19S, la tragedia que perdura

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Fotos del colapso de Álvaro Obregón 286, CDMX.

Roberto E. Galindo Domínguez

La desdicha del sismo se prolongará durante semanas, meses y más, estará en nosotros muy presente cuando se lleven a cabo las elecciones presidenciales del 2018. No habrá pasado, espero, suficiente tiempo para el olvido, no serán 32 años, tan sólo unos meses. Una herida que tasajeó el corazón del país y que nos ha recordado cuan diminutos somos, pero también cuan fuertes nos erigimos unidos. Esta tragedia es hoy por cuestiones mediáticas, por las redes, por la solidaridad selectiva que ejercemos como sociedad, la más dañina, no en cuanto a decesos o destrucción respecto de otras que recientemente han asolado al país, sino la más lacerante en cuanto al ánimo de la sociedad, y más aún cuando se dio en el 32 aniversario del temblor más devastador de México, muchos ciudadanos hemos recordado en la carne los daños mortíferos de 1985.

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            Debe ser esta sacudida telúrica motivo de unión, pero también de traer a la palestra periodística y ciudadana toda la crítica posible sobre funcionarios e instituciones para indagar en todos aquellos actos de corrupción y/o violatorios de las normatividades que hayan resultado en la pérdida patrimonial de cualquier persona y en todas y cada una de las muertes, que aunque hayan sido consecuencia inmediata del sismo, pudieran tener un origen en la tergiversación o interpretación laxa de la ley para la edificación de los inmuebles que se derrumbaron y de aquellos que fueron tan dañados que deberán ser demolidos. Debe ser el sismo del 19 de septiembre de 2017 tan trágico física y emocionalmente para que lo tengamos presente día a día de aquí a las elecciones de 2018, y en adelante, en cada acto de política que nos requiera como ciudadanos, sobre todo cuando los políticos de cualquier partido nos pidan el voto. Tengamos presente que la corrupción, el amiguismo y el clientelismo resultan en tragedias humanas, que no es sólo la fuerza de la naturaleza la que mata; si no ¿para qué sirve ser hombre?, ¿para qué nos sirve ser sociedad y valernos de la tecnología y el razonamiento?, si por unos pesos cualquier empresario y político pueden perder el sentido común y privilegiar la ganancia económica sobre la seguridad de la vida.

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            El sismo que batió la capital, Morelos, Puebla y el Estado de México debe recordarnos las otras tragedias, naturales y antropogénicas, que han asediado al país desde hace décadas y que ninguno de los últimos tres gobiernos federales han sabido resolver, hablando ya de la materialización de los daños en pérdida del patrimonio y generación de muertes; pues podríamos remontarnos más atrás a los orígenes económicos y políticos que han degenerado en la avasallante corrupción que invade todos los niveles y órganos de gobierno, así como a gran parte de la sociedad. Comportamiento tan acendrado en los mexicanos que se ha vuelto parte de la cotidianeidad, y lo soportamos e incluso participamos de este hasta que se nos viene un maremágnum como el del 19 de septiembre y reparamos en que muchas vidas tal vez se hubieran salvado si tal o cual funcionario no hubiera dado uno o dos permisos de construcción “chuecos”, o si en la delegación se hubiera respetado la normatividad de construcción y no se hubieran erigido edificios de más niveles que los permitidos, o si la compañía constructora hubiera empleado los materiales adecuados, o si el jefe de esa dependencia hubiera estado calificado para el cargo tan importante que se le asignó, tal vez si su formación académica tuviera que ver con la tarea que decía realizar, pero como era el amigo del presidente, del jefe de gobierno o del director de la institución pues le dieron la “chamba”. Y entonces nos quedamos con el “hubiera” como máxima expresión de resignación e impotencia y con frases como: ¡Se pudo haber evitado!”, que nos lacerarán como sociedad tal vez durante mucho tiempo, pero que se irán diluyendo en el mismo.

