¿Es el cambio climático un asunto de género?

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Carlos Mancilla

 

Los últimos días han sido ‘’históricos’’ en cuanto a los efectos de fenómenos naturales en varias partes del hemisferio, particularmente en Latinoamérica donde hace exactamente una semana, Baja California Sur y los estados vecinos, sufrirían el embate de la depresión tropical Lidia. Tras su paso, trascendió en redes sociales que en Baja California Sur no se registraban lluvias tan fuertes desde 1933 (con información de CONAGUA). Del lado del Atlántico y en la zona de las islas del Caribe llegaron noticias aún más estremecedoras. La fuerza del huracán Irma (categoría 5 según la escala de viento Saffir-Simpson) azotó con potencia destructiva varias islas del Caribe. Tan solo en Antigua y Barbuda, su primer ministro Gaston Browne anunció que ‘’el 90% de la estructuras se encontraban destruidas […]’’ y que Irma ‘’fácilmente ha sido el huracán más fuerte en golpear el Caribe [..]’’, dichas declaraciones, 10 horas después de que el país perdió comunicaciones con el resto del mundo.

En un vistazo rápido a las recientes catástrofes por fenómenos naturales, es cada vez más común leer ‘’el huracán más fuerte’’, ‘’la lluvia más fuerte’’, ‘’el tifón más letal’’, ‘’la sequía más dura’’ dentro de los principales encabezados de periódicos internacionales. Y aunque Trump, mucho antes de llegar a la presidencia dio el carpetazo para dar por clausurado de una vez por todas el debate sobre el Cambio Climático (el mismo presidente que recientemente durante el eclipse de sol, volteó hacia el cielo sin ningún tipo de protección en los ojos) resulta evidente y necesario repensar todos los diálogos sobre el Cambio Climático en calidad de urgencia, prioridad y, que de una vez por todas, pueda plantearse desde un discurso ecofeminista cada vez más contundente y que nos viene a mostrar ‘’el otro lado de la moneda’’, sobre todo, cuando los datos de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos revelan que el 70% de las personas pobres del mundo son mujeres. La perspectiva de género en el debate del Cambio Climático esta todavía ausente en gran parte de la epistemología que se genera en cuanto al tema.

Cuando hablamos de desastres naturales, rara vez nos detenemos a pensar en el género como un factor determinante de cómo me va a afectar a mí un desastre natural, dependiendo de dónde estoy situado, si soy hombre o mujer, en qué país vivo y cuáles son las estructuras y roles de género que predominan en dicho lugar. El caso de los países del Sur es alarmante, el Cambio Climático aunado a la llamada Ética del Cuidado, en la que las mujeres están destinadas a una serie de atribuciones como el cuidado del hogar, de los hijos, en donde existe una dinámica de agricultura de subsistencia en la que ya es imposible cosechar para vivir debido al embate del clima, las sequías, la destrucción del medio ambiente que colocan a las mujeres en una vida precaria, donde por un lado hay que trabajar la tierra –y nunca llegar a ser ellas las titulares de la tierra-, educar y cuidar a los hijos, proporcionar agua –además de difícil acceso en países del Sur- y, todavía, enfrentarse a la violencia de género todos los días.

De acuerdo a estudios realizados por la Organización de las Naciones Unidas, en el 2008, ‘’las mujeres y los niños/as tienen 14 veces más posibilidades de morir durante una emergencia o desastre que los hombres’’. En ese sentido, se informa que ‘’las mujeres y las niñas asumen también la principal carga de la recolección de agua en los países en desarrollo. De hecho, un análisis de 25 países de África subsahariana reveló que el 71% de quienes recolectan agua en la región son mujeres y niñas, y en un solo día las mujeres gastan colectivamente alrededor de 16 millones de horas en buscar agua (los hombres, 6 millones)’’. ¿Es el Cambio Climático un asunto de género? No nos queda ninguna duda que la respuesta es sí.

En mayo del año pasado, se llevó a cabo en Dinamarca el foro Women Deliver en donde se discutió sobre salud, derechos de las mujeres y, por supuesto, Cambio Climático. Allí, una joven activista procedente de las islas Fiji comentó que en su país transcurren “seis meses al año combatiendo ciclones y otros seis preguntándose cómo conseguir agua corriente”. Las estadísticas y los saberes que se compartieron en dicho foro, de mujeres de todo el mundo que hacen frente al Cambio Climático fueron tan estremecedoras como reveladoras, concluyendo en que no se puede separar el debate del clima del debate sobre el desarrollo ni seguir abordando dichos temas sin una visión desde el género.

