#LaCuchara “Seguridad” y democracia en Sudcalifornia

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Sandino Gámez

 

La situación actual de México y Baja California Sur puede comprenderse como producto de una larga historia de corrupción en las élites gobernantes, especialmente en los últimos treinta años. Han sido muchas décadas en que el servicio público parece una función no para servir al pueblo, sino para “dar empleo”, cooptar cómplices o enriquecer “legalmente” a individuos o grupos económicos y políticos.

   Cuando un funcionario o empleado público, federal, estatal o municipal, conoce el valor de su trabajo ante la comunidad, la persona que cumple una función pública decidirá la mayoría de las veces del lado de su concepto de colectividad. Decidirá en función de lo que considera es el interés social. Incluso en los actos de corrupción, el funcionario corrupto decide en ese sentido: el dinero público es de todos, “como es de todos no es de nadie”, “mejor yo que otros como yo”, “es el sistema”.

   En nuestro país y en nuestro estado vivimos un drama diario producto de una crisis política, social, institucional, ambiental y económica.

   La muerte o desaparición de casi medio millón de personas en la última década por una violencia sistemática y la absoluta falta de representatividad popular de los partidos políticos y la clase gobernante han llevado al descrédito a las instituciones públicas federales, estatales y municipales.

   El Partido Revolucionario Institucional o el Partido Acción Nacional podrían ganar en 2018 nuevamente la presidencia de la república o la gubernatura del estado o la presidencia municipal de La Paz y no habría más que una profundización de esta grave circunstancia, para sufrimiento de millones de mexicanos y de cientos o miles de sudcalifornianos. Pero en los medios de comunicación escucharíamos una narrativa diferente a la realidad, una narrativa como la presente, en la que se destapa una trama corrupta tras otra sin que los responsables y los corresponsables sean sancionados.

   El presidente Calderón dijo que iba a hacer una “guerra contra el narcotráfico” y colocó a la Marina y el Ejército en las calles. Peña Nieto continuó con la “estrategia”. El resultado comprobado ha sido un aumento terrible en asesinatos y crímenes. México y Baja California Sur están sumidos en una violencia social creciente. El sentido original para todo este sacrificio de vidas humanas y recursos de la nación se resumía en la frase “para que la droga no llegue a tus hijos”. El resultado, comprobado, es que en el mismo periodo de esta “estrategia de seguridad” lo que se ha tenido es un mayor consumo de drogas legales e ilegales.

  ¿Quién quiere que haya mayor consumo de drogas legales e ilegales en México y Baja California Sur? ¿Quién quiere que haya asesinatos, crimen y violencia en nuestro país, nuestro estado, nuestros pueblos y ciudades?

  Para detener la actual violencia del crimen organizado en Baja California Sur, el gobierno de Carlos Mendoza Davis ha dado varias explicaciones que deben ser analizadas en su conjunto.

  En los primeros meses de su gobierno contestó en Los Cabos a un ciudadano con su hija en brazos, que la causa de los asesinatos del crimen organizado en Baja California Sur está al interior de las familias.

   Más adelante el gobernador sintetizó ante los reporteros de la fuente que la estrategia de seguridad de su gobierno era una “medicina”. Poco después, triunfalista ante la captura de un jefe de sicarios, dijo que la “medicina” es la “adecuada” y que sólo había que “aumentar la dosis”.

   Desde que Mendoza Davis se expresara así ha habido tantos asesinatos, cada uno más terrible que el anterior, que son preocupantes las declaraciones más recientes del gobernador sobre seguir aumentando “la dosis”.

  El pueblo sudcaliforniano no es un pueblo enfermo. Tal vez la clase política y gobernante sí esté enferma. Las declaraciones del gobernador dan una idea de ello.

  La clase o grupo gobernante carece de una visión integral de la sociedad sudcaliforniana y está cerrada a la crítica, así sea constructiva. ¿De qué otra manera si no como una enfermedad se puede entender la repetición constante en los subordinados del gobernador de este mismo criterio que culpa a la población de los males que acontecen en nuestro país y estado?

   Los dos más altos responsables directos de la seguridad y la impartición de justicia en Baja California Sur en fechas muy recientes han proyectado esta idea con gran nitidez.

   Erasmo Palemón Escamilla, el “procurador de Justicia” de Baja California Sur (que en otros países latinoamericanos llaman defensor del pueblo) acusó recientemente de “afrenta a la función del Procurador General de Justicia” el dar un “informe detallado” de su actuación nada menos que a la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

    Por otra parte, el subsecretario de Seguridad Pública de B.C.S., Ismael Sigala Páez, dividió a la mitad el fenómeno de la corrupción, declarando que “el cincuenta por ciento de la corrupción está en el ciudadano” y la otra mitad “está en las instituciones”.

    ¿Son corruptos a la mitad los funcionarios y empleados públicos sudcalifornianos? ¿Se debaten el gobernador y sus secretarios y subsecretarios de estado, a la mitad, entre la corrupción y la honestidad? No podemos creer que la mitad del comportamiento de los altos responsables de la política, las finanzas y la seguridad de Baja California Sur sea tendiente a la corrupción, y que este funcionariado y cargos electos sólo estén esperando, como en el lance de una moneda al aire, la vinculación con un ciudadano corrupto para realizar un acto de corrupción.

   (Es fácil comprobar que la proporción de acciones corruptas entre los integrantes del pueblo sudcaliforniano es muchísimo menor, casi inexistente, a la que sucede entre los funcionarios sudcalifornianos, en el sentido que ha declarado el subsecretario Sigala. También es fácil comprender que este gobierno no hará nada por mejorar las instituciones sudcalifornianas, pues casi al concluir una tercera parte de su periodo de administración no ha indiciado, acusado o detenido a ningún funcionario o ciudadano corrupto, de ahora o de administraciones anteriores. O el grado de impunidad es de cien por ciento o vivimos en un estado con menores índices de corrupción que en Japón o Suecia.)

  Lo que vemos en este gobierno es una ignorancia casi absoluta sobre las particularidades del pueblo sudcaliforniano, así como una gran insensibilidad y prejuicios sociales muy profundos, especialmente en la persona del jefe del ejecutivo estatal. Sus declaraciones públicas lo demuestran de continuo.

