De la extrema derecha brasileña a la ultraderecha sudcaliforniana

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@cachobanzi

“La patria entonces es el primer templo del hombre. Y Dios es el mejor rey de la nación”, Cuneo, 1931.

Jair Bolsonaro ganó la presidencia en Brasil con una única premisa bajo el brazo: “Dios por encima de todo”. Esto preocupa, porque por siglos en nombre de dios el hombre justificó el genocidio de pueblos indígenas en América Latina; algo así como cristianízate o te mato.

  Las religiones perpetuaron el machismo y la violencia contra la mujer y, en cierto momento de la historia, las quemaron por “herejes”. Las despojaron de su cuerpo. De su útero. De su libertad. La biblia las sentenció a todas ellas.

  En nombre de dios se discriminó. Llamaron abominaciones a los integrantes de la Comunidad LGTBI y juraron “curarlos”. En nombre de dios derramaron sangre y vísceras en los rincones más alejados del planeta tierra. En nombre de él, su dios, violaron a niñas y niños.

  El regreso de la extrema derecha en Brasil o en Estados Unidos es un síntoma que debe preocuparnos en Baja California Sur. Aquí existen grupos de fanáticos religiosos de ultraderecha (Frente Nacional por la Familia) o partidos políticos (PAN y BCS Coherente) que buscan desde su supuesta “jerarquía moral” destruir lo poco que se ha logrado en cuestión de libertades. Terminar con lo poco conseguido en derechos humanos.

  En las palabras del representante del Frente Nacional por la Familia, Alan Loubet Amador, fue muy claro cuando exigió a los diputados y diputadas evitar aprobar una ley que permitiera la interrupción legal y segura del embarazo para mujeres; “no vengan a imponer sus propias ideologías partidistas, sus propias ideologías insanas, antinaturales y anti-familia”, dijo unas semanas atrás.

  Loubet Amador, un pastor cristiano, juzgó de “promiscuas” e “irresponsables” a esas mujeres que por alguna razón decidieron abortar. Desde sus privilegios de varón y religiosidad éste señor lanza insultos contra ellas; sólo falta la antorcha en la mano para prenderles fuego.

  Pero qué decir de la flamante representante del Instituto Sudcaliforniano de la Mujer, Jisela Paes Martínez, que opinó que legislar los matrimonios igualitarios abriría la posibilidad de la pedofilia y la zoofilia.

  Hágame el chingado favor; por eso escribo esto. Debemos estar atentos a la evolución en los próximos años y no dejar que la ultraderecha llegué al poder bajo discursos que segreguen o asesinen o encarcelen en nombre de dios.

¿A caso estos son indicios de que en un futuro exista un totalitarismo fascista?

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De la extrema derecha brasileña a la ultraderecha sudcaliforniana

Los “provida” y su lucha ideológica contra la mujer

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Roberto E. Galindo Domínguez

Lamentable, abominable y todo aquel…able que se le ocurra es la postura de los que hacen del cuerpo de la mujer un espacio para esgrimir sus ideologías religiosas, sus atavismos medievales y sus calificaciones “científicas” para negarle al género femenino el derecho a decidir sobre el aborto. A esos hombres y mujeres que están en contra de la interrupción del embarazo les digo: no sean ambiciosos, el cuerpo del otro es sólo suyo y temporalmente al momento de la cópula y no más allá, y a veces, ni en esos momentos, –aplica para ambos sexos y para los ambivalentes–; la individualidad corporal y la decisión del uso y desuso de un cuerpo y su producto es derecho del interesado en primera instancia, en el caso del aborto del ejemplar Homo sapiens femenino. A este respecto la opinión de los partidarios de grupos pro-vida y pro-alma sale sobrando, no es requerida y no es relevante, ya que el derecho sobre el cuerpo de un individuo y su producto es inherente sólo al sujeto en cuestión y con capacidad de decisión. En el caso de las mujeres aplica para todas, más allá que deseando concebir o no decidan interrumpir por la razón que sea la gestación, siempre y cuando para ellas sea justificable.