El feminismo ha denunciado largamente las dinámicas del patriarcado –sublimado en el capitalismo–  en donde a las mujeres son vistas a partir de la dualidad naturaleza-cultura, es decir, el mundo natural y la ética del cuidado –que se traducen en relaciones jerárquicas de poder– mientras que a los hombres se nos asocia con la civilización: el dominio. De ahí que los hombres históricamente hayan tenido más presencia en el arte, la filosofía, la ciencia y que un grupo goce más privilegios sociales, económicos y políticos. De la lucha feminista y de la ecologista, ha surgido desde hace varios años una corriente alternativa (pero no separada) del feminismo: el ecofeminismo. En palabras de Beatriz Gimeno (2011):

El ecofeminismo ha […] ha señalado que en el orden simbólico patriarcal la dominación de la naturaleza y de las mujeres están conectadas; el ecofeminismo considera que la dominación y explotación de las mujeres y la dominación y explotación de la naturaleza tienen un origen común: una visión androcéntrica de la vida en la que el varón busca dominar el mundo (y las mujeres son parte de ese mundo) y en la que éste construye su subjetividad y construye la sociedad a partir del dominio de ambas”. 

Baja California Sur y la absurda lógica de la clase política

La lectura que puede hacerse sobre el Cambio Climático en nuestro estado es claramente distinta. Pero ¿qué tan distinta y qué otras lecturas pueden hacerse en cuanto al género y el clima? Podríamos hablar sobre bioética, poca responsabilidad a la hora de planear los modelos de urbanización (edificio colapsado durante el paso de la tormenta Lidia en la Colonia Chulavista en Los Cabos, asentamientos de alto riesgo en arroyos y un largo etétera). La rapiña (el trending topic de los chubascos sudcalifornianos), la indiferencia de las autoridades que, por un lado, censuran a los medios de comunicación de informar sobre la tormenta, pero por otro no informan a la ciudadanía sobre los costes del paso de Lidia, los fallecimientos, entre otras cosas. Además la incompetencia para vigilar establecimientos y salvaguardar a la población. Todo esto conforma la absurda lógica de la clase política de Baja California Sur; y me gustaría terminar este breve resumen sobre lo que a mi modo de ver, podría llegar a enriquecer los debates sobre el Cambio Climático si comenzamos a visibilizar que también es un problema de género, con una fotografía del diputado federal Ernesto Ibarra Montoya (Partido Acción Nacional) donde fue captado muy sonriente haciendo de entrega de un bote de leche Nido y un paquete de pantimedias a una damnificada en Los Cabos tras el paso de Lidia.

El nivel de nefastez, de poco sentido común y de sexismo que refleja esta fotografía me produce nauseas. Por un lado, el señor diputado que llega a la zona de desastre a ‘’ayudar’’, uno pensaría en otro clase de víveres (de primera necesidad, la leche en polvo podría serlo en caso de que la mamá no produjera leche materna por x o y razón, pero las pantimedias no, bajo ninguna circunstancia)- aunado a lo que su figura representa (el Estado) en la sociedad, y sin caer en paternalismos absurdos, estamos ante una clase política que considera que es de primera necesidad obsequiarle a una mujer un par de pantimedias después de un desastre natural, porque en su lógica patriarcal es esa su función como mujer: servir en el hogar, cuidar a los hijos y verse ‘’atractiva’’ y  nada más.

Para terminar, me gustaría añadir que cualquier lectura desde el género e interseccional a los debates del cambio climático son igual de valiosas que las que pueden tenerse en grandes congresos y foros internacionales. Nunca antes en la historia habíamos enfrentado la furia del clima como lo hacemos ahora. La Madre Natura nos está diciendo algo, ¿cuál será el mensaje? Y todas las preguntas que nos caen encima como lluvia de ciclón. El entendimiento del progreso desde la dinámica capitalista/patriarcal se demuestra todos los días como insostenible. El futuro del planeta entero está destinado a ser zona de desastre bajo esta lógica, y no nos queda más que apelar a nuevos modelos de subsistencia que nos hagan voltear –forzosamente– al suelo, la tierra, los mares, los ríos, las montañas y los cielos. Esta vez más amables con ellos, desde la equidad y el reparto justo de la ética del cuidado entre hombres  y mujeres.

¿Es el cambio climático un asunto de género?

#LosCabos: Después de la tormenta, vienen los bisnes

Cochi

@cachobanzi

San José del Cabo y, en particular Cabo San Lucas, las construyeron en el lugar perfecto. La punta de la península tiene las condiciones ideales para el desastre natural perfecto para una urbe en el que los capitales viajan de lugares desconocidos. Las cruzan varios arroyos y ambas ciudades las destruye el vendaval, pero las rehace el capital a su antojo gracias al tránsito libre de dinero. Sin duda, el agua de la lluvia ayuda a lavar mucho más que las banquetas.

Las tormentas o huracanes no son un riesgo financiero para aquellos que urgen de deshacerse de volúmenes gigantescos de efectivo. Aquel inversor agresivo que pone su dinero en un fondo de inversión de alto riesgo, es decir, el interesado está dispuesto a ganar sin importar nada para obtener una alta rentabilidad en el menor tiempo posible. No sucede así para quienes pagaron una elevada prima de un seguro ante desastres naturales, porque sus inversiones son a mediano o largo plazo. Algunas empresas hoteleras o inmobiliarias a veces no ganan, pero sí las aseguradoras. Ya pasó una vez con el huracán Odile que hizo pedazos los edificios de endeble tablaroca.

