Carlos Marín: Cuando el “periodista” se vuelve un meme

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Roberto E. Galindo Domínguez

Un periodista, comentarista o intelectual –este último adjetivo le queda grande a Carlos Marín de Grupo Milenio, aunque el primero para él debe ir entrecomillado–, no debe, aunque puede comparar y lo hizo, homicidios con baches. Esto en una conversación que sostuvo con Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de la que transcribo el fragmento en cuestión: “AMLO –Si nosotros aquí, ahora, lo digo de manera respetuosa, le habláramos por teléfono al Presidente Peña y le preguntáramos: Presidente nos puede decir cuántos homicidios hubieron ayer en el país y en dónde. No sabría contestar–. Carlos Marín –Quizás no tenga por que saberlo ¡eh!–. AMLO –No, sí, por que hay esa práctica…– Carlos Marín –Como no puede saber el número de baches que hay en las carreteras federales.” Pensar que el Presidente no está obligado a saber cuántos homicidios ocurren en México, como tampoco está obligado a saber cuántos baches hay en las carreteras. Es cuando menos una estupidez. Un ser humano que se precie de serlo, con cierto aprecio por la vida ajena, no compararía a los cientos de miles de asesinados en el país, por las causas que sean, con los baches de las carreteras. Es un pensamiento, aunque torcido el de Marín, que además de cosificar el dolor por la muerte temprana y no natural que ha afectado a miles de familias, lo menosprecia de la manera más cruel.

            Lo anterior lo mencionó en El debate está en Milenio, en una entrevista en la que además Juan Pablo Becerra, Azucena Uresti, Jesús Silva Herzog, Carlos Puig y Héctor Aguilar Camín cuestionaron a Obrador sobre sus filias y fobias, las de ellos, pues la mayoría de las preguntas partieron del miedo, la preocupación y el desconocimiento de los interlocutores de AMLO sobre las políticas y acciones que él pretende implantar de ser elegido Presidente de México. Hay que reconocer que unos lo interpelaron de manera inteligente, otros con razonamientos válidos y una con preguntas que anhelaban un sí o un no más allá de una respuesta coherente o bien articulada, aunque lenta en la dicción, ya todos conocemos la manera de hablar de Obrador. Los temas fundamentales y álgidos fueron: Las llamadas reformas estructurales, principalmente la educativa y la energética, y de esta última las discrepancias entre Paco Ignacio Taibo II y Alfonso Romo al interior del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), la cancelación del proyecto del aeropuerto en Texcoco, la corrupción, los jóvenes, la inseguridad, así como el narcotráfico y la violencia que azotan a nuestro país. Como era de esperarse, los entrevistadores buscaron acorralar a AMLO y, como era previsible, él los fue capoteando uno a uno e imponiendo el ritmo de la entrevista a su paso verbal.

            Vean la entrevista (http://www.milenio.com/elecciones-mexico-2018/andres-manuel-lopez-obrador-debate-milenio-amlo-candidato-presidente_0_1142886156.html), es imperdible por el momento coyuntural que vivimos; sean ustedes quienes, más allá de mis valoraciones, juzguen a los intelectuales, “periodistas” y a Obrador; pero pongan atención en lo dicho por Marín sobre los muertos equiparados con baches, que me parece nos lo muestra en su concepción más profunda sobre el valor de la vida humana, y en su pobre entendimiento acerca de las responsabilidades del Presidente de la República; que para él no tiene el deber de saber cuántos son los muertos tempranos por causas violentas relacionadas con el crimen –que son cientos de miles, que por decenas caen a diario en nuestro territorio–. Otra cosa es que el Presidente no sepa cuántos baches hay en las carreteras, pero la comparación de Marín es indignante, es grosera para los cientos de miles de deudos y para la nación entera. Quiero creer que Marín no espera un escenario tan catastrófico, en el que la cantidad de homicidios no naturales alcance la de los baches, que deben contarse por millones. Pero mientras dilucidamos el intrincado pensar de Marín con sus ambiguas equivalencias, él como “periodista” ya se convirtió en la penosa nota que nos ocupa: se transformó en un  meme más.

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en apreciación y creación literaria, M. en C., literato, arqueólogo, diseñador gráfico. Cursa el doctorado de novela en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente. Escribe para Contralínea.

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Carlos Marín: Cuando el “periodista” se vuelve un meme

#LaCuchara: ¿Dónde quedó la Biblioteca de las Californias?

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Sandino Gámez

Nunca antes, hasta el mes pasado, en los 45 años de existencia del H. Ayuntamiento de La Paz, un oficial de la crónica municipal se había dirigido al público denunciando la pérdida de bienes y documentos de carácter histórico en Baja California Sur.

        Puede decirse que es histórico y digno de colocarse en los anales de la crónica sudcaliforniana que el cronista municipal de La Paz, Luis Domínguez Bareño, haya salido a la escena pública a denunciar la negligencia gubernamental estatal y municipal persistente sobre el sector cultural de Baja California Sur.

        El funcionario, en entrevista con ‘El Independiente’ (24.07.2017), aseguró que “desde el periodo gubernamental de Leonel Cota Montaño (1999-2005) se desapareció (sic) la Biblioteca de las Californias, donde se albergaba el más importante acervo bibliográfico sobre nuestra historia”.

        También acusó, con indignación, que ese gobierno, que puso final a los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional en Baja California Sur, desapareciera por motivos “de corte económico” la Comisión de las Californias y la Dirección de la Crónica Estatal. “Desde entonces ni el Instituto Sudcaliforniano de Cultura ni la Dirección de Acción Cívica del Gobierno del Estado han sido capaces de retomar” esas fundamentales labores.