            La manifestación del pasado 28 de septiembre: ¡Ni muertas, ni presas por abortar! congregó en la Ciudad de México a más de dos mil mujeres y se realizó en el marco del Día de Acción Global por el acceso al aborto legal y seguro, jornada de protestas y manifestaciones que se ha dado desde 1990 tras el V encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, y cuyo principal objetivo en referencia al aborto es lograr la despenalización del mismo, así como un acceso seguro y sencillo para ejercerlo. En la capital del país participaron organizaciones como: Marea Verde México, Asamblea Interuniversitaria de Mujeres y el Comité de Mujeres en Defensa del Aborto, entre muchas otras. Manifestación multitudinaria que además de exponer el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, expresó la necesidad de una educación sexual científica y laica. Entre diversas consignas y el rotundo grito: ¡aborto sí, aborto no, eso lo decido yo! y con el apoyo de cientos de hombres marcharon las mujeres del Monumento a la Madre al Zócalo capitalino. También en muchas otras ciudades del país se dieron diversas manifestaciones por el derecho a un aborto libre y seguro.

            Por supuesto que estas expresiones generaron reacciones de aquellos sectores más conservadores y religiosos de nuestra sociedad, que se oponen al derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su producto embrionario antes de las 12 semanas de gestación, bajo la consigna de que el feto es un humano desde el momento de la entrada del espermatozoide en el óvulo, cada quien puede creer lo que quiera, pero eso no le da derecho a obligar al otro a creerlo y mucho menos a actuar de tal o cual manera. Qué hace aquel líder religioso, aquel hijo del vecino, aquella monja o la distinguida  abogada, o la ama de casa, o cualquier mujer y hombre metiendo sus ideas en los úteros de mujeres que no conocen, ni quieren, ni mantienen. Ah, pero eso sí, ahí andan exponiendo sus ideas de cómo deben comportarse los otros, sobre que deben creer, acerca de que la vida es el óvulo fecundado; si hablamos de vida desde la perspectiva correcta, la biológica, entonces vida fue el chapulín con el que acompañé mi mezcal y vida fue el espermatozoide que murió por hacerme feliz sin engendrar, ese que terminó encerrado, asfixiándose, ahogándose entre sus compañeros dentro de un capuchón plástico anudado, o ese que saltó por los aires enjundioso, pero sin tino ovular. Entonces vida es toda célula, la que mato con el tabaco, y la neurona que se quema de tanto pensar sobre la incomprensión de mis congéneres, esos que quieren ser regentes de las personas dictándoles la línea de comportamiento que deben seguir incluso sobre sus cuerpos.

            Ya parece cliché la perorata, pero a los tercos no está demás recordarles que: si está en contra del aborto, cuando se embarace, no aborte. Si es hombre y embaraza una mujer hágase responsable y no pida el aborto, o mejor aún no fornique con mujeres pro-abortivas, pregunte antes de galantear cuál será la postura de la interpelada en una situación de concepción. Y más allá de lo anterior, considerando que ningún método anticonceptivo es infalible y usted está absolutamente en contra del aborto pues dedíquese mejor a la autogestión de los placeres sexuales, a menos que haya encontrado a su pareja definitiva y planee la perpetuación de la especie, entonces sí, póngale Jorge al niño o Guadalupe a la niña, o el nombre que quiera, incluso antes de la penetración, entre ósculo y ósculo puede decidir. Pero no ande metiendo sus narices donde no le corresponde, pues su postura ideológica es embarazosa y ofensiva para otros ciudadanos, quienes deben ser tan libres como usted de pensar y ejercer su pensamiento y más aún cuando se trata de su cuerpo y de su feto, ese que no le corresponde a usted. Recuerde siempre que el cuerpo de una y cualquier mujer nunca será suyo, incluso cuando lo posea; saque de los úteros y las vaginas ajenas sus opiniones, que nadie le pidió que las metiera, el cuerpo de la mujer no es un campo de batalla para que usted esgrima sus ideas.

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en apreciación y creación literaria, M. en C., literato, arqueólogo, diseñador gráfico. Cursa el doctorado de novela en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente. Escribe para Contralínea y CULCO BCS.

 

Los “provida” y su lucha ideológica contra la mujer

¿Cogerías conmigo?