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            Este terrible sismo debe ser como evento un vehículo de la memoria para recordarnos y hacernos presentes las otras tragedias naturales: huracanes, inundaciones, deslaves y otros temblores; así como las antropogénicas: La Guardería ABC, Los 43 estudiantes asesinados en Ayotzinapa, las masacres de Aguas Blancas, Acteal, los hechos de sangre de Atenco y Nochixtlán, los cientos de miles de desaparecidos, la guerra contra el narcotráfico, los feminicidios, los secuestros y todas las desgracias sociales más que venimos arrastrando y a las que sobrevivimos acostumbrándonos a que la vida es así. La podredumbre humana asedia al país desde hace años y nuestra indiferencia ha resultado en destrucción y muertes, infinitas muertes que ya se nos acumulan por cientos de miles. El temblor del 19 de septiembre de 2017 debe ser recordatorio perene de la corrupción y la indolencia política que nos han llenado de agravios y que nos han hecho convivir con la injusticia en un país que se dice democrático y que sin embargo es el más claro ejemplo de un reino despótico, jerárquico, clasista, y corrupto.

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en ciencias, arqueólogo, buzo profesional, literato, diseñador gráfico. Cursa la maestría en apreciación y creación literaria en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente. Escribe para Contralínea.

 

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19S, la tragedia que perdura

Hormiga en la fila

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Roberto Galindo

El 19 de septiembre de 2017 tembló como nunca y como 32 años atrás. La tragedia es inmensa y no tiene comparación con la de 1985. La ciudad se colapsó, el tránsito se detuvo igual que los alientos. Derrumbes completos o parciales aquí y allá. Casi en tiempo real a través de internet vimos edificios hacerse añicos. Un gigante les pegaba con el índice a los castillos de fichas ante los alaridos, las lágrimas y el temor infinito de la gente en la calle. Personas arrastrándose por el suelo y a ras de alma, histeria colectiva, y su grito silenciado por la estrepitosa caída de oficinas, casas, escuelas, fábricas; lamento ahogado entre la bola de polvo que los envolvía. El polvo, perene de estos días, ya se anunciaba, se elevaba a través de la ciudad cuando estallaban edificios, cuando se erigían las llamas no conformes con la destrucción del multifamiliar, no satisfechas con los sepulcros de mujeres, niños y hombres, no saciadas con la fractura del orgullo inmobiliario de la Ciudad de México; ¡el lugar que hasta un día antes era el más seguro y cotizado para vivir en el país era otra vez zona de desastre! Se nos había olvidado y tan sólo pasaron 32 años.

            La estupefacción ante la furia de la tierra duró los minutos más largos de nuestra vida, y se hizo confusión, angustia y miedo. Dejó de moverse el suelo y sólo pensábamos en nuestra gente, nuestra familia, todos los que amamos. La ciudad se paralizó en un tránsito sempiterno, filas de autos en enormes estacionamientos en las principales avenidas. Rumores o noticias de asaltos a los automovilistas varados nos generaron imágenes apocalípticas más allá de los escombros, alejadas de la razón y de la humanidad. Esos individuos, lacras sociales, que no descansan ni a mitad de las tragedias. Pero la gente auxilió al desconocido, al histérico, al que lloraba, al que enmudeció, al que como estatua quedó en medio de la ciudad herida. Y como hormigas fuimos a los cerros de escombros y nos encaramamos y movimos una, dos, tres, innumerables piedras y muebles desvencijados y trabes partidas por la furia del temblor o por los marros de los voluntarios. Y cargamos cubetas de escombros y cubetas de escombros y cubetas… Antes que llegara la policía y el ejército la protección civil fue nuestra, fue de los chilangos.

            Sin llamadas las noticias y los reencuentros sortearon la distancia por Whats app y luego Facebook. Vino la noche, había llegado la “autoridad”, calles y barrios en oscuridad. Trasponiendo los listones amarrillos que simbólicos cancelaban el acceso los voluntarios seguían llegando a los colapsos. Y seguimos hormigas moviendo las migajas de los despojos materiales con la esperanza de encontrar vida; ¡y ya éramos la vida!, la solidaridad ante la tragedia. Y fuimos hormigas alimentando y dando de beber a otras hormigas, y seguimos removiendo la podredumbre inmobiliaria y la corrupción que ayudó al gigante ingobernable a matar mexicanos. Los puños en alto, silencio, los puños en alto, silencio, caen los puños y seguimos hormigas en infinitas filas en desorden coordinado por valor, conmiseración o morbo. Pero seguimos hormigas rojas trabajando, hasta que los diminutos verdes y azules nos dejaron, ellos insectos también se nos hermanaron, hormigas todos éramos. Sin embargo los bichos reyes les ordenaron alejarnos, y poco a poco los variopintos insectos de las filas nos fuimos perdiendo entre el verde y el azul, mientras arriba del monte de muerte los fosforescentes especialistas reinaron buscando vivos entre los escombros, también como nosotros los terrenales insectos, hasta que los dejaron. Y se fueron levantando los puños, otra ola expectativa, pero ahora no bajaron. Había alguien vivo enterrado entre el cascajo. Y las hormigas silenciosas paramos y esperamos.