    ¿Conviene llamarles al debate, a la discusión pública de estos asuntos? Por ejemplo, si en la casi totalidad de la población hay una carencia de conocimiento sobre derechos, leyes y normativas: ¿cómo puede ejercerse una responsabilidad en el desconocimiento de ella? ¿Quién es el responsable de este desconocimiento? ¿El ciudadano que nace, se desarrolla,  alcanza la mayoría de edad y vive sin tener acceso a las fuentes de cultura cívica de su comunidad? ¿Quién es el responsable entonces? ¿Las instituciones, el Estado sudcaliforniano y el Estado nacional? No. Estas entidades se crearon y se proyectaron precisamente para garantizar el acceso de todas y todos a los derechos, y para distribuir entre todos, también, las obligaciones.

   Las instituciones existen. Pero sus funciones no se realizan o no se realizan bien. ¿Quiénes son los responsables entonces? ¿Qué no se nombran personas específicas responsables para ello?

    En Baja California Sur es inadmisible que estos responsables sean quienes acusan a la población sudcaliforniana de generar la violencia social y propiciar la corrupción.

   Los sudcalifornianos no somos responsables de los asesinatos, el aumento en el consumo de drogas legales e ilegales ni la violencia en nuestras comunidades. Tampoco del desprestigio, desconfianza e inoperatividad de las instituciones de gobierno.

   Somos responsables de elegir o mantener a quienes legalmente, constitucionalmente, son los responsables de arreglar los problemas públicos.

 Esto continuará de manera cada vez más esquizofrénica, hasta que el pueblo sudcaliforniano tenga las herramientas constitucionales para obligar a renunciar a cargos electos o funcionarios que incumplen sus promesas de campaña o son incapaces para realizar efectivamente el propósito de servicio público para el cual han sido designados.

   Continuará mientras el aparato público esté manejado por un cincuenta por ciento de corrupción y sólo un cincuenta por ciento de honestidad. Mientras los servidores públicos sean nombrados y removidos por motivos políticos, electorales y partidistas, en lugar de contar con una carrera de méritos con reglas claras para nombramientos y ascensos.

   En fin, continuará mientras la clase política sudcaliforniana no se renueve con políticos ciudadanos de a pie, que consideren los cargos de elección popular una obligación cívica, temporal por pesada, obligatoria por urgente.

   ¿Quién más va a venir a resolver los problemas sociales de los sudcalifornianos? ¿Funcionarios o gobernantes venidos de fuera, como los actuales?

 

#LaCuchara “Seguridad” y democracia en Sudcalifornia

#FábulasdeVenus: Acoso sexual, el trasgresor de la dignidad femenina

Ana obra

(Obra de Ana Razo)

Marisabel Macías Guerrero

Contar historias de todo tipo es el mejor modo que encontramos los seres humanos, desde siempre, para entendernos y entender nuestro mundo. Por lo menos intentarlo.

   Quiero contarles que han sido tantas las historias que se me han presentado desde que este tema me encontró, entre propias y ajenas, recientes o del pasado, que he tardado más de la cuenta decidiendo cómo empezar, cuando lo importante quizá, es qué haremos después de esto.

   Pensé en iniciar con los “piropos” de la mañana, mientras me dirigía a tomar el camión para desplazarme al trabajo, un hombre en bicicleta y otro caminando, con una cuadra de diferencia (sólo recorro cuatro calles), me gritaron respectivamente “mi amor” y “chiquita”… ¿Pero en qué planeta creen estos seres que esas palabras me halagan? ¿O qué es lo que realmente pretenden? ¿Cómo no se enteran de que nos incomoda? Regularmente les respondo, los cuestiono, pero esta vez algo me hizo eco.

   Reflexioné que esa escena me sucede al menos una vez por día, y en que sé que no soy la única, y que aunque a muchos les parece una exageración cuando nos quejamos, el tema del acoso callejero es algo muy serio, y que ya nos tiene hartas. El que algunos hombres, diariamente, en pleno siglo XXI, sigan opinando y gritando juicios sobre nuestro cuerpo o en general nuestra persona, significa que en el fondo no se nos ha quitado esa carga significativa de objetos, es decir, que a las mujeres nos han dejado padecer esa reducción que además se auto legitima como una forma de subjetividad, cuando realmente es un acto indebido, vulgar, que sobrepasa los límites y violenta, el que se supone es un principio fundamental de esta sociedad: la autonomía individual. ¿Cuántos de los hombres que están leyendo esto han sido acosados en la calle? ¿Cuántas veces en su vida? ¿Cómo reaccionarían frente a alguien que, abusando de su fuerza, poder o privilegios, los sometiera a esta violencia cotidiana?

   Pero no sólo nos cosifican en la calle, puede ser peor, puede estar también en casa, en la escuela o en el trabajo, además debes saber que puede ser en cualquier etapa del ciclo vital, igual te sucede cuando eres niña, luego se repite en la universidad o en algún empleo. El acoso y el hostigamiento están enquistados en la sociedad, favorece a esto el que sea un mal invisibilizado.

   ¿Y que cómo asevero esto? Bueno, pensando en cómo abordar el tema del acoso sexual, me fue inevitable no partir de la propia experiencia; y de principio asumí algo: que por más que me nombre feminista, fabricante de lengua, y que ya haya conversado varias veces sobre este tema con amigas y amigos, por más que conozca otras experiencias, realmente he guardado silencio. Pero no más.

 A muchas mujeres nos resulta muy difícil abordar este tema, porque desafortunadamente existe un primo o tío, padre, padrastro, vecino o cualquier desconocido, que nos acosó o acosan: que nos espían mientras estamos en la ducha, o mientras nos cambiamos, que nos tocan “sin querer”, que se tocan al vernos, que nos roban la ropa interior, nos mandan mensajes, que nos toman fotos sin nuestro consentimiento, que nos intimidan o nos hacen bromas de contenido sexual. Esto es algo que nos ocurre todo el tiempo. Imaginen el estrés que eso genera, sentirte acechada, hostigada, cansada hasta el hartazgo.