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Roberto E. Galindo Domínguez

Esta es la pregunta que ante la falta de señales positivas del interpelado (a) y a reserva de no importunar a la o el requerido para la satisfacción de necesidades o impulsos sexuales, perversos o no, deberemos plantear en adelante cuando el amor o el deseo nos conviertan en cuerpos ávidos de complacencia por parte de un segundo sujeto (a), si no queremos ser acusados de acosadores, independientemente de que nuestra sociedad sea tercermundista y más atrasada que la francesa; como dicen muchos y muchas que defienden el derecho de acusar a cualquiera que de cualquier forma los, pero principalmente, las importune con requerimientos sexuales no convenidos, ya sea de forma verbal o por señas corporales. Como argumentó Catalina Ruiz en un debate con Martha Lamas[1], en relación al escrito de las intelectuales francesas que defienden el derecho a “importunar con galantería y seducir torpe o con insistencia de los hombres”, en el contexto de la campaña #MeToo, originada en Hollywood, Estados Unidos, y que ha llevado al cadalso mediático a varios presuntos acosadores. Y me pliego a la posición de Lamas menos estricta, porque muchas veces las señales no son tan claras: ni positivas, ni negativas; porque hay quienes incluso dicen no con la palabra cuando con las señales corpóreas consienten, hay también quienes dicen sí y después se arrepienten y se mueven al no físico o verbal. Aunque en cualquier caso y de acuerdo a lo establecido en cuanto a significado, un no es un no y debe bastar para detener los requerimientos amorosos y seductores.

            He usado la palabra coger[2] en el tiempo condicional pospretérito, ya que de esta forma al requerir de alguien tal acción –más allá de escribirla entre signos de interrogación o entonarla de manera inquisitiva–, el tiempo condicional pospretérito indica que de aceptar la parte solicitada, lo haría indudablemente después de consentir –aunque suene obvio–, a lo que fue al momento de ser planteado un cuestionamiento-solicitud hipotético[3], que sólo sería ejecutado de manera posterior a la respuesta afirmativa. En caso contrario, con la obtención de una contestación negativa, el solicitante al haber planteado un escenario de un futuro hipotético no debería ser acusado de ningún crimen, pues una hipótesis no compromete, por tanto no debe incomodar a nadie, ya que es hasta no ser comprobada, eso, una hipótesis. Incluso cuando el o la exhortada se sienta ofendido por el hipotético planteamiento.

            Debe ser derecho de todo ciudadano (a) del mundo poder plantear, ya sea de manera verbal o por escrito, ese ¿cogerías conmigo? que lo pueda llevar a los límites de la pasión o al deseo desbordado, a tocar el cielo en un orgasmo, a la felicidad de ida y vuelta y hasta la bancarrota sentimental pos-coito. Ese, ya sea por placer o por la perpetuación de la especie, debe ser un derecho fundamental humano. Como también lo debe ser la respuesta negativa del o la requerida. Y ante el no, claro y rotundo, verbal o corporal a ese planteamiento, la solicitud-hipotética no tendría más que desvanecerse en el imaginario del perpetuador verbal o literario y caer en el olvido del o la instada; sin mediar de por medio demanda legal, acusación publicitaria o linchamiento en la red internauta por haber insinuado en una pregunta condicionada un deseo o una necesidad amorosa o puramente sexual.

            Se podrá argumentar que la pertinencia o la impertinencia de un ¿cogerías conmigo? puede obedecer, la primera, al o a la que pide y, la segunda, exclusivamente a la o el convocado; y que de esta manera la parte cuyos favores sean implorados, puede considerar impertinente y ofensivo el planteamiento, y que en consecuencia tuviera todo el derecho de acusar y evidenciar públicamente al o a la que inquiere; lo cual me parece un exceso, cuando la solicitud no tenga más propósito que el solaz esparcimiento de ambas partes y/o la reproducción de la especie humana. Aclarando que siempre y cuando esta solicitud, por supuesto, no condicione una posición laboral, o cualquier beneficio social, académico o de otra especie que la parte invitada deba o pueda obtener sin recurrir a un encuentro de cualquier tipo con el o la peticionaria.

            ¿Cogerías conmigo? es pues mi derecho a la expresión de un deseo o una necesidad, que no debería ofender de ninguna forma a quien yo se lo esboce, en tanto esa persona tiene todo el derecho de negarse, y es mi obligación acatar la negativa. Aunque la valoración de la insistencia en el planteamiento queda a reserva del que solicite, en cuyo riesgo tiene en estos días el ser señalado de acosador, dependiendo de la parte solicitada a la que se le ocurra interpelar. Pero en tiempos de puritanismos sexuales más vale preguntar antes de decir guapa o mirar con cierta lascivia, y olvídense de “robar” un beso o siquiera rozar con intención sexual. Por mi parte aún me estremezco al recordar la vez que pregunté ¿cogerías conmigo?