            Brigadas nos movimos hasta otros colapsos, comisionados por Protección Civil después de muchos y largos minutos, hasta que el llamado de auxilio fue confirmado: ¡aún hay gente viva!, ¡necesitan ayuda en…! Y con palas, picos y guantes, diminutos desconocidos anduvimos la ciudad hasta otro monte de muerte. Mientras en nuestro colapso los soldadores especializados y los profesionales del rescate cortaban, taladraban, y la grúa levantaba; ellos liberaban la vida que con puños nos había silenciado. Llegamos y la misma Protección Civil que nos había enviado nos dijo que ya todo había terminado, que ya no había nada que hacer, que habían sacado al último de cuatro cadáveres. Todo era polvo, se esfumaron los vivos, sólo polvo. El sitio acordonado por el ejército y la policía. No nos dejaron hacer nada, ya no podíamos.

            Callados regresamos. La ciudad casi amanecía para confirmar con nueva luz que la zozobra seguía, que no había sido pesadilla. En la radio escuchamos que lo habían liberado con vida en nuestro colapso. Sollozamos y se nos hundió el estómago, y palpitamos cinco insectos, dos de Iztapalapa, dos de Ecatepec y yo, y aceleré, y cerca nos bloquearon el paso; ellos se bajaron y caminaron, yo busqué otra ruta, nos separamos. Llegué y fui hormiga en la fila hasta que me dejaron.

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en ciencias, arqueólogo, buzo profesional, literato, diseñador gráfico. Cursa la maestría en apreciación y creación literaria en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente. Escribe para Contralínea.

 

Hormiga en la fila

Nosotros los sospechosos

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@cachobanzi

‘Después de las 02:00 de la mañana todos somos sospechosos’, pienso mientras observo dos unidades de los militares que circulan con lentitud sin quitarnos los ojos de encima. Hacemos alto en la Serdán y los soldados conducen por la calle Santos Degollado. Sin más, continuo derecho. Doblo a la izquierda por la Nayarit y esquivo cada uno de los boquetes del asfalto. Avanzo unas tres cuadras a poca velocidad.

  • “Siempre es un desmadre esta calle”, dice ella.

Iba a escupir mi queja sobre la jodidez urbana en la que vivimos, pero me la trago cuando el sonido de una torreta se interpuso entre nuestra plática y la canción de The Cure. No hay destellos de la sirena y por el retrovisor lo único que rebota es una luz blanquísima de un pick up gris que se acerca en chinga. Nos rebasa y, como si intentara bloquearme, se mete a mi carril. Da vuelta en ‘u’ y tapa mi ruta. Veo la lenta maniobra con bastante incredulidad. Con las manos aferradas al volante, por un instante, creo ingenuamente que van atender un reporte. Digo, son las valientes fuerzas armadas. A mi lado izquierdo se acomoda otra unidad de la que baja un morro moreno de unos veintitantos años con uniforme de camuflaje en tonos cafés, un rifle automático negro y esa pinche mirada de ‘tengo muchos huevos’, pero no nos apunta con el arma.

  • “¡Frena!”, dice ella.

El cabo hizo lo que sabe hacer: esperar órdenes. Ella hizo lo que sabe hacer: cuestionar. Lo increpa y así puedo quitarme de encima los ojos del uniformado. Ella le exige que explique el por qué de tan intrépida acción contra dos treintañeros de clase media que para sobrevivir la semana, se refugian por las noches, de vez en vez, con otros como ellos en algún buen lugar. El soldado deja de verla. Como si pidiera ayuda silenciosa, voltea a ver a su superior: otro morro con chaqueta caqui y en lugar de casco trae una gorra que le distingue de los otros.