   En mi caso, padecí hostigamiento y acoso sexual de un par de mis primos, de manera sistemática, que se prolongó durante años, cuando estaba yo en la pubertad y ellos eran varios años mayores que yo; esos parientes arruinaron una etapa de mi vida que debió ser muy mía, sólo mía. Esos acontecimientos implicaron numerosos momentos llenos de miedo y desesperación para mí, y tuvieron claras repercusiones a futuro en diversos aspectos de mi vida. Y fue un tema que en la familia NUNCA se pudo discutir ¡El acoso sexual quebranta la dignidad de quien lo padece! Y todos somos responsables de detenerlo.

   Hasta ahora, más de quince años después, puedo ver claramente los hechos y su trasfondo, puedo racionalizarlo, reflexionarlo, criticarlo y hacer algo para transformarlo; y me parece muy importante contribuir para erradicarlo. Creo que el primer paso para declararse en contra de cualquier tipo de violencia, especialmente del acoso sexual, que es tan poco abordado y aparentemente “imperceptible”, es alzar la voz. Poner el tema sobre el tintero. Que se discuta y erradique.

   Apareció en mi memoria también, la vez en que una de mis mejores amigas, la cual además vivía frente a mi casa, nos contó, cuando teníamos como once o doce años que su papá la veía mientras se bañaba, y que incluso había intentado tocarla en una ocasión. Nosotras –ahora que lo pienso– muy empoderadas, le aconsejamos que le dijera a su mamá; claro que en cuanto ella lo hizo, la abuelita se puso a llorar y todas las mujeres de esa casa convencieron a mi amiga de que dijera que era mentira y que además ¡le pidiera perdón a su papá! Esta visión machista nos enseña a normalizarlo, ocultarlo, hacer como que no pasa. Pero sigue pasando.

   Como ese ejemplo, recuerdo muchos: luego apareció una prima, y una amiga, y la vecina… Y me dio rabia darme cuenta de que es parte de nuestra vida.

    Y mientras seguía dándole vueltas a la historia con la que iba a empezar, llegué a mi destino. Y de nuevo, una realidad social desigual me dio en la cara.

    Me desempeño como profesora universitaria. Este cuatrimestre impartí una materia llamada “Investigación en el contexto social y cultural”. Hace dos semanas, como parte de una actividad para esta clase, en la que debíamos pensar en una problemática en el ámbito educativo, un par de alumnas hicieron de mi conocimiento actos de acoso sexual por parte de un conocido profesor y terapeuta de la institución que, hasta el momento en el que ellas denunciaron el caso a la Universidad, laboraba allí.

   Respondiendo a mi ética profesional y mi compromiso como ciudadana, escuché las versiones de las alumnas, también me acerqué a preguntar a la Subdirección Académica respecto al caso; sé que las autoridades educativas atendieron de inmediato la queja, canalizaron a las jóvenes al área de Psicopedagogía, y cesaron a este psicólogo de su cargo como terapeuta y profesor, quien en terapia y clases, acosaba a sus alumnas, abusando de su posición.

   Sin embargo, actuando en consecuencia a mis principios éticos y feministas, así como a la propia experiencia desde mi cuerpo leído como mujer, me puse a investigar más sobre el tema, porque, aunque me pareció una respuesta muy favorable por parte de la escuela, me di cuenta que no atacaba de raíz este grave problema. Principalmente, porque hace falta la visibilización, hace falta informar para prevenir, sancionar a los responsables, denunciarlos, hablar del tema, llegar hasta las últimas consecuencias para erradicarlo.

   Así que, desde mi ser docente, me atreví a entablar un diálogo, a través de un oficio, con la acreditada Institución de la cual soy parte, haciendo énfasis en la urgencia de diseñar y poner en marcha campañas de prevención e información, talleres o foros, buzones de quejas, área de atención, que se sumen a la intención de formar sociedades más justas e igualitarias, libres de acoso sexual, desde el ámbito universitario. Así como de hacer visible este caso, a través de una denuncia al Colegio de Psicólogos, por la violación a los principios básicos del Código Ético del Psicólogo, por parte de esta persona en su desempeño como terapeuta, e informar su caso a otras Instituciones Universitarias, para que no se vuelva a cometer este tipo de violencia, desde el cargo de poder que un docente ostenta, por parte de la misma persona. Es como descubrir a alguien cometiendo un acto de corrupción, pero darle un puesto similar en otro lado, en lugar de separarle definitivamente de este tipo de responsabilidades.

   A partir de ese suceso, y de hacer lo que creo me corresponde como agente de transformación social; también comencé a abrir el diálogo con otras mujeres que de una u otra forma participan en ámbitos educativos. Muchas de ellas afirmaron que tampoco en las escuelas a las que asisten han recibido algún tipo de información como campañas de prevención contra el acoso sexual, algunas también han sido víctimas y lo han minimizado, o no han sabido identificarlo, y otras que, aunque conocen casos de compañeras, no saben de algún caso que haya sido denunciado y visibilizado. Parece que este tipo de violencia se ha normalizado en las instituciones, y no sólo las educativas. Resulta de suma importancia plantear una reflexión seria sobre el modelo de universidades e instituciones públicas que deseamos.

   Invito a otras personas a que puedan acercarse a las instituciones donde estudian o trabajan, e investiguen con qué mecanismos normativos eficaces cuentan para prevenir, atender y erradicar el acoso sexual. ¿Qué currículo se tiene en materia de género y diversidad? ¿Qué conocimiento se está generando en su comunidad para provocar un cambio político y social respecto a este grave asunto?

   Es importante que aprendamos a identificar los tipos de violencia que existen, los tipos de acoso, es importante saber que nadie debe hacernos bromas, chistes o gestos de carácter sexual sin que nosotras lo autoricemos, que nadie debe mandarnos mensajes de acoso, ni llamarnos para importunar, y que no estamos obligadas sexualmente con nadie. Con nadie. Ninguna persona tiene derecho a tocarnos sin nuestro consentimiento. Y que nadie tiene derecho a violar nuestra intimidad.

   Debemos ser valientes y asumir una actitud de responsabilidad y firmeza frente a este tipo de agresiones. No podemos seguir calladas, no podemos seguir ocultando este tipo de situaciones en ningún espacio vital. No podemos permitirlo. Las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres, y ellos no nos hacen ningún favor al respetarnos, porque en realidad, es su obligación hacerlo.