        La denuncia merece revisión pública y su emisor nuestro reconocimiento, insistimos, pues el patrimonio bibliográfico del estado, es decir, los libros que se han escrito de y desde Baja California Sur son especialmente valiosos por ser pocos, de tirajes muy reducidos y con una casi nula tendencia a volver a ser editados.

        Hasta la creación de esa biblioteca que funcionó desde 1977 hasta 1999 en la reconstruida ex Casa de Gobierno, hoy Centro de Artes, Tradiciones y Culturas Populares, no se había tenido una biblioteca especializada en la reunión, exhibición y préstamo de los libros de temas o autores sudcalifornianos o sobre Alta California, Baja California y Baja California Sur, en inglés y español.

       La ubicación de este acervo en el primer cuadro histórico de la capital del estado y un edificio emblemático realzaba era muestra del valor conferido por los gobiernos de la época. La institución bibliográfica fue encargada a los Cronistas del Estado: Alejandro D. Martínez, Eligio Moisés Coronado y finalmente Sergio Morales Polo.

        Al comenzar el sexenio 1999-2005, ese edificio se convirtió en la Casa de la Juventud, en rigor las oficinas de un flamante Instituto Sudcaliforniano de la Juventud. La biblioteca fue cancelada (por lo visto los jóvenes no necesitaban de esos libros viejos) y el histórico acervo fue enviado en grandes bolsas negras de plástico hacia la biblioteca central Filemón C. Piñeda.

         Sabemos que terminaron resguardadas en uno de los sanitarios del Teatro de la Ciudad de La Paz, a pocos metros de esta biblioteca administrada por el Gobierno del Estado de Baja California Sur a través del Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC) y que se supone está destinada a resguardar el fondo legal de todos los libros sudcalifornianos, del pasado y el presente.

         Ahí las encontró a finales de 2011 el actual director general del ISC, Christopher Amador Cervantes, quien en ese periodo era el titular de la Coordinación Estatal de Bibliotecas de dicho instituto. (Desde 2014 el puesto titular ha quedado vacante. Amador dejó como su sustituto a un “encargado de despacho”, de nombre Ernesto Adams Ruiz.)

         ¿Qué sucedió con todos esos libros? ¿Se intentó su rescate? ¿Se destruyeron por falta de condiciones? ¿Dónde está su inventario? ¿Existe algún listado o catálogo de la Biblioteca de las Californias? ¿Tiene el Instituto Sudcaliforniano de Cultura alguna propuesta para recuperar, reeditar y volver a reunir este que, como ha dicho el cronista, era “el más importante acervo bibliográfico sobre nuestra historia”?

            Alguien podría creer que las declaraciones de Domínguez Bareño, quien trabaja en un ayuntamiento gobernado por el derechista Partido Acción Nacional (PAN), tienen una motivación ideológica. Se equivoca. El encabezado de la nota periodística (“Con gobiernos ‘de izquierda’ desapareció parte del acervo cultural sudcaliforniano: Cronista”), el “balazo” y el párrafo inicial de la entrevista parecen indicar que el cronista municipal acusa a los “gobiernos de izquierda” de esta circunstancia. Pero en ninguno de los entrecomillados el funcionario municipal utiliza la palabra “izquierda” (y vaya que hay que debatir mucho si en B.C.S. ha habido gobiernos de esa denominación). En rigor, sus declaraciones abarcan a ése y todos los gobiernos subsiguientes, incluido el actual.

             El cronista, con su denuncia, nos invita a revisar la situación actual de las instituciones culturales y la responsabilidad de las autoridades estatales y municipales en la conservación, mantenimiento y difusión del patrimonio cultural de los sudcalifornianos. ¿O es normal dejar que se pierda la memoria cultural por negligencia u omisión?

              Para nadie es un misterio que en los medios de comunicación y en los discursos de la clase gobernante nunca se utilizan referentes de la historia sudcaliforniana: los encargados de esos medios (públicos y privados), quienes hacen los discursos a los políticos y los mismos políticos, funcionarios o gobernantes, carecen de una formación sobre el tema.

               Nadie pide que sean eruditos. Todos estamos de acuerdo que no es ése su trabajo (para ello están los académicos, los especialistas y las fuentes de consulta). Pero sí deberían reconocer que todos necesitamos conocer más de Baja California Sur, especialmente ellos, cuyo trabajo teóricamente está basado en su conocimiento de la realidad estatal.

              Así, para su propio beneficio actual, los encargados de los medios de comunicación en Baja California Sur y los políticos, funcionarios o gobernantes, deberían estimular, patrocinar y financiar el desarrollo de las instituciones culturales de nuestro estado, particularmente las bibliotecas públicas y las editoriales institucionales, así como fomentar la lectura por gusto, para que la población tenga acceso a esos bienes culturales.

             En una realidad tan cruda como la actual es todavía más necesaria la memoria colectiva, las biografías de mujeres y hombres ilustres del pasado, y la crónica de nuestros pueblos y ciudades. En ellos se encuentra la fortaleza, las esperanzas y el trabajo que han permitido a los sudcalifornianos siempre salir adelante. Es en este sentido que los libros liberan. Y los libros sudcalifornianos más.

            Estamos seguros que el cronista municipal conseguirá su objetivo de recuperación del patrimonio bibliográfico histórico de todos los sudcalifornianos desde el asiento que ocupa en el Consejo Editorial del ISC y, quién sabe, tal vez consiga, con su denuncia la regeneración completa de la Biblioteca de las Californias.

 

 

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sandinogamez@gmail.com

 

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