No olvidemos a los grandes bancos mundiales que están listos a incentivar a los gobiernos latinoamericanos para crear un Fondo de Seguros para Desastres Naturales, con préstamos a 25 años con una tasa de interés que fija el British Bankers´ Association (BBA), con la finalidad de “reducir su vulnerabilidad fiscal frente a las catástrofes” (BID, 2011). Tampoco el codiciado Fondo Nacional contra Desastres (Fonden) que otorgan cuando se decreta zona de desastre.

En fin, podría seguir enlistando las formas de sacarle jugo a un desastre natural, pero es preciso señalar las serias irregularidades en el desarrollo urbano de las ciudades de Los Cabos que terminan con la vida de quienes las viven los 360 días año. En el caso de Homex construyó fraccionamientos que se vinieron abajo a causa de un arroyo en Chula Vista y Puerto Nuevo, son un claro ejemplo de cómo el sector turístico–inmobiliario están ligados. Al concretarse la venta, la desarrolladora se deslinda de lo que pueda sucederle a las personas que con sacrificio pagaron un crédito. Se levantan cada mañana para viajar a la ciudad en la que por unos cuantos pesos van a servir a los miles de turistas que llegan.

Las ciudades de Los Cabos reproducen la desigualdad pese a los millones de dólares que mueven. El negocio por encima de la vida. Al territorio lo trastocan hombres de cuello blanco muchas veces representados por mexicanos que intentan imponer una nueva territorialización mercantil que genera la expulsión de familias que no pueden rentar o comprar una casa cerca de sus lugares de empleo. Tienen que conformarse con sobrevivir en una zona de alto riesgo. El mismo presidente Enrique Peña Nieto explicó la razón: la alta plusvalía del destino turístico.

 “Lidia” dejó tras de sí la cadena de corruptelas que hay detrás de la construcción de una casa, la venta de un terreno o la edificación de hoteles en áreas de peligro. Reveló la frialdad con las que ciertos personajes ganan carretonadas de billetes. Desde lo local hasta las más altas esferas. Funcionarios públicos que son beneficiados por el poder económico, se convierten en empleados de grandes corporativos y olvidan su principal tarea que es la del estado: mejorar las condiciones de los habitantes. En cambio magnifican la vulnerabilidad de la ciudad ante desastres naturales en espera de un nuevo bisnes en la reconstrucción de un puente o el desarrollo de un nuevo bordo para desviar el arroyo y vender más terrenos.

#LosCabos: Después de la tormenta, vienen los bisnes

Y sin embargo intentamos dominar la naturaleza

Carrohundido
Bernardo Martinez – Cabo Wedding Photography
¡Oh desecadores de lagos, taladores de bosques! ¡Cercenadores de pulmones, rompedores de espejos mágicos! Y cuando las montañas de andesita se vengan abajo, en el derrumbe paulatino del circo que nos guarece y ampara, veréis cómo, sorbido en el negro embudo giratorio, tromba de basura, nuestro mismo valle desaparece. Cansado el desierto de la injuria de las ciudades; cansado de la planta humana, que urbaniza por donde pasa, apretado el polvo contra el suelo; cansado de esperar por siglos de siglos, he aquí: arroja contra las graciosas flores de piedra, contra las moradas y las calles, contra los jardines y las torres, las nefastas caballerías de Atila, la ligera tropa salvaje de grises y amarillas pesuñas. Venganza y venganza del polvo…” Alfonso Reyes, Palinodia del polvo, 1940.

Roberto E. Galindo Domínguez

La soberbia humana es evidenciada con cada fenómeno de la naturaleza, soberbía mía, nuestra, la de todos; pues la madre natura nos enseña que este planeta no es nuestro y que ella es la única dueña. Ya lo escribió Alfonso Reyes sobre nosotros los mexicanos y nuestros ancestros, y la humanidad, lo que nos emparenta es: “…la comunidad del esfuerzo por domeñar nuestra naturaleza brava y fragosa; esfuerzo que es la base bruta de la historia.” (Reyes, Visión de Anahuác [1519], 1915); y muchas veces es la base de las grandes tragedias de esa historia. La naturaleza es ingobernable, pero los hombres nos empeñamos en confinarla e intentar hacerla retroceder, aun sabiéndonos las insignificantes hormigas que somos ante la fuerza creadora y transformadora de la Tierra.

            No es sólo nuestra soberbia como humanidad la que es expuesta por terremotos, huracanes y tormentosas lluvias; también es la incompetencia de las autoridades o la excesiva competencia que ellos se confieren cuando se trata de conceder permisos de usos de suelo y para edificaciones en zonas de riesgo. Incompetencia que la mayoría de las veces no es ingenua y obedece a corrupción, ambición y demás factores económicos y políticos sobre los que se basan el comportamiento y aspiraciones de la mayoría de las autoridades de este país.