   Organicémonos, busquemos grupos de asesoría psicológica y legal, tomemos cursos de defensa personal, dialoguemos sobre este y otros temas “tabú”. Confrontemos al acosador, pongamos un alto, gritemos. Evidenciemos. Denunciemos. Busquemos los recursos necesarios para poner un alto a cada situación de acoso que se presente.

No estamos solas, nos tenemos a nosotras.

Marisabel Macías Guerrero, nació en Los Mochis, Sinaloa (1986).  Es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS). Profesora de asignatura en algunas Universidades privadas, orientando en materias relacionadas con la Filosofía. Promotora Cultural independiente. Feminista. Mediadora de Sala de Lectura. Ganadora del Premio Estatal de cuento Ciudad de La Paz, 2014, con el libro de relatos PENNY BLACK.

#FábulasdeVenus: Acoso sexual, el trasgresor de la dignidad femenina

#Gonzolador: Comunicar desde la comunidad en BCS

Radio

Alterar la conciencia gracias y junto a comunicadores comunitarios originarios de diversas naciones de cuatro continentes me permitió ampliar y replantear la concepción de estos medios y las ínfimas diferencias entre éstos y los indígenas; y de éstos dos con los alternativos, como el que alberga esta primera entrega de #Gonzolador, una columna que  pretende contar las frustraciones sociales provocadas cuando contamos con entornos somáticamente públicos.

   Tuve esa oportunidad del 9 al 11 de este mes en el Foro Internacional sobre Medios Indígenas y Comunitarios, en Oaxaca, Oaxaca. El evento fue financiado por el Instituto Federal de Telecomunicaciones de México y la UNESCO, organizado por estas instituciones y diversas asociaciones civiles internacionales y nacionales como la Asociación Mundial de Radios Comunitarias en México (AMARC Mx).

evento

   Las señales de radio, televisión e Internet pasan por el aire imperceptiblemente por casi todo el mundo. Atemorizados por este espectro y sabedores de lo peligroso que sería para sus intereses en las manos equivocadas, los señores del capital en este país se adueñaron de él, bueno, el gobierno lo declaró propiedad de la nación. Luego lo concesionó a unas cuantas familias para que se beneficiaran de él y lo custodiaran de quien lo pudiera utilizar para educar sin infraestructura física,  de difundir a través de él la verdad que ocultan el Estado y la clase dominante, de usarlo para conservar las lenguas indígenas.

   Distintas comunidades del país han sido discriminadas históricamente por los consorcios mediáticos monopólicos que todos conocemos. Algunas son indígenas, otras de un origen y población más reciente, pero ninguna vale el esfuerzo de mantenerlas comunicadas si no consumen mucho porque son pocos y pobres, o no son tantos como para influir en una elección política. Si parte de la población se organiza y se apodera del espectro para eliminar esa discriminación surge un medio comunitario o indígena, según el tipo de comunidad a la que preste servicio.

   Otra característica de estos medios es que no son solo música y canto. También sirven para resolver conflictos sociales. Para formar criterio, pero también para hacer sociedad. Deben de ser efectivos para eliminar lo que nos duele como comunidad. Pesares hay hasta en las más grandes urbes donde sí hay muchos canales de televisión, de radio, pero si ninguno informa o comunica bajo estos principios y se dedica a cuidar solamente a los pobladores gruesos y no al grueso de la población, si medio informan o medio comunican, surge una necesidad. Por ello tenemos medios comunitarios e indígenas en ciudades.

   Un medio comunitario o indígena es aquel que dominó al espectro y lo utiliza para cuidar a su comunidad, ese es un medio completo, así como los medios alternativos, que sin concesiones del Estado informan y comunican con este fin a través de Internet, impresiones en papel, o como los que lo hacen desde una universidad, un medio público o social e incluso desde las cadenas privadas, pero que no dejan sin trabajo al primer comunicador que pise callos muy grandes u ojos de peces muy gordos.

   Tú sabes cuáles son los que existen en Baja California Sur, y tienes el deber de cuidarlos si quieres a tu comunidad y la forma de vida como la conocemos. Sabes también lo que nos duele perder a los sudcalifornianos y en particular a los pobladores de cada municipio. La belleza física de nuestro territorio también está en peligro.

Claro siempre está la posibilidad de continuar con medios a medias.

Rafael Murúa Manríquez es director de Radiokashana 93.3 FM y de Ondas en la Playa A.C.

#Gonzolador: Comunicar desde la comunidad en BCS

El dilema de Los Cabos: ¿el turista o el residente?

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Carlos G. Ibarra

Un rifle automático, en unos cuantos segundos, agujeró la estrategia de miles de dólares en marketing y publicidad que gira en torno a la marca Los Cabos. Los balazos obligaron a familias y turistas a huir de playa Palmilla a la que asisten cada domingo. Ese 6 de agosto ocurrió un golpe simbólico que los hombre del dinero llaman “la gallina de los huevos de oro” en un hecho devastador que revivió declaraciones como “ningún turista resultó herido”.

   En un desesperado intento por contrarrestar la mala imagen en medios de comunicación y evitar la salida de los capitales que fluyen a través del sector turístico, Luis Esponda Cascajares, director del Fidecomiso de Turismo de Los Cabos (Fiturca), salió mucho antes que las mismas autoridades con un boletín de prensa para aclarar que los visitantes, ni uno solo, fue herido.  La estrategia del profesional en promoción turística era posicionar en el espectro mediático que en Cabo no se mata al turista. Sin decirlo, recalcó que en Los Cabos solo matan a residentes. A mexicanos. A criminales.

    Al final, en la construcción del mensaje que se difundió pasó a segundo plano la salvaguarda de los locales. Los que habitan las calles cada mañana para ir a chambear atendiendo a millonarios.  Quizá por la inmediatez de la reacción no hubo tiempo de configurar el recado que Esponda Cascajares emitió o quizá la afirmación del Fiturca sea un reflejo de lo que algunos creen, sobre todo aquellos que dependen del negocio turístico.

    Incluso se envió un documento Q&A en inglés que guiará a hoteleros con respuestas a las preguntas frecuentes que hacen medios de comunicación, integrantes de la industria turística y consumidores. De lo que pasó en Palmilla se dirá que las autoridades informaron que “el incidente fue un asunto personal” sin turistas lesionados.  El hecho es un evento aislado. La seguridad de visitantes es la máxima prioridad para las autoridades.  Solo criminales pierden la vida. Se dirá lo que sea para mantener la burbuja.