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en apreciación y creación literaria, M. en C., literato, arqueólogo, diseñador gráfico. Cursa el doctorado de novela en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente. Escribe para Contralínea.

[1] https://www.facebook.com/NoticierosTelevisacom/videos/1888271837870995/

[2] De acuerdo al Diccionario de Mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua: Practicar el coito

[3] De acuerdo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y derivado de la palabra hipótesis: Suposición de algo posible o imposible para sacar de ello una consecuencia.

 

¿Cogerías conmigo?

#SOCIALITERATURA: La dualidad del Diablo Guardian

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Roberto Galindo

 

La novela contiene dos historias que se desarrollan y entremezclan desde el inicio, en una está Rosa del Alba Rosas Valdivia, alias Violetta (1973-1998), y en la otra Pig. Violetta, una de las voces de la novela, nos introduce en la historia en el escenario casi final de la obra. En los capítulos pares ella, en primera persona, le cuenta su vida a Pig mediante un casette, en el que retrocede y avanza en los diversos tiempos de su vida de una manera vertiginosa, que a veces parece no tener sentido. Pig, la otra voz fundamental, cuenta su propia historia y la de Violetta en los capítulos impares, pero mediante un narrador extradiegético en tercera persona que contextualiza la historia de ambos. Pig tiene un discurso narrativo más ordenado que parte de su infancia, pasa por su juventud y llega hasta su edada adulta; aunque da saltos hacia el pasado si alguna circunstancia amerita la reflexión de su comportamiento o cuando sus fantasmas pretéritos lo asaltan y le generan paralelismos vivenciales.

  Rosa del Alba o Violetta es al mismo tiempo uno y dos personajes, y a veces una narra la vida de la otra dependiendo del nombre que utilice y de la geografía donde se encuentre. En México, y no por gusto, es Rosa del Alba, aunque con fugas a Violetta. En Estados Unidos, en Las Vegas y New York, es Violetta: la mujer que quiere borrar su origen, su “naconacionalidad”. Ella aborrece la mediocridad “clasemediera” de su familia e inicia su carrera delictiva desde adolescente al desnudarse por dinero para el hijo del jardinero, roba a su familia, se pierde en el alcohol, las drogas y la prostitución. Violetta siempre busca satisfactores inmediatos, placenteros y materiales, sin planificar nada, sin importar los altos precios (humillación, adicción y soledad) que deba pagar por obtenerlos. Interactúa con gente de mala calaña: sacerdotes estafadores, padrotes, dealers, pervertidos, ejecutivos y publicistas transas, matronas, juniors, policías corruptos y asesinos. Aunque en su camino también se encuentra con personajes que la ayudan, a esos los llama My hero, en Houston es Eric o Superman, pues no se puede decir que el Mario Bross de Las Vegas sea un héroe; y dos en México: el Capitán Bacardí y, por supuesto, Pig su verdadero y único salvador, su Diablo Guardián, quien la libera de Nefastófeles, el diablo maligno de la historia.

   Nacido en el seno de una familia de la clase alta Pig es un huérfano educado por su abuela, a la que llama Mamita, es introvertido, travieso, malicioso, viajero al azar, paseante de los bajos fondos de la Ciudad de México, pasajero eventual en el viaje de las drogas y publicista brillante con oficio de escritor fracasado –un prostituto intelectual–. Recorre una vida vacía y habita una casa semi-abandonada. Atisbando en los abismos de la podredumbre humana busca una novela que escribir. Pig encuentra en Violetta un hoyo negro insondable donde saltar, una incógnita, la droga de su vicio, el amor; ella es la historia que ha querido contar siempre. Una vez que se ha enamorado de Violetta debe matarla por deseo de ella, desaparecerla sin importar que eso signifique no verla más. Ella necesitaba, por supervivencia, comprar un héroe. Él requería salvar a alguien para darle sentido a su existencia. Es así como las vidas de estos dos seres se unen. Ellos se maltratan y se salvan de una sociedad que los ha puesto en medio del vicio, la corrupción, la prostitución y las drogas; donde el dinero importa más que la dignidad, que la familia, más que cualquier valor.