            En Baja California Sur con cada fenómeno meteorológico se ponen en riesgo las vidas y el patrimonio de los sudcalifornianos y ¿qué se le va a hacer?, si como dice Cristina Pacheco: “Aquí nos toco vivir”. Entonces viene el escupitajo al sentido común y el elogio a la estupidez cuando se edifican asentamientos humanos en causes de avenidas líquidas naturales, cuando se erigen hoteles a la orilla del mar creando barreras para evitar el deslave que les gusta hacer a las mareas con sus olas, cuando se otorgan permisos de contrucción en las laderas de los cerros. ¿Se les olvida a las autoridades la fragilidad y la diminutez humana ante la fuerza de la naturaleza?, pero aun así en Sudcalifornia cada temporada de lluvias y huracanes en que se dan precipitaciones “atípicas” suceden pérdidas económicas y desgracias humanas. Hemos visto hoteles barridos por la fuerza del mar y edificios arrasados por las crecientes de arroyos de temporal en Los Cabos, arroyos convertidos en violentos ríos enguyendo autos y personas en La Paz, y vados furiosos y anegados en cualquier parte, donde las autoridades no se han decidido a poner un puente enérgico y seguro que le permita al ciudadano sortear los vendavales líquidos sin peligro.

            No hay infraestructura infalible, pero sería de sentido común privilegiar la seguridad del ciudadano en los puntos de cruce que se vuelven pasos de muerte cada lluvia “excesiva” –las lluvias son lo que son–; sentido común que no hay en erigir un hotel con los cimientos en el mar y sobre el manglar, bloqueando la salida natural del vital y mortifero elixir en Punta Lobos, Todos Santos. Sentido descomunal por monstruoso es pretender ganarle terreno al mar en un malecón paceño que no necesita más que mantenimiento y limpieza. Sería de sentido común no erigir una presa de jales en la Sierra de la Laguna, donde las tormentas diluvio serán cada vez más típicas. ¡Pero no, la soberbia y la incompetencia política nos hacen soportar elefantes blancos que naufrgarán con los primeros truenos de la madre naturaleza cuando reclame su lugar!; y entonces habrá tragedias y morirá gente, y sin embargo seguiremos intentando domeñar a la naturaleza.

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en ciencias, arqueólogo, buzo profesional, literato, diseñador gráfico. Cursa la maestría en apreciación y creación literaria en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente.

 

Y sin embargo intentamos dominar la naturaleza

#LaCuchara “Seguridad” y democracia en Sudcalifornia

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Sandino Gámez

 

La situación actual de México y Baja California Sur puede comprenderse como producto de una larga historia de corrupción en las élites gobernantes, especialmente en los últimos treinta años. Han sido muchas décadas en que el servicio público parece una función no para servir al pueblo, sino para “dar empleo”, cooptar cómplices o enriquecer “legalmente” a individuos o grupos económicos y políticos.

   Cuando un funcionario o empleado público, federal, estatal o municipal, conoce el valor de su trabajo ante la comunidad, la persona que cumple una función pública decidirá la mayoría de las veces del lado de su concepto de colectividad. Decidirá en función de lo que considera es el interés social. Incluso en los actos de corrupción, el funcionario corrupto decide en ese sentido: el dinero público es de todos, “como es de todos no es de nadie”, “mejor yo que otros como yo”, “es el sistema”.

   En nuestro país y en nuestro estado vivimos un drama diario producto de una crisis política, social, institucional, ambiental y económica.

   La muerte o desaparición de casi medio millón de personas en la última década por una violencia sistemática y la absoluta falta de representatividad popular de los partidos políticos y la clase gobernante han llevado al descrédito a las instituciones públicas federales, estatales y municipales.

   El Partido Revolucionario Institucional o el Partido Acción Nacional podrían ganar en 2018 nuevamente la presidencia de la república o la gubernatura del estado o la presidencia municipal de La Paz y no habría más que una profundización de esta grave circunstancia, para sufrimiento de millones de mexicanos y de cientos o miles de sudcalifornianos. Pero en los medios de comunicación escucharíamos una narrativa diferente a la realidad, una narrativa como la presente, en la que se destapa una trama corrupta tras otra sin que los responsables y los corresponsables sean sancionados.

   El presidente Calderón dijo que iba a hacer una “guerra contra el narcotráfico” y colocó a la Marina y el Ejército en las calles. Peña Nieto continuó con la “estrategia”. El resultado comprobado ha sido un aumento terrible en asesinatos y crímenes. México y Baja California Sur están sumidos en una violencia social creciente. El sentido original para todo este sacrificio de vidas humanas y recursos de la nación se resumía en la frase “para que la droga no llegue a tus hijos”. El resultado, comprobado, es que en el mismo periodo de esta “estrategia de seguridad” lo que se ha tenido es un mayor consumo de drogas legales e ilegales.

  ¿Quién quiere que haya mayor consumo de drogas legales e ilegales en México y Baja California Sur? ¿Quién quiere que haya asesinatos, crimen y violencia en nuestro país, nuestro estado, nuestros pueblos y ciudades?

  Para detener la actual violencia del crimen organizado en Baja California Sur, el gobierno de Carlos Mendoza Davis ha dado varias explicaciones que deben ser analizadas en su conjunto.