   La veneración al proceso de turistización del territorio es un fenómeno que lleva implícita la revaloración de la ciudadanía que habita el lugar. La retórica del turismo es un doble discurso: el local pasa a segundo plano. En la lógica de urbanización turística los locales estorban en la ecuación.

    En ciudades turísticas de España, por ejemplo, el rechazo al turismo va en aumento. Esto no es nuevo, George Doxey propuso en 1975 un índice de irritabilidad ante la turistificación que consta de cinco fases: euforia; apatía; molestia; antagonismo y rendición. Justamente Barcelona experimenta la etapa cuatro que generó manifestaciones y actos violentos contra autobuses turísticos; ¿BCS en cuál se encontrará?

    La turismofobia, en España, para algunos es una xenofobia crónica que emanó de un grupo radical de izquierda. Para otros, es la reacción natural a los elevados costos de alquiler que imposibilitan al ciudadano común pagar un piso para vivir, porque Airbnb creó una crisis entre los españoles que, ahora, los obliga a aglutinarse en pequeños departamentos mientras que los extranjeros pagan y habitan ocasionalmente sus antiguos barrios, en una cara más de la gentrificación de las ciudades turística, en un fenómeno que releva una clase social baja por otra con mayor capacidad monetaria.

   ¿Llegará el día en que la aberración al turista por parte del residente ocurra? Sí. En algún momento sucederá como pasa en otros países cuando la presión turística sea insostenible. Pasará bajo condiciones distintas que España o Italia.

    La turismofobia es una reacción natural a las injusticias del turismo y, en BCS, lleva una lista larga de atrocidades como el despojo y daños socioambientales.

Twitter: @cachobanzi

El dilema de Los Cabos: ¿el turista o el residente?

Sudcalifornia: espiral ascendente de barbarie

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Roberto Galindo

No me siento desilusionado por el gobierno del estado, yo no voté por ellos para la gubernatura. Defraudados se deben sentir los que les creyeron al Partido Acción Nacional (PAN) y al actual gobernador sus promesas de campaña, sobre todo en lo que prometieron en cuanto a la inseguridad y la violencia; asuntos que antes de la contienda electoral de 2015 –entonces focalizados en algunos puntos del estado– ya daban muestras de los niveles de barbarie que han alcanzado y de la expansión que tendrían por toda la entidad.

            Antes de que el actual gobierno tomara “las riendas” del estado, la violencia criminal ya estaba instalada en Sudcalifornia, pero eso no los exculpa de no poner orden en la entidad que dicen gobernar. No hay excusa que valga, menos aquella de que es un problema heredado de administraciones anteriores; pues para eso llegaron ellos, para resolver los problemas de Baja California Sur. Y los ciudadanos hayamos o no votado por ellos tenemos el derecho y la obligación de exigirles nos den la seguridad que el Estado debe procurar a sus gobernados. Cuando el PAN y Carlos Mendoza Davis decidieron contender por la gubernatura, ya sabían a lo que se enfrentarían en cuanto al crimen organizado, no existen los políticos ingenuos, entonces dijeron saber cómo prodigar seguridad a los sudcalifornianos.

            Hoy Baja California Sur es uno de los estados más inseguros y violentos de la nación. Ahora el que fuera un paraíso para mexicanos y extranjeros es uno de los lugares más violentos del planeta, pues México es una de las naciones más violentas del mundo y Baja California Sur ocupa los primeros lugares de criminalidad a nivel nacional. Asesinatos en despoblado y en las urbes, ejecuciones en restaurantes y centros comerciales, balaceras en las playas más turísticas y fosas con cuerpos sin identificar. El huracán de la barbarie llegó tarde pero con vigor a la media península y, por desgracia, se estacionó en la entidad y poco a poco incrementa su fuerza.

            Hace tres años que se instaló la violencia en Sudcalifornia y apenas estamos viendo algunas de las consecuencias de la criminalidad armada. Y no es que los más de 600 decesos que se han acumulado desde julio de 2014 no importen, son lamentables tantas muertes, es una desgracia humana. Pero es apenas el comienzo, pues lo que fuera un destino de ensueño y un refugio de paz y tranquilidad ha dejado de serlo y como consecuencia el turismo mermará aún más y el desempleo se incrementará. Hoy vemos los primeros resultados negativos en las estadísticas de estos rubros; pero en las calles, en los barrios, en los espacios públicos ya experimentamos el incremento de la incidencia delictiva: asaltos en la vía pública, hurto en viviendas y negocios, robo de autos, entre otros, pero cada vez más violentos. Otra consecuencia será la depreciación de la tierra, de los bienes raíces, pues el interés por vivir en el estado disminuirá.

            Baja California Sur ya no es la tierra prometida, ya no es la entidad alejada de los problemas nacionales. Ahora es como el resto del país, casi una desgracia, y lo que nos queda como ciudadanos es mostrar nuestra inconformidad de manera pacífica y exigir resultados sensibles a nuestros gobernantes. Estamos a unos pasos de acostumbrarnos a sobrevivir entre fuegos cruzados, a normalizar la violencia en nuestras vidas, la muestra es la pasividad ante los últimos sucesos y seguir diciendo “es entre ellos”. Ellos andan entre nosotros y en estos asuntos del ellos al nosotros hay sólo un momento y un lugar, como les sucedió a esos nosotros que ya forman parte de las estadísticas de esos ellos, los que conforman los daños colaterales de esta espiral ascendente de barbarie que es hoy Sudcalifornia.

 

Roberto E. Galindo Domínguez

Escritor, maestro en ciencias, arqueólogo, buzo profesional, literato, diseñador gráfico. Cursa la maestría en Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente. Escribe para la revista Contralínea.

Sudcalifornia: espiral ascendente de barbarie

#ALVTuristas: De la mancha de mierda a las ciudades florero

Sergio Reynaga / Nuria Gil

Comité Groucho-Marx, comediantes comprometidas

“Trabajando conseguí ascender de la nada a la pobreza más extrema”
   Groucho Marx                 
                                                             

En las últimas semanas se nos ha bombardeado con notas de mierda, y sobre restos fecales. La cuestión que nos proponemos tratar en estas líneas, nos coloca en la silueta de un personaje casi invisible, por no decir metafísico, pero a la vez omnipresente, y según su solvencia económica también omnipotente: El turista.