  • “¿Por qué nos paran? ¿Qué hicimos?”, pregunta de nuevo.

La neta no pude distinguir qué grado tenía el jefe de ellos, porque detuvo su marcha antes de llegar a la ventana y le dice que no con la cabeza al soldado.

  • “Buscamos un carro armado; perdón”, contesta tajante el joven teniente o comandante.

Y nosotros, los sospechosos, en automático volvimos a ser una de las tantas parejas que circulan en la madrugada de La Paz moderna.

 

Nosotros los sospechosos

¿Es el cambio climático un asunto de género?

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Carlos Mancilla

 

Los últimos días han sido ‘’históricos’’ en cuanto a los efectos de fenómenos naturales en varias partes del hemisferio, particularmente en Latinoamérica donde hace exactamente una semana, Baja California Sur y los estados vecinos, sufrirían el embate de la depresión tropical Lidia. Tras su paso, trascendió en redes sociales que en Baja California Sur no se registraban lluvias tan fuertes desde 1933 (con información de CONAGUA). Del lado del Atlántico y en la zona de las islas del Caribe llegaron noticias aún más estremecedoras. La fuerza del huracán Irma (categoría 5 según la escala de viento Saffir-Simpson) azotó con potencia destructiva varias islas del Caribe. Tan solo en Antigua y Barbuda, su primer ministro Gaston Browne anunció que ‘’el 90% de la estructuras se encontraban destruidas […]’’ y que Irma ‘’fácilmente ha sido el huracán más fuerte en golpear el Caribe [..]’’, dichas declaraciones, 10 horas después de que el país perdió comunicaciones con el resto del mundo.

En un vistazo rápido a las recientes catástrofes por fenómenos naturales, es cada vez más común leer ‘’el huracán más fuerte’’, ‘’la lluvia más fuerte’’, ‘’el tifón más letal’’, ‘’la sequía más dura’’ dentro de los principales encabezados de periódicos internacionales. Y aunque Trump, mucho antes de llegar a la presidencia dio el carpetazo para dar por clausurado de una vez por todas el debate sobre el Cambio Climático (el mismo presidente que recientemente durante el eclipse de sol, volteó hacia el cielo sin ningún tipo de protección en los ojos) resulta evidente y necesario repensar todos los diálogos sobre el Cambio Climático en calidad de urgencia, prioridad y, que de una vez por todas, pueda plantearse desde un discurso ecofeminista cada vez más contundente y que nos viene a mostrar ‘’el otro lado de la moneda’’, sobre todo, cuando los datos de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos revelan que el 70% de las personas pobres del mundo son mujeres. La perspectiva de género en el debate del Cambio Climático esta todavía ausente en gran parte de la epistemología que se genera en cuanto al tema.

Cuando hablamos de desastres naturales, rara vez nos detenemos a pensar en el género como un factor determinante de cómo me va a afectar a mí un desastre natural, dependiendo de dónde estoy situado, si soy hombre o mujer, en qué país vivo y cuáles son las estructuras y roles de género que predominan en dicho lugar. El caso de los países del Sur es alarmante, el Cambio Climático aunado a la llamada Ética del Cuidado, en la que las mujeres están destinadas a una serie de atribuciones como el cuidado del hogar, de los hijos, en donde existe una dinámica de agricultura de subsistencia en la que ya es imposible cosechar para vivir debido al embate del clima, las sequías, la destrucción del medio ambiente que colocan a las mujeres en una vida precaria, donde por un lado hay que trabajar la tierra –y nunca llegar a ser ellas las titulares de la tierra-, educar y cuidar a los hijos, proporcionar agua –además de difícil acceso en países del Sur- y, todavía, enfrentarse a la violencia de género todos los días.

De acuerdo a estudios realizados por la Organización de las Naciones Unidas, en el 2008, ‘’las mujeres y los niños/as tienen 14 veces más posibilidades de morir durante una emergencia o desastre que los hombres’’. En ese sentido, se informa que ‘’las mujeres y las niñas asumen también la principal carga de la recolección de agua en los países en desarrollo. De hecho, un análisis de 25 países de África subsahariana reveló que el 71% de quienes recolectan agua en la región son mujeres y niñas, y en un solo día las mujeres gastan colectivamente alrededor de 16 millones de horas en buscar agua (los hombres, 6 millones)’’. ¿Es el Cambio Climático un asunto de género? No nos queda ninguna duda que la respuesta es sí.