  En los primeros meses de su gobierno contestó en Los Cabos a un ciudadano con su hija en brazos, que la causa de los asesinatos del crimen organizado en Baja California Sur está al interior de las familias.

   Más adelante el gobernador sintetizó ante los reporteros de la fuente que la estrategia de seguridad de su gobierno era una “medicina”. Poco después, triunfalista ante la captura de un jefe de sicarios, dijo que la “medicina” es la “adecuada” y que sólo había que “aumentar la dosis”.

   Desde que Mendoza Davis se expresara así ha habido tantos asesinatos, cada uno más terrible que el anterior, que son preocupantes las declaraciones más recientes del gobernador sobre seguir aumentando “la dosis”.

  El pueblo sudcaliforniano no es un pueblo enfermo. Tal vez la clase política y gobernante sí esté enferma. Las declaraciones del gobernador dan una idea de ello.

  La clase o grupo gobernante carece de una visión integral de la sociedad sudcaliforniana y está cerrada a la crítica, así sea constructiva. ¿De qué otra manera si no como una enfermedad se puede entender la repetición constante en los subordinados del gobernador de este mismo criterio que culpa a la población de los males que acontecen en nuestro país y estado?

   Los dos más altos responsables directos de la seguridad y la impartición de justicia en Baja California Sur en fechas muy recientes han proyectado esta idea con gran nitidez.

   Erasmo Palemón Escamilla, el “procurador de Justicia” de Baja California Sur (que en otros países latinoamericanos llaman defensor del pueblo) acusó recientemente de “afrenta a la función del Procurador General de Justicia” el dar un “informe detallado” de su actuación nada menos que a la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

    Por otra parte, el subsecretario de Seguridad Pública de B.C.S., Ismael Sigala Páez, dividió a la mitad el fenómeno de la corrupción, declarando que “el cincuenta por ciento de la corrupción está en el ciudadano” y la otra mitad “está en las instituciones”.

    ¿Son corruptos a la mitad los funcionarios y empleados públicos sudcalifornianos? ¿Se debaten el gobernador y sus secretarios y subsecretarios de estado, a la mitad, entre la corrupción y la honestidad? No podemos creer que la mitad del comportamiento de los altos responsables de la política, las finanzas y la seguridad de Baja California Sur sea tendiente a la corrupción, y que este funcionariado y cargos electos sólo estén esperando, como en el lance de una moneda al aire, la vinculación con un ciudadano corrupto para realizar un acto de corrupción.

   (Es fácil comprobar que la proporción de acciones corruptas entre los integrantes del pueblo sudcaliforniano es muchísimo menor, casi inexistente, a la que sucede entre los funcionarios sudcalifornianos, en el sentido que ha declarado el subsecretario Sigala. También es fácil comprender que este gobierno no hará nada por mejorar las instituciones sudcalifornianas, pues casi al concluir una tercera parte de su periodo de administración no ha indiciado, acusado o detenido a ningún funcionario o ciudadano corrupto, de ahora o de administraciones anteriores. O el grado de impunidad es de cien por ciento o vivimos en un estado con menores índices de corrupción que en Japón o Suecia.)

  Lo que vemos en este gobierno es una ignorancia casi absoluta sobre las particularidades del pueblo sudcaliforniano, así como una gran insensibilidad y prejuicios sociales muy profundos, especialmente en la persona del jefe del ejecutivo estatal. Sus declaraciones públicas lo demuestran de continuo.

    ¿Conviene llamarles al debate, a la discusión pública de estos asuntos? Por ejemplo, si en la casi totalidad de la población hay una carencia de conocimiento sobre derechos, leyes y normativas: ¿cómo puede ejercerse una responsabilidad en el desconocimiento de ella? ¿Quién es el responsable de este desconocimiento? ¿El ciudadano que nace, se desarrolla,  alcanza la mayoría de edad y vive sin tener acceso a las fuentes de cultura cívica de su comunidad? ¿Quién es el responsable entonces? ¿Las instituciones, el Estado sudcaliforniano y el Estado nacional? No. Estas entidades se crearon y se proyectaron precisamente para garantizar el acceso de todas y todos a los derechos, y para distribuir entre todos, también, las obligaciones.

   Las instituciones existen. Pero sus funciones no se realizan o no se realizan bien. ¿Quiénes son los responsables entonces? ¿Qué no se nombran personas específicas responsables para ello?

    En Baja California Sur es inadmisible que estos responsables sean quienes acusan a la población sudcaliforniana de generar la violencia social y propiciar la corrupción.

   Los sudcalifornianos no somos responsables de los asesinatos, el aumento en el consumo de drogas legales e ilegales ni la violencia en nuestras comunidades. Tampoco del desprestigio, desconfianza e inoperatividad de las instituciones de gobierno.

   Somos responsables de elegir o mantener a quienes legalmente, constitucionalmente, son los responsables de arreglar los problemas públicos.

 Esto continuará de manera cada vez más esquizofrénica, hasta que el pueblo sudcaliforniano tenga las herramientas constitucionales para obligar a renunciar a cargos electos o funcionarios que incumplen sus promesas de campaña o son incapaces para realizar efectivamente el propósito de servicio público para el cual han sido designados.