   Diablo Guardián describe la atribulada y vertiginosa manera de sobrevivir de dos jóvenes. Muestra la descomposición social y el retorno a la vida primitiva y salvaje a que estamos expuestos dentro de la globalización, debido en gran medida a la fragmentación de la familia. Fenómeno que no es nuevo, pero que Velasco ha logrado caracterizar a profundidad para nuestra sociedad en las postrimerías del siglo pasado. Además, a través de Pig, el escritor nos comparte la experiencia del proceso de escritura de su novela.

Roberto E. Galindo Domínguez

Maestro en apreciación y creación literaria, M. en C., literato, arqueólogo, diseñador gráfico. Cursa el doctorado en investigación y creación de novela en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente. Escribe para Contralínea.

#SOCIALITERATURA: La dualidad del Diablo Guardian

Me gusta sangrar

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Marisabel Macías

Contar historias de todo tipo es el mejor modo que encontramos los seres humanos, desde el principio de los tiempos, para entendernos y entender el mundo en que vivimos. O por lo menos intentarlo.

Y como la última semana después de muchos años de no padecer por esto, me agarraron unos cólicos tremendos debido a la menstruación, pues decidí compartirles en esta columna un breve relato sobre la deconstrucción y desmitificación de “La Regla”. Sí, de la sangre femenina más olorosa. Sonrío.

Les cuento el siguiente cuento, precisamente queriendo compartir una nueva mirada sobre este flujo rojizo nuestro, que sé que a muchas de nosotras nos ha hecho llorar o jalarnos los cabellos; les comparto este relatito-reflexión con el único propósito de considerar nuevas perspectivas en relación a uno de los más bellos procesos de nuestro cuerpo:

La menstruación. Que es como nuestra fiel compañera, por años nos acompaña, nos da la lata, nos recuerda que estamos saludables, pero que pese a todo esto parece que nos empeñamos en esconderla. Bueno, eso no se nos ocurrió a nosotras, lo que pasa es que nos han dicho, de una u otra forma, que hablar de ello no es políticamente correcto, que da asco, que esa sangre apesta, que avergüenza, que es raro, que nos pone histéricas.

Lo que creo es que cuando menstruamos no funcionamos mucho en nuestros roles cotidianos: “no podemos ser amantes”, “sirvientas”, floreros, trofeos, madres plenas; quizá por eso a algunos les molesta; quizá por eso, la sangre que derrama mensualmente mi endometrio, durante días, no les parece indiferente, sino que se convierte en tema tabú automáticamente; incluso dentro de la convivencia entre mujeres; mira que me acuerdo bien, y ahora lo veo con mis sobrinas, cómo anda una pasando la toalla femenina como si fuesen anfetaminas. ¡Ay, la regla!

Fíjense, yo menstrué a los once años, y el primer año me bajó durante diez o doce días, me la pasaba llorando, deprimida, envuelta en una cobija y acomodada en la orilla de la cama, tirada. Sólo caminaba del colchón al baño, al sillón, y de regreso al colchón; dicen que mi semblante era más amarillo que de costumbre. La pasé mal durante muchos años. Tuve que convencer a mi mamá de que me llevara al ginecólogo, ella no podía concebir la idea de que su niña fuese vista “en ese sentido” por un médico; ella creía que el ginecólogo sólo atiende a mujeres “señoras”. ¡Mi madre preciosa! El caso es que desde pequeña anduve en esos menesteres; y de verdad que detestaba la sangre que emanaba. Recuerdo momentos en los que odiaba la idea de ser mujer y pasar por eso cada mes. Y es que a mí nadie me dijo nada, el “periodo” me agarró desprevenida; a lo más que llegué fue a tener al lado a mi padre diciéndome que era normal, que a todas las mujeres nos pasaba y que estaba bien. Que todo iba a pasar. Fueron años terribles, padeciendo un proceso que en realidad puede ser visto como algo bello.