En mayo del año pasado, se llevó a cabo en Dinamarca el foro Women Deliver en donde se discutió sobre salud, derechos de las mujeres y, por supuesto, Cambio Climático. Allí, una joven activista procedente de las islas Fiji comentó que en su país transcurren “seis meses al año combatiendo ciclones y otros seis preguntándose cómo conseguir agua corriente”. Las estadísticas y los saberes que se compartieron en dicho foro, de mujeres de todo el mundo que hacen frente al Cambio Climático fueron tan estremecedoras como reveladoras, concluyendo en que no se puede separar el debate del clima del debate sobre el desarrollo ni seguir abordando dichos temas sin una visión desde el género.

El feminismo ha denunciado largamente las dinámicas del patriarcado –sublimado en el capitalismo–  en donde a las mujeres son vistas a partir de la dualidad naturaleza-cultura, es decir, el mundo natural y la ética del cuidado –que se traducen en relaciones jerárquicas de poder– mientras que a los hombres se nos asocia con la civilización: el dominio. De ahí que los hombres históricamente hayan tenido más presencia en el arte, la filosofía, la ciencia y que un grupo goce más privilegios sociales, económicos y políticos. De la lucha feminista y de la ecologista, ha surgido desde hace varios años una corriente alternativa (pero no separada) del feminismo: el ecofeminismo. En palabras de Beatriz Gimeno (2011):

El ecofeminismo ha […] ha señalado que en el orden simbólico patriarcal la dominación de la naturaleza y de las mujeres están conectadas; el ecofeminismo considera que la dominación y explotación de las mujeres y la dominación y explotación de la naturaleza tienen un origen común: una visión androcéntrica de la vida en la que el varón busca dominar el mundo (y las mujeres son parte de ese mundo) y en la que éste construye su subjetividad y construye la sociedad a partir del dominio de ambas”. 

Baja California Sur y la absurda lógica de la clase política

La lectura que puede hacerse sobre el Cambio Climático en nuestro estado es claramente distinta. Pero ¿qué tan distinta y qué otras lecturas pueden hacerse en cuanto al género y el clima? Podríamos hablar sobre bioética, poca responsabilidad a la hora de planear los modelos de urbanización (edificio colapsado durante el paso de la tormenta Lidia en la Colonia Chulavista en Los Cabos, asentamientos de alto riesgo en arroyos y un largo etétera). La rapiña (el trending topic de los chubascos sudcalifornianos), la indiferencia de las autoridades que, por un lado, censuran a los medios de comunicación de informar sobre la tormenta, pero por otro no informan a la ciudadanía sobre los costes del paso de Lidia, los fallecimientos, entre otras cosas. Además la incompetencia para vigilar establecimientos y salvaguardar a la población. Todo esto conforma la absurda lógica de la clase política de Baja California Sur; y me gustaría terminar este breve resumen sobre lo que a mi modo de ver, podría llegar a enriquecer los debates sobre el Cambio Climático si comenzamos a visibilizar que también es un problema de género, con una fotografía del diputado federal Ernesto Ibarra Montoya (Partido Acción Nacional) donde fue captado muy sonriente haciendo de entrega de un bote de leche Nido y un paquete de pantimedias a una damnificada en Los Cabos tras el paso de Lidia.

El nivel de nefastez, de poco sentido común y de sexismo que refleja esta fotografía me produce nauseas. Por un lado, el señor diputado que llega a la zona de desastre a ‘’ayudar’’, uno pensaría en otro clase de víveres (de primera necesidad, la leche en polvo podría serlo en caso de que la mamá no produjera leche materna por x o y razón, pero las pantimedias no, bajo ninguna circunstancia)- aunado a lo que su figura representa (el Estado) en la sociedad, y sin caer en paternalismos absurdos, estamos ante una clase política que considera que es de primera necesidad obsequiarle a una mujer un par de pantimedias después de un desastre natural, porque en su lógica patriarcal es esa su función como mujer: servir en el hogar, cuidar a los hijos y verse ‘’atractiva’’ y  nada más.