   La guerra por la vida digna en los territorios que sirven como espacios para el desarrollo inmobiliario, turístico y económico del proyecto neoliberal del Estado mexicano, y de manera más precisa de Baja California Sur, sujeta a la población a una cantidad de formas legales que nos arrojan cada vez más a la periferia, a los márgenes, a la mugre y la rabia. Esto último, amiguitos de guayabera, puede resultar contraproducente. La cultura del consumo generalizada, nos opone la inducción de estímulos tan arcaicos como la siguiente formula: Asumir la presa, digerir, excretar. ¿Qué tan normalizada está hoy la violencia en La ¡Paz! (colóquese aquí sonido de arma de fuego, el calibre es responsabilidad del lector)?, No pretendemos sugerir siquiera una respuesta, sino hablar sobre el asunto a manera de esbozo, boceto, garabato más bien.

 Lugares comunes, pensará nuestro sapientísimo lector, sin embargo no los consideramos agotados. El centro de la ciudad es una cantina gigante, esto en especial nos causa una ligera comezón: la apertura al derrame del tiempo libre a propósito de la ingesta de alcohol, por las siguientes situaciones: No hace falta complicarnos mucho para comprender que los espacios controlados, regulan nuestras conductas, y que todo comportamiento asumido por nuestra comunidad apuntala y estimula la situación de desgaste de los vínculos sociales, dicho de otra forma: obedecemos y echamos a perder nuestras relaciones afectivas-comunitarias. En este sentido, es preciso hacer algunas otras afinaciones. Nosotres, pensamos que dichos patrones, son el ejercicio de la violencia del capital, más aún, una garantía y fuente legitimadora de la vigilancia. Y como siempre nos gusta volver a revisar si olvidamos algo, la cancelación del tiempo. Si, si, ya sabemos que suena exagerado, pero échale un vistazo a tú vida…

turi

Bueno, les habíamos hablado de los turis. Quizá sea necesario aclarar que no es que no nos gusten las visitas, pero de ahí a invitarlos a cagar a la casa, hay mucho trecho. Pensamos que ser turi, pasa por la búsqueda de imágenes idílicas, empaques y etiquetas generalizadas, de alguna manera se nos presenta la línea de ensamblaje: Adecuación-empaque-presentación. El acceso a la aventura de nuestras comunidades, pasa por la mercantilización de la ciudad y el territorio, es pues la venta de un producto ilusorio que satisface la gula adquisitiva de locales y extranjeros, ¿qué se pensaban, que sólo los güeros son turis?, no, no, mis queridos druguis, como sugerimos aquí, ser turi, en este primer garabato, significa depredar cuanto nos sea posible. Todo esto, pasa por la agenda institucional, no es casualidad, cómo dijera alguno que no me interesa nombrar aquí: Dios no juega a los dados. Las actividades de la secretaria de turismo, pasan (entre otras) del golf al romance y del spa al ecoturismo, (eco de económico, ¿no?),  y por supuesto del shopping, (Aica) a la vida nocturna, papus y mamus. En la ruta aquí trazada, observamos, a modo de obituario, la construcción de una ciudad de carácter excluyente. ¡Se te va caer la baba en los escaparates, pero solo eso!

Así pues, palomilla; las excelsas figuras intelectuales que componen la actual administración, nos invitan, en los últimos días a un espectáculo sin precedentes desde la inminente amenaza de la mega-minería toxica a cielo abierto, la ley público-privada, las calles carnicería, y… esperen. Bueno, quieren enchularnos el malecón, dicen ellos/as, los que saben de eso, que “La Paz tendrá un malecón de nivel mundial”, y de ser posible que dicha empresa se realice, pues si, será de nivel mundial. Esto significa que no tendrá diferencia alguna con cualquier otro destino turístico, la caricatura es simple: la homologación de las lógicas del consumo y los caprichos del capital privado, pues estas, son necesarias para el correcto funcionamiento del turismo y sus agentes: los turis. Lo que más oscuro nos parece en esta oferta, es la exclusividad de los espacios públicos, que de por sí, por sí mismos en su calidad de públicos no son garantía de nada. La inversión de la primera etapa, supondría el gasto de 150 millones de pesos, no obstante, servirán, dicen, para garantizar el crecimiento cultural, el deporte y la inclusión de la población discapacitada. Es por mucho cuestionable tal aseveración, ¿Qué deportistas y que discapacitados asistirán a tales festejos?, Dejo las interpretaciones a su juicio, pero quiero decir algo, se me ocurre, que quizá estas personas no tienen acceso a la práctica digna de la ciudad ni de sus disciplinas, y si a esto le sumamos la inutilidad del transporte público y la calidad excluyente de las zonas comerciales, nos meteríamos en un aprieto. O no sé si entendí, pero creo que la plataforma más fuerte de su discurso es el fortalecimiento económico de los negocios y el crecimiento de la plusvalía de los terrenos adyacentes. ¿Y qué pasa con el gentilicio, la paceñada qué, a donde van, más lejos, a la periferia de la periferia?

 

 

Fin del primer acto.

 II

¿Se ven bonitos a los lejos los kayaks y Jhon Smith en su tabla de surf, no loco/a?

