la democracia, proponemos dos reformas a la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Baja California Sur:

      Uno. Elección directa por mayoría relativa de los regidores mediante subdistritos, en boleta diferente al presidente municipal, conservando la representación proporcional para las primeras minorías.

      Dos. Revocación o refrendo del mandato a la mitad del periodo de todos los cargos electos por voto popular en el estado y los municipios, con excepción del gobernador. Esto bajo el principio de que el voto ciudadano es un voto de confianza hacia el cargo electo y que, por lo tanto, el ciudadano debe poder retirarlo en el momento en que la ha perdido.

     ¿Quién puede estar en contra de estas propuestas para renovar la cultura política de Baja California Sur?

  Por supuesto: una parte importante de las cúpulas partidistas (de todas las denominaciones) y los grupos de poder fáctico, político o económico. Lo común es que las regidurías se utilicen como mercancía de cambio para obtener apoyos políticos o económicos.

  La revocación o refrendo de mandato es impensable que vaya a ser aceptada con docilidad también desde las cúpulas de los partidos políticos o grupos dominantes: existe la plena certeza en ellos de que el ciudadano debe aceptar que su participación se reduce a ir a votar cada tres años por quienes ellos han decidido que elija.

   Así se expresa también esta clase política y gobernante en el sentido de que es una “regla de la democracia representativa” que los cargos electos no tienen por qué cumplir sus promesas de campaña ni preguntar a sus representados en los asuntos que les atañen.

   Sin embargo, en Baja California Sur las propuestas de elección por voto directo de los regidores y la revocación o refrendo de mandato son factibles de llevarse a cabo mediante iniciativas ciudadanas gracias a los mecanismos establecidos por una nueva Ley de Participación Ciudadana de Baja California Sur recién promulgada.

  Ésta indica que si 1.5 por ciento de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral estatal manifiestan por escrito su apoyo a estas iniciativas, el Congreso del Estado las debe recibir y discutir en su pleno. También la referida ley contiene los mecanismos de plebiscito para la promulgación de leyes o cambios constitucionales, de tal manera que incluso si los diputados estatales se resisten a aplicar estas herramientas tan naturales en una democracia los ciudadanos pueden obligar a su instauración, también, por la vía del voto.

   Ninguna de estas medidas es de aplicación sencilla dadas las costumbres, los vicios y la negativa expresa de las cúpulas partidistas, la mayoría de los políticos en cargos electos y, particularmente, los gobernantes actuales de Baja California Sur, pues son renuentes a abandonar el monopolio del poder público.

   Pero los ciudadanos sudcalifornianos tienen que considerar, especialmente en la crisis actual que vive su estado, si están dispuestos a quedarse cruzados de brazos viendo el deterioro o la destrucción completa de sus instituciones de gobierno, los servicios públicos y la credibilidad de la democracia electoral.

   Aquí conviene que el ciudadano sudcaliforniano recuerde las palabras del sabio Hillel, aunque hayan sido acuñadas hace dos mil años en el distante país de Palestina: “Si no somos nosotros, ¿quién? Y si no es ahora, ¿cuándo?

 

sandinogamez@gmail.com

#LaCuchara: La renovación democrática desde el municipio libre