Para terminar, me gustaría añadir que cualquier lectura desde el género e interseccional a los debates del cambio climático son igual de valiosas que las que pueden tenerse en grandes congresos y foros internacionales. Nunca antes en la historia habíamos enfrentado la furia del clima como lo hacemos ahora. La Madre Natura nos está diciendo algo, ¿cuál será el mensaje? Y todas las preguntas que nos caen encima como lluvia de ciclón. El entendimiento del progreso desde la dinámica capitalista/patriarcal se demuestra todos los días como insostenible. El futuro del planeta entero está destinado a ser zona de desastre bajo esta lógica, y no nos queda más que apelar a nuevos modelos de subsistencia que nos hagan voltear –forzosamente– al suelo, la tierra, los mares, los ríos, las montañas y los cielos. Esta vez más amables con ellos, desde la equidad y el reparto justo de la ética del cuidado entre hombres  y mujeres.

¿Es el cambio climático un asunto de género?

Y sin embargo intentamos dominar la naturaleza

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Bernardo Martinez – Cabo Wedding Photography
¡Oh desecadores de lagos, taladores de bosques! ¡Cercenadores de pulmones, rompedores de espejos mágicos! Y cuando las montañas de andesita se vengan abajo, en el derrumbe paulatino del circo que nos guarece y ampara, veréis cómo, sorbido en el negro embudo giratorio, tromba de basura, nuestro mismo valle desaparece. Cansado el desierto de la injuria de las ciudades; cansado de la planta humana, que urbaniza por donde pasa, apretado el polvo contra el suelo; cansado de esperar por siglos de siglos, he aquí: arroja contra las graciosas flores de piedra, contra las moradas y las calles, contra los jardines y las torres, las nefastas caballerías de Atila, la ligera tropa salvaje de grises y amarillas pesuñas. Venganza y venganza del polvo…” Alfonso Reyes, Palinodia del polvo, 1940.

Roberto E. Galindo Domínguez

La soberbia humana es evidenciada con cada fenómeno de la naturaleza, soberbía mía, nuestra, la de todos; pues la madre natura nos enseña que este planeta no es nuestro y que ella es la única dueña. Ya lo escribió Alfonso Reyes sobre nosotros los mexicanos y nuestros ancestros, y la humanidad, lo que nos emparenta es: “…la comunidad del esfuerzo por domeñar nuestra naturaleza brava y fragosa; esfuerzo que es la base bruta de la historia.” (Reyes, Visión de Anahuác [1519], 1915); y muchas veces es la base de las grandes tragedias de esa historia. La naturaleza es ingobernable, pero los hombres nos empeñamos en confinarla e intentar hacerla retroceder, aun sabiéndonos las insignificantes hormigas que somos ante la fuerza creadora y transformadora de la Tierra.

            No es sólo nuestra soberbia como humanidad la que es expuesta por terremotos, huracanes y tormentosas lluvias; también es la incompetencia de las autoridades o la excesiva competencia que ellos se confieren cuando se trata de conceder permisos de usos de suelo y para edificaciones en zonas de riesgo. Incompetencia que la mayoría de las veces no es ingenua y obedece a corrupción, ambición y demás factores económicos y políticos sobre los que se basan el comportamiento y aspiraciones de la mayoría de las autoridades de este país.

            En Baja California Sur con cada fenómeno meteorológico se ponen en riesgo las vidas y el patrimonio de los sudcalifornianos y ¿qué se le va a hacer?, si como dice Cristina Pacheco: “Aquí nos toco vivir”. Entonces viene el escupitajo al sentido común y el elogio a la estupidez cuando se edifican asentamientos humanos en causes de avenidas líquidas naturales, cuando se erigen hoteles a la orilla del mar creando barreras para evitar el deslave que les gusta hacer a las mareas con sus olas, cuando se otorgan permisos de contrucción en las laderas de los cerros. ¿Se les olvida a las autoridades la fragilidad y la diminutez humana ante la fuerza de la naturaleza?, pero aun así en Sudcalifornia cada temporada de lluvias y huracanes en que se dan precipitaciones “atípicas” suceden pérdidas económicas y desgracias humanas. Hemos visto hoteles barridos por la fuerza del mar y edificios arrasados por las crecientes de arroyos de temporal en Los Cabos, arroyos convertidos en violentos ríos enguyendo autos y personas en La Paz, y vados furiosos y anegados en cualquier parte, donde las autoridades no se han decidido a poner un puente enérgico y seguro que le permita al ciudadano sortear los vendavales líquidos sin peligro.