Dentro del programa de mejora urbanística que nos presentan los ilustrados dirigentes, está, como ya advertimos, la remodelación completa del Malecón con la creación de estupendas playas, artificiales, pero bonitas para contentar la vista de nuestros amados turis, y ya de paso con el lavado de cara, revalorizar el suelo del centro e incrementar un poquito los precios, (no mucho) pues Cancún y Acapulco ya están muy quemados. Por un lado hasta parece un proyecto amable, aunque no sabemos qué lado, ya que dejarán un poco en paz a Balandra y sus manglares, al Tecolote y a los lobos marinos, así quedará todo en corto: bares, shopping y playa en el mismo lugar: ¿qué más quieren? No obstante, parece que se han escapado pequeños detalles en el planteamiento de la construcción de las nuevas playas, cositas sin importancia, como son el alto contenido que posee la bahía de La Paz, sobre todo en el área del Malecón, de bacterias coliformes, dicho de otra forma: bacterias provenientes de los escurrimientos antropogénicos de las aguas fecales sin tratar que dan directamente a esa zona, o por denominarlo de otra forma, bacterias que provienen de la mierda de la ciudad que acaba en las cristalinas aguas de la bahía. Esto es debido a la inexistencia de buenos sistemas de purificación. Pues sí, nos bañaremos en mierda pero con bonitas vistas, en playas bonitas, rodeados de bonitos comercios y bonitos bares. Junto a la urbanización mal hecha y mal planteada, aunque no para las cuentas bancarias de algunos, las condiciones higiénico-sanitarias de las aguas se vuelven desfavorables, mucho peor las de vida para aquellos que viven y trabajan, y son exiliados cada vez más lejos de la zona céntrica, aquellos que no vienen a disfrutar unos días de las maravillas de La Paz. ¡La vida es bella!

Hay que se señalar algo que los paceños tienen muy claro, que uno no caga donde come. Quizás por esto, es que nadie se baña en las aguas del Malecón, a menos que no pueda pagarse una playa más limpia, mucho menos se puede imaginar la pesca en esa zona. Pregúntele usted, nuestro sapientísimo lector, a la palomilla del esterito…

Nos preguntamos si al construir la playa se mantendrán los bosques de alga Ulva, o quizás no hayan pensado en la biodiversidad del ecosistema costero pero si en la diversidad de beneficios económicos que ofrece. ¿Y los huracanes? Porque por otra parte, también se presenta ese problema, si los cauces fluviales naturales se encuentran tapados por la urbanización y de por si ahora mismo no hay arena en el malecón, esta nueva y bonita playa se enfrenta a que cada vez que ocurra un temporal los efectos negativos de éste, serán más graves que el anterior, por lo tanto la arena “se va”, ¿será una sustitución infinita de arena para mantener la nueva bonita playa? ¿Están contemplados estos gastos en los presupuestos de la obra? Creo que no entiendo nada, pero estamos seguras que aumentarán los puestos de trabajo en hoteles, bares, restaurantes, tiendas y seguro que habrá más plazas para entrar en el cuerpo de seguridad como policía turística, porque ante todo hay que salvaguardar la seguridad del visitante. Todo esto disfrazado de mucho sol, muchas luces y muchas sonrisas.

Nosotras queremos decir: el embellecimiento de la ciudad y de la zona comercial, nos vuelve más feos/as, horribles diríamos. Por último, aunque solo por hoy, para cerrar, queremos hablar con un poco de seriedad. Creemos que la descomplejización de nuestra sociedad es necesaria y que otra forma de vivir, no solo es posible sino urgente, tomando en cuenta que nuestra relación con el entorno, supone mediante nuestras prácticas, el deterioro de nuestra calidad de vida y la depredación de los recursos que sostienen la vida, también pensamos que tales situaciones de desgaste nos oponen la guerra, intentamos comprender que su lujo es nuestra ruina, y que mientras no seamos capaces de arrebatarles el privilegio que gozan, el único destino que podremos visitar será el psiquiátrico. De nosotras depende, de nuestra implicación con la transformación de nuestras comunidades, quizá esto signifique dejar de ser meros espectadores, dicho de otra forma: dejar de ser turis. Dios ha muerto, todo depende de nosotras.

Fin del segundo acto.

Hasta la próxima entrega.

 

#ALVTuristas: De la mancha de mierda a las ciudades florero

La narcoviolencia: el alma de la ciudad turística

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Los Cabos es bisnes, y huele a billete verde, billetes que circulan en un edén para desarrolladores inmobiliarios, hoteleros y spring breakers. En esta ciudad turística los negocios aquí prosperan de manera legal o ilegalmente gracias a una economía extractiva que esculpe las condiciones para ambas actividades. En Los Cabos está el sueño de muchos mexicanos del centro del país que se alimenta de un supuesto crecimiento, una especie de sueño americano, pero en México.

Para comprender como funciona el neoliberalismo en el metabolismo de la ciudad, es fundamental recordar la palabrilla que últimamente hemos utilizado en esta su columna rasposa #NuestraOpinióndeMierda: extractivismo. La Revista CEPA (2014) recuerda que el modelo extractivista implanta o crea economías de enclave sobre territorio nacional, ya sea la ciudad o el campo. El objetivo es simplemente poner sus ojos en el mercado mundial con el aprovechamiento de los recursos turísticos.

Como enclaves operan los agronegocios, la minería pero también las zonas turísticas, los parques naturales, y los espacios urbanos que están vinculados el capitalismo mundial. Como economía de enclave de tipo extractivista funciona la producción de flores en la sabana de Bogotá, que supone el traslado de agua al mercado mundial. Son enclaves las maquilas, las zonas francas, los puertos y también los eslabones de la “economía ilegal” (una noción cada día más difícil de usar por la hibridación con lo legal), ligados a la trata de personas– al tráfico de especies animales, al comercio mundial de estupefacientes, al blanqueo de divisas…

Entonces, podemos comprender que el extractivismo es el conjunto de actividades económicas –con sus correspondientes derivaciones militares, sociales, políticas, ideológicas y culturales– que posibilitan el flujo de materia, energía, biodiversidad y fuerza de trabajo desde un territorio determinado hacia los centros dominantes en el capitalismo mundial, donde se consumen a gran escala para garantizar la reproducción del capital (Revista CEPA; 2014)”.

Diego Carrión Sánchez y Ricardo Sánchez Cárdenas explican que en la ciudad turística o enclave turístico comienza un proceso de privatización de bienes públicos: playas, terrenos cercanos y vías de acceso a favor de hoteles o la industria de turismo residencial. Esto significa mayor control del territorio mediante “el respeto a la propiedad privada y la fijación de tarifas prohibitivas para los habitantes locales, es decir, el acceso a hoteles, sitios turísticos, residencias y urbanizaciones, está por encima de los ingresos promedios de la población (Cordero, 2011, pp. 36,37). El efecto inmediato de la privatización es el incremento del precio de la tierra (p.37)”.