Pero cómo podía disfrutarlo si incluso los demás me habían clasificado como una mujer con “MM”: “Menstruación Monstruosa”… Y yo sólo me preguntaba ¿Cómo no nos va a cambiar el humor con todo lo que trae consigo la regla? ¿Cómo no llorar o pelear con todos? Me sentía rehén de mis emociones, aquello era terrorismo hormonal… Pero bueno, ahora que desde mis treinta y cinco años lo veo, tampoco es una regla general que un cólico menstrual me haga perder la paciencia más rápido que de costumbre, o que eso les pase a todas las mujeres. Cada mujer vivir a su forma esos días. Y respecto a mí, pues yo soy de mecha corta en esos días u otro cualquiera. O mejor dicho: una injusticia o cualquier acto violento, en cualquier día de mí mes, puede provocar una rotunda respuesta. Entonces, una vez dicho todo esto, aclarando mi mal humor nato, a donde quiero ir es a compartirles lo maravilloso que es el Universo, y cómo desde que yo descubrí cierta sabiduría menstrual, que me ha llevado a vivir mis ciclos de manera más consciente y amorosa, pues también se me han presentado oportunidades de poner en práctica esta nueva significación de la sangre nuestra.

Es que entre tanta alegría y aceptación, pues, conocí a una mujer que me comió todita en esos días, delicioso, sin que yo se lo pidiera, ¡eh!, ella solita con su boquita de vampiresa.
¿Les cuento?… Iré directo al clímax, y allí me gustaría redundar, disfrutar en círculo, como el beso que me dio. Un beso de esos. De esos que son espiral, abismo. Piensen en esto: una habitación; dos mujeres; un colchón en el suelo; alcohol; mariguana; sangre; besos. Besos muy largos.

Al principio no nos encontrábamos, nuestros cuerpos eran torpes, nos movíamos de aquí para allá, había jalones, frases cortadas, invitaciones a acomodarse, un desastre, como muchas primeras veces.

La conocí ese lunes, me ofreció un plan de seguro en la entrada del banco; yo sólo iba a cambiar un cheque, y realmente llevaba prisa; pero no pude evitar demorarme en su mirada, en su forma de sonreírme. Pude ver algo en sus ojos, sentir algo, que me hizo detenerme y pedirle que me explicara más, que me hablara. No crean que yo acostumbro hacer esto, fue un impulso, un deseo tremebundo.

Mientras ella me explicaba no sé qué cosa, yo podía escuchar la respiración acelerada de las dos; apenas y nos rozábamos las rodillas o la mano. Pero había algo más, yo tenía claro que aquello nunca antes lo había experimentado, comencé a sentirme claramente excitada, quería olerla, ver a través de su delgada blusa de seda. Terminamos intercambiando números telefónicos. No pasaron muchos mensajes para que ella aceptara venir a mi departamento. Yo no medité mucho los planes, sólo me vencí ante las pasiones. Le invité un café. Aceptó. Cuando le abrí la puerta de mi “casita”, le sonreí como si quisiera comérmela. Debo admitir que yo nunca había estado así con una mujer, sólo había fajado con otras chicas, pero en plan de amigas ya saben.

Esa primera tarde, según yo no pasaría nada porque yo estaba en mis días; lo que yo no sabía era que a esta mujer boca de fresa, también sabe disfrutar del sabor a metal que fluye de entre mis piernas. Les aseguro que le insistí que lo considerara, bueno, por lo menos un par de veces le dije, le advertí que había sangre, y ella respondió que no había fluido mío que no se le antojara… Aquello me puso a levitar, me imaginé en el techo, chorreando con mi sangre su hermoso cuerpo.

Le abrí las puertas al jardín de óvulos caídos, de lluvia carmín, al torrente de vida. Ella entró con curiosidad felina, disfrutando de cada rincón, silbando una melodía. Su boca se presentó feliz, gustosa; me arrebató palpitante. Su lengua entró como danzante. Luego me devoró, conocí el hambre de sus dientes. Le ofrendé a sus labios un manjar de anturios y betabeles.

Con su boca de vampira, con su cuerpo pintándose con el mío, me inventó una ruta de lunares.

Y así han pasado ya muchas lunas. La han visto devorarme. Saborear mi sangre. Sincronizarnos en la marea. Encontrarnos cada ciertos días, reinventar los rituales.
Me gusta estar sangrando, me gusta sentirla cerca.

¡Si usted