            No hay infraestructura infalible, pero sería de sentido común privilegiar la seguridad del ciudadano en los puntos de cruce que se vuelven pasos de muerte cada lluvia “excesiva” –las lluvias son lo que son–; sentido común que no hay en erigir un hotel con los cimientos en el mar y sobre el manglar, bloqueando la salida natural del vital y mortifero elixir en Punta Lobos, Todos Santos. Sentido descomunal por monstruoso es pretender ganarle terreno al mar en un malecón paceño que no necesita más que mantenimiento y limpieza. Sería de sentido común no erigir una presa de jales en la Sierra de la Laguna, donde las tormentas diluvio serán cada vez más típicas. ¡Pero no, la soberbia y la incompetencia política nos hacen soportar elefantes blancos que naufrgarán con los primeros truenos de la madre naturaleza cuando reclame su lugar!; y entonces habrá tragedias y morirá gente, y sin embargo seguiremos intentando domeñar a la naturaleza.

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en ciencias, arqueólogo, buzo profesional, literato, diseñador gráfico. Cursa la maestría en apreciación y creación literaria en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente.

 

Y sin embargo intentamos dominar la naturaleza

#Gonzolador: Si sabe cómo hacerlo: ¿no puede o no quiere?

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Rafael Murúa Manríquez

Su concuño fue capturado en Estados Unidos de Norteamérica con más de 6 toneladas de mota en su propiedad. Trabajó en la PGR y se especializó en materia de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita en su paso por la Secretaría de Hacienda, además, lo escuchamos aceptar una donación de 6 kilos mensuales para financiar su campaña durante 5 meses. ¿Qué hicimos con este político? Lo elegimos como Gobernador de Baja California Sur.

Durante su campaña dijo que iba acabar rapidito con la violencia y la inseguridad en BCS, que sabía cómo y que no le temblaría la mano para hacerlo. Si sabe cómo hacerlo o no quiere o no puede. Los sudcalifornianos tenemos 2 años esperando que Carlos Mendoza Davis cumpla sus promesas al respecto.

La violencia no sólo continúa sino que aumenta como en ningún otro estado del país, 2016 fue el año con más asesinatos en la historia de nuestra entidad con 233 y, a este 2017,  todavía le faltan 4 meses para que rebasemos los 250 homicidios; seguramente mientras escribo estas líneas otra vida está siendo arrebatada violentamente en el territorio gobernado por aquel al que no le iba a temblar, porque desgraciadamente los que prometen sangre corriendo en las calles sí cumplen rapidito.

El 44.77% de los ciudadanos que votaron para elegir Gobernador de BCS, el 7 de junio del 2015, lo hicieron por el panista Carlos Mendoza Davis. De los 15 distritos locales que entonces existían, el PAN ganó 14. ¿Qué le hace falta al Gobernador? Tiene todo el poder para llevar ante la justicia a los responsables de la violencia e inseguridad en BCS, por lo menos, tiene el Ejecutivo y el Legislativo, y como poder es poder, da la impresión de que no quiere.

No era tan diferente la administración del panista Marcos Covarrubias, en cuyo gobierno inició esta escalada de la violencia sin precedentes en nuestra media península. Ahí empezamos a perder la paz que nos caracterizaba, pero parece que una tregua de un par de meses entre los criminales dentro y fuera del gobierno bastaron para que los sudcalifornianos olvidaran que con el PAN inició la debacle del estado de derecho en BCS. Aumentaron 454% los homicidios desde que el albiazul gobierna la entidad hasta el 2016. Asusta pensar en la cifra con la que terminaremos este año.

Pero como dijo la Reina del Pacífico (la que existe y no es un personaje de ficción como la Reina del Sur): En México “el narcotráfico y la corrupción forman parte de un mismo problema. Se alimentan”. Declaró a Julio Scherer una vez Sandra Ávila que si voltea a un lado ve al narco, si voltea hacia el otro observa a las autoridades y si mira al frente los ve juntos.