Esta desigualdad ha sido detectados por el investigador Manuel Ángeles et al (2012) en Baja California Sur: Crecimiento Turístico y Desarrollo Humano; en BCS y Los Cabos es necesario “se inicie un proceso de reforma del modelo de crecimiento aplicado hasta ahora, que tiende a beneficiar a pocos, que genera una desigualdad creciente, y daña el medioambiente. Más aún, la crisis económica global resalta la vulnerabilidad de que regiones descansen exclusivamente en un solo recurso o mercado como estrategia de desarrollo”.

En muchos casos, la gente que llega al destino turístico en busca de un empleo no logrará encontrar una vivienda digna en los sitios de mayor plusvalía de la ciudad y, así, comienza la apropiación de nuevas áreas, zonas de exclusión en la periferia de la ciudad turística. Lo único que vale es su fuerza de trabajo. Nunca alcanzarán los frutos prometidos por la ciudad turística, en cambio aumentará la precarización de los grupos que viven en esta periferia, en este no lugar ante los designios del capital.

Los parámetros laborales que se imponen en toda la economía replican lo que sucede en los enclaves, que viene a ser la generalización de los salarios chinos, no importa si se trata de actividades propiamente primarias, o del sector servicios, o de lo que queda de industria. Al mismo tiempo, se eliminan los sindicatos y se obstaculiza la lucha colectiva de los trabajadores, a la par con el incremento del trabajo informal, la terciarización laboral, y la eliminación de los derechos de los hombres y mujeres que viven de su trabajo. La degradación laboral se convierte en una de las cartas de presentación que ofrece el Estado y las clases dominantes locales para atraer inversiones extranjeras, quienes argumentan que en este país existe una fuerza de trabajo barata, capacitada y sumisa dispuesta a dejarse explotar por los inversores extranjeros que quieran invertir su capital en nuestro territorio (Revista CEPA).

¿Narcoextractivismo?

Gracias a la desigualdad del ingreso en Los Cabos es evidente, las colonias pobres se multiplican en la sociedad capitalista, y no solo se generan las condiciones de mano de obra barata para la maquinaria turística sino para el narcoextractivismo. Tal vez sea aventurado lanzar este término, pero si será necesario poner atención sobre las implicaciones de una actividad que cumple muchas de las características que definen al extractivismo, y que se enlaza a las dinámicas globales mediante el sistema financiero mundial y de expansión territorial del capitalismo neoliberal.

Martin Scarpacci (2015) en su artículo Ciudades estratégicas: entre el extractivismo y el narcotráfico. La violencia en el paradigmático caso de ciudad Rosario, desarrolla un texto en el que muestra la relación entre ciudad-región y región-resto del mundo, y en esta dialéctica señalará “la vinculación existente entre los mercados legales e ilegales de la economía y cómo ésta afecta a la ciudad modificando el espacio donde interactúan las personas con los medios de producción”.

El autor se propone a reflexionar cómo el excedente capitalista de ambos negocios “se cristaliza en gran medida en la construcción edilicia o en grandes desarrollos inmobiliarios, pero también a nivel de usos de suelos expandiendo innecesariamente la frontera urbana, subordinando al territorio y la ciudad a las lógicas especulativas de mercado”. ¿Será posible considerar a Los Cabos al igual que Rosario como una enorme lavadora de capitales?

Quizá aquí sea necesario atreverse a usar el trabajo de Sayak Valencia Triana (2012) que utiliza el término del capitalismo gore para visibilizar “la complejidad del entramado criminal en el contexto mexicano, y sus conexiones con el neoliberalismo exacerbado, la globalización, la construcción binaria del género como performance política y la creación de subjetividades capitalísticas, recolonizadas por la economía y representadas por los criminales y narcotraficantes mexicanos, que dentro de la taxonomía del capitalismo gore reciben el nombre de sujetos endriagos.”

En primer lugar, es necesario apuntar qué entendemos por capitalismo gore: con dicho término nos referimos al derramamiento de sangre explícito e injustificado, al altísimo porcentaje de vísceras y desmembramientos, frecuentemente mezclados con la precarización económica, el crimen organizado, la construcción binaria del género y los usos predatorios de los cuerpos, todo esto por medio de la violencia más explícita como herramienta de “necroempoderamiento”.

Por medio de prácticas violentas de autopoder “rentables dentro de las lógicas de la economía capitalista (p.84)”. El cuerpo, la carne humana, se convierte en una mercancía necesaria al servicio del sistema económico paralelo. Asalariados criminales que tienen en automático a un mejor estatus de vida. Una pequeña dosis de “felicidad”. El asalariado criminal accede a las recompensas de un sistema consumista que les permite gastar como si fueran los nuevos ricos de la ciudad, aunque sea por un fin de semana, sin importa ser el próximo en aparecer acribillado en redes sociales o en un medio de comunicación tradicional.

En #NuestraOpinióndeMierda creemos que aún falta mucho qué investigar, pero es lógico observar lo bien que se llevan la industria extractiva turística y el narcoextractivismo: tanto en la especulación inmobiliaria como en el proveer de drogas. La ciudad turística crea las condiciones para tener mano de obra barata para el sector legal e ilegal.

Lo único que nos preguntamos: ¿Cuánto vale la vida de una persona?

Atte.

@El_Organismo

Links de interés
http://www.rosalux.org.ec/attachments/article/753/Pensar%20las%20alternativas%20V2.pdf
http://www.conflictosmineros.net/noticias/10-colombia/16905-extractivismo-enclaves-y-destruccion-ambiental
http://nuso.org/media/documents/Logros_y_contradicciones_del_extractivismo._Bases_para_una_fundamentaci%C3%B3n_emp%C3%ADrica_y_anal%C3%ADtica__Febrero_2014.pdf
http://www.e-publicacoes.uerj.br/index.php/rdc/article/view/20919/15364
http://www.elespectador.com/opinion/turismo-extractivista-vs-turismo-sostenible
https://www.aldhea.org/aporte-al-debate-el-extractivismo-como-categoria-de-saqueo-y-devastacion/
http://www.uabcs.mx/secciones/descarga/archivo:18092015_101216_2012%20Baja%20Californi%20Sur%20Crecimiento%20Desarrollo%20Humano.pdf
http://www.relacionesinternacionales.info/ojs/article/view/331.html

La narcoviolencia: el alma de la ciudad turística