   Continuará mientras el aparato público esté manejado por un cincuenta por ciento de corrupción y sólo un cincuenta por ciento de honestidad. Mientras los servidores públicos sean nombrados y removidos por motivos políticos, electorales y partidistas, en lugar de contar con una carrera de méritos con reglas claras para nombramientos y ascensos.

   En fin, continuará mientras la clase política sudcaliforniana no se renueve con políticos ciudadanos de a pie, que consideren los cargos de elección popular una obligación cívica, temporal por pesada, obligatoria por urgente.

   ¿Quién más va a venir a resolver los problemas sociales de los sudcalifornianos? ¿Funcionarios o gobernantes venidos de fuera, como los actuales?

 

#LaCuchara “Seguridad” y democracia en Sudcalifornia

#FábulasdeVenus: Acoso sexual, el trasgresor de la dignidad femenina

Ana obra

(Obra de Ana Razo)

Marisabel Macías Guerrero

Contar historias de todo tipo es el mejor modo que encontramos los seres humanos, desde siempre, para entendernos y entender nuestro mundo. Por lo menos intentarlo.

   Quiero contarles que han sido tantas las historias que se me han presentado desde que este tema me encontró, entre propias y ajenas, recientes o del pasado, que he tardado más de la cuenta decidiendo cómo empezar, cuando lo importante quizá, es qué haremos después de esto.

   Pensé en iniciar con los “piropos” de la mañana, mientras me dirigía a tomar el camión para desplazarme al trabajo, un hombre en bicicleta y otro caminando, con una cuadra de diferencia (sólo recorro cuatro calles), me gritaron respectivamente “mi amor” y “chiquita”… ¿Pero en qué planeta creen estos seres que esas palabras me halagan? ¿O qué es lo que realmente pretenden? ¿Cómo no se enteran de que nos incomoda? Regularmente les respondo, los cuestiono, pero esta vez algo me hizo eco.

   Reflexioné que esa escena me sucede al menos una vez por día, y en que sé que no soy la única, y que aunque a muchos les parece una exageración cuando nos quejamos, el tema del acoso callejero es algo muy serio, y que ya nos tiene hartas. El que algunos hombres, diariamente, en pleno siglo XXI, sigan opinando y gritando juicios sobre nuestro cuerpo o en general nuestra persona, significa que en el fondo no se nos ha quitado esa carga significativa de objetos, es decir, que a las mujeres nos han dejado padecer esa reducción que además se auto legitima como una forma de subjetividad, cuando realmente es un acto indebido, vulgar, que sobrepasa los límites y violenta, el que se supone es un principio fundamental de esta sociedad: la autonomía individual. ¿Cuántos de los hombres que están leyendo esto han sido acosados en la calle? ¿Cuántas veces en su vida? ¿Cómo reaccionarían frente a alguien que, abusando de su fuerza, poder o privilegios, los sometiera a esta violencia cotidiana?

   Pero no sólo nos cosifican en la calle, puede ser peor, puede estar también en casa, en la escuela o en el trabajo, además debes saber que puede ser en cualquier etapa del ciclo vital, igual te sucede cuando eres niña, luego se repite en la universidad o en algún empleo. El acoso y el hostigamiento están enquistados en la sociedad, favorece a esto el que sea un mal invisibilizado.

   ¿Y que cómo asevero esto? Bueno, pensando en cómo abordar el tema del acoso sexual, me fue inevitable no partir de la propia experiencia; y de principio asumí algo: que por más que me nombre feminista, fabricante de lengua, y que ya haya conversado varias veces sobre este tema con amigas y amigos, por más que conozca otras experiencias, realmente he guardado silencio. Pero no más.

 A muchas mujeres nos resulta muy difícil abordar este tema, porque desafortunadamente existe un primo o tío, padre, padrastro, vecino o cualquier desconocido, que nos acosó o acosan: que nos espían mientras estamos en la ducha, o mientras nos cambiamos, que nos tocan “sin querer”, que se tocan al vernos, que nos roban la ropa interior, nos mandan mensajes, que nos toman fotos sin nuestro consentimiento, que nos intimidan o nos hacen bromas de contenido sexual. Esto es algo que nos ocurre todo el tiempo. Imaginen el estrés que eso genera, sentirte acechada, hostigada, cansada hasta el hartazgo.

   En mi caso, padecí hostigamiento y acoso sexual de un par de mis primos, de manera sistemática, que se prolongó durante años, cuando estaba yo en la pubertad y ellos eran varios años mayores que yo; esos parientes arruinaron una etapa de mi vida que debió ser muy mía, sólo mía. Esos acontecimientos implicaron numerosos momentos llenos de miedo y desesperación para mí, y tuvieron claras repercusiones a futuro en diversos aspectos de mi vida. Y fue un tema que en la familia NUNCA se pudo discutir ¡El acoso sexual quebranta la dignidad de quien lo padece! Y todos somos responsables de detenerlo.