A los políticos les corresponde proporcionarnos seguridad, por eso lo prometen a la ligera en campaña y una vez que son autoridad se les olvida. Difícilmente la ciudadanía podremos erradicar este fenómeno que tanto nos duele, pero sí podemos cambiar de gobierno, lo hemos demostrado un par de veces, sería bueno que esta vez busquemos soluciones para nosotros y no para un par de chapulines que brincaron emberrinchados de un partido a otro con tal de llegar a poder enriquecerse más, aunque les de mucha weba su actual partido. Si de algo ciertamente somos responsables los sudcalifornianos es del gobierno que tenemos.

 

 (A la memoria de Jorge Luis)

Rafael Murúa Manríquez director de Radiokashana

 

#Gonzolador: Si sabe cómo hacerlo: ¿no puede o no quiere?

¿Quién ha lanzado la primera piedra en MORENA B.C.S.?

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Eleazar Gámez Rascón

 

El neoliberalismo, es decir, el capitalismo en su fase imperial, en México y Latinoamérica corrompió e hizo cínicos los liderazgos cupulares de los partidos políticos, sin excepción. El gobierno federal y los gobiernos estatales aislaron, corrompieron, amenazaron, encarcelaron y asesinaron a la mayoría de quienes encabezaban las protestas sociales en casi todo el país. Es una situación que sucede ahora mismo, en tiempo real.

 Los grupúsculos que dirigen cada uno de los partidos están absolutamente deslegitimados, menos el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), por el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador. Están corrompidos, insistimos, encanallecidos por la ideología del pragmatismo, el pactismo, los usos y costumbres electorales, y el financiamiento público. Han sido todos igualados, uniformados, ideológicamente por el modelo neoliberal.

  En este escenario, cuando la población sudcaliforniana pensaría que los líderes de MORENA en Baja California Sur estarían trabajando en consonancia con el ideario de López Obrador y ese organismo político sobre la unidad, la atracción de militantes y dirigentes de otros partidos; cuando “de buena fe” y al cuarto para las doce se aprestan a elegir los candidatos a senadores, diputados federales, diputados locales y las autoridades de los cinco ayuntamientos; en fin, cuando todos esperaríamos la publicación de un programa de gobierno veraz, realizable, en consonancia con el eslogan “del cambio verdadero”, nos han salido con un pleito de barrio.

  Que Alberto Rentería Santana, el presidente de MORENA en B.C.S., maneja al partido a nivel local corporativamente, como un sindicato. Claro, es el dirigente del Sindicato de Gastronómicos. Además lo acusan de delincuente por una demanda por robo en el hotel Los Arcos, por el propietario de apellido Cóppola, hotel al que los trabajadores que dirige Rentería tienen cerrado, en huelga, desde hace años. Esta demanda y la prestancia expedita del gobierno estatal para darle cauce está en consonancia con la línea oficial federal y de los estados para eliminar los liderazgos alternativos, valientes y modestos en estos tiempos en que la lucha de clases ha sido sustituida por la lucha de frases, el crimen organizado y la disolución paulatina del estado de derecho y la seguridad pública.

  ¿Por qué hasta ahora se ha dado esta denuncia de corporativismo y no desde el principio, cuando Rentería fue electo presidente y sus compañeros de sindicato fueron nombrados funcionarios del partido en B.C.S.? ¿Por qué ahora esta explosión pública de “honestidad política” y solidaridad con Cóppola en su demanda contra el presidente de MORENA?

   Dicen que Leonel Cota Montaño es el instigador, pero presuntamente es el profesor Víctor Castro Cosío quien declara ante el órgano interno de control de ese partido. Es difícil saber. Yo creo que los dos, con este pleito al aire, le están haciendo un gran daño a MORENA en Baja California Sur.

  Ojalá Andrés Manuel López Obrador, por quien hay que votar bajo cualquier circunstancia el próximo año, a su llegada a nuestro estado ponga orden y serene los ánimos de quienes están perdiendo el estilo y la corona de izquierdistas y demócratas. También ojalá los militantes sudcalifornianos de MORENA estén a la altura de las grandes expectativas que todos tenemos sobre ellos.

(Como dijo el poeta Machado: “Qué difícil es / cuando todo baja / no bajar también”.)

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eleagamez@prodigy.net.mx

¿Quién ha lanzado la primera piedra en MORENA B.C.S.?