   Hasta ahora, más de quince años después, puedo ver claramente los hechos y su trasfondo, puedo racionalizarlo, reflexionarlo, criticarlo y hacer algo para transformarlo; y me parece muy importante contribuir para erradicarlo. Creo que el primer paso para declararse en contra de cualquier tipo de violencia, especialmente del acoso sexual, que es tan poco abordado y aparentemente “imperceptible”, es alzar la voz. Poner el tema sobre el tintero. Que se discuta y erradique.

   Apareció en mi memoria también, la vez en que una de mis mejores amigas, la cual además vivía frente a mi casa, nos contó, cuando teníamos como once o doce años que su papá la veía mientras se bañaba, y que incluso había intentado tocarla en una ocasión. Nosotras –ahora que lo pienso– muy empoderadas, le aconsejamos que le dijera a su mamá; claro que en cuanto ella lo hizo, la abuelita se puso a llorar y todas las mujeres de esa casa convencieron a mi amiga de que dijera que era mentira y que además ¡le pidiera perdón a su papá! Esta visión machista nos enseña a normalizarlo, ocultarlo, hacer como que no pasa. Pero sigue pasando.

   Como ese ejemplo, recuerdo muchos: luego apareció una prima, y una amiga, y la vecina… Y me dio rabia darme cuenta de que es parte de nuestra vida.

    Y mientras seguía dándole vueltas a la historia con la que iba a empezar, llegué a mi destino. Y de nuevo, una realidad social desigual me dio en la cara.

    Me desempeño como profesora universitaria. Este cuatrimestre impartí una materia llamada “Investigación en el contexto social y cultural”. Hace dos semanas, como parte de una actividad para esta clase, en la que debíamos pensar en una problemática en el ámbito educativo, un par de alumnas hicieron de mi conocimiento actos de acoso sexual por parte de un conocido profesor y terapeuta de la institución que, hasta el momento en el que ellas denunciaron el caso a la Universidad, laboraba allí.

   Respondiendo a mi ética profesional y mi compromiso como ciudadana, escuché las versiones de las alumnas, también me acerqué a preguntar a la Subdirección Académica respecto al caso; sé que las autoridades educativas atendieron de inmediato la queja, canalizaron a las jóvenes al área de Psicopedagogía, y cesaron a este psicólogo de su cargo como terapeuta y profesor, quien en terapia y clases, acosaba a sus alumnas, abusando de su posición.

   Sin embargo, actuando en consecuencia a mis principios éticos y feministas, así como a la propia experiencia desde mi cuerpo leído como mujer, me puse a investigar más sobre el tema, porque, aunque me pareció una respuesta muy favorable por parte de la escuela, me di cuenta que no atacaba de raíz este grave problema. Principalmente, porque hace falta la visibilización, hace falta informar para prevenir, sancionar a los responsables, denunciarlos, hablar del tema, llegar hasta las últimas consecuencias para erradicarlo.

   Así que, desde mi ser docente, me atreví a entablar un diálogo, a través de un oficio, con la acreditada Institución de la cual soy parte, haciendo énfasis en la urgencia de diseñar y poner en marcha campañas de prevención e información, talleres o foros, buzones de quejas, área de atención, que se sumen a la intención de formar sociedades más justas e igualitarias, libres de acoso sexual, desde el ámbito universitario. Así como de hacer visible este caso, a través de una denuncia al Colegio de Psicólogos, por la violación a los principios básicos del Código Ético del Psicólogo, por parte de esta persona en su desempeño como terapeuta, e informar su caso a otras Instituciones Universitarias, para que no se vuelva a cometer este tipo de violencia, desde el cargo de poder que un docente ostenta, por parte de la misma persona. Es como descubrir a alguien cometiendo un acto de corrupción, pero darle un puesto similar en otro lado, en lugar de separarle definitivamente de este tipo de responsabilidades.

   A partir de ese suceso, y de hacer lo que creo me corresponde como agente de transformación social; también comencé a abrir el diálogo con otras mujeres que de una u otra forma participan en ámbitos educativos. Muchas de ellas afirmaron que tampoco en las escuelas a las que asisten han recibido algún tipo de información como campañas de prevención contra el acoso sexual, algunas también han sido víctimas y lo han minimizado, o no han sabido identificarlo, y otras que, aunque conocen casos de compañeras, no saben de algún caso que haya sido denunciado y visibilizado. Parece que este tipo de violencia se ha normalizado en las instituciones, y no sólo las educativas. Resulta de suma importancia plantear una reflexión seria sobre el modelo de universidades e instituciones públicas que deseamos.

   Invito a otras personas a que puedan acercarse a las instituciones donde estudian o trabajan, e investiguen con qué mecanismos normativos eficaces cuentan para prevenir, atender y erradicar el acoso sexual. ¿Qué currículo se tiene en materia de género y diversidad? ¿Qué conocimiento se está generando en su comunidad para provocar un cambio político y social respecto a este grave asunto?

   Es importante que aprendamos a identificar los tipos de violencia que existen, los tipos de acoso, es importante saber que nadie debe hacernos bromas, chistes o gestos de carácter sexual sin que nosotras lo autoricemos, que nadie debe mandarnos mensajes de acoso, ni llamarnos para importunar, y que no estamos obligadas sexualmente con nadie. Con nadie. Ninguna persona tiene derecho a tocarnos sin nuestro consentimiento. Y que nadie tiene derecho a violar nuestra intimidad.

   Debemos ser valientes y asumir una actitud de responsabilidad y firmeza frente a este tipo de agresiones. No podemos seguir calladas, no podemos seguir ocultando este tipo de situaciones en ningún espacio vital. No podemos permitirlo. Las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres, y ellos no nos hacen ningún favor al respetarnos, porque en realidad, es su obligación hacerlo.

   Organicémonos, busquemos grupos de asesoría psicológica y legal, tomemos cursos de defensa personal, dialoguemos sobre este y otros temas “tabú”. Confrontemos al acosador, pongamos un alto, gritemos. Evidenciemos. Denunciemos. Busquemos los recursos necesarios para poner un alto a cada situación de acoso que se presente.

No estamos solas, nos tenemos a nosotras.

Marisabel Macías Guerrero, nació en Los Mochis, Sinaloa (1986).  Es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS). Profesora de asignatura en algunas Universidades privadas, orientando en materias relacionadas con la Filosofía. Promotora Cultural independiente. Feminista. Mediadora de Sala de Lectura. Ganadora del Premio Estatal de cuento Ciudad de La Paz, 2014, con el libro de relatos PENNY BLACK.

#FábulasdeVenus: Acoso sexual, el trasgresor de la dignidad femenina

#Gonzolador: Comunicar desde la comunidad en BCS

Radio

Alterar la conciencia gracias y junto a comunicadores comunitarios originarios de diversas naciones de cuatro continentes me permitió ampliar y replantear la concepción de estos medios y las ínfimas diferencias entre éstos y los indígenas; y de éstos dos con los alternativos, como el que alberga esta primera entrega de #Gonzolador, una columna que  pretende contar las frustraciones sociales provocadas cuando contamos con entornos somáticamente públicos.

   Tuve esa oportunidad del 9 al 11 de este mes en el Foro Internacional sobre Medios Indígenas y Comunitarios, en Oaxaca, Oaxaca. El evento fue financiado por el Instituto Federal de Telecomunicaciones de México y la UNESCO, organizado por estas instituciones y diversas asociaciones civiles internacionales y nacionales como la Asociación Mundial de Radios Comunitarias en México (AMARC Mx).

evento

   Las señales de radio, televisión e Internet pasan por el aire imperceptiblemente por casi todo el mundo. Atemorizados por este espectro y sabedores de lo peligroso que sería para sus intereses en las manos equivocadas, los señores del capital en este país se adueñaron de él, bueno, el gobierno lo declaró propiedad de la nación. Luego lo concesionó a unas cuantas familias para que se beneficiaran de él y lo custodiaran de quien lo pudiera utilizar para educar sin infraestructura física,  de difundir a través de él la verdad que ocultan el Estado y la clase dominante, de usarlo para conservar las lenguas indígenas.

   Distintas comunidades del país han sido discriminadas históricamente por los consorcios mediáticos monopólicos que todos conocemos. Algunas son indígenas, otras de un origen y población más reciente, pero ninguna vale el esfuerzo de mantenerlas comunicadas si no consumen mucho porque son pocos y pobres, o no son tantos como para influir en una elección política. Si parte de la población se organiza y se apodera del espectro para eliminar esa discriminación surge un medio comunitario o indígena, según el tipo de comunidad a la que preste servicio.

   Otra característica de estos medios es que no son solo música y canto. También sirven para resolver conflictos sociales. Para formar criterio, pero también para hacer sociedad. Deben de ser efectivos para eliminar lo que nos duele como comunidad. Pesares hay hasta en las más grandes urbes donde sí hay muchos canales de televisión, de radio, pero si ninguno informa o comunica bajo estos principios y se dedica a cuidar solamente a los pobladores gruesos y no al grueso de la población, si medio informan o medio comunican, surge una necesidad. Por ello tenemos medios comunitarios e indígenas en ciudades.

   Un medio comunitario o indígena es aquel que dominó al espectro y lo utiliza para cuidar a su comunidad, ese es un medio completo, así como los medios alternativos, que sin concesiones del Estado informan y comunican con este fin a través de Internet, impresiones en papel, o como los que lo hacen desde una universidad, un medio público o social e incluso desde las cadenas privadas, pero que no dejan sin trabajo al primer comunicador que pise callos muy grandes u ojos de peces muy gordos.

   Tú sabes cuáles son los que existen en Baja California Sur, y tienes el deber de cuidarlos si quieres a tu comunidad y la forma de vida como la conocemos. Sabes también lo que nos duele perder a los sudcalifornianos y en particular a los pobladores de cada municipio. La belleza física de nuestro territorio también está en peligro.

Claro siempre está la posibilidad de continuar con medios a medias.

Rafael Murúa Manríquez es director de Radiokashana 93.3 FM y de Ondas en la Playa A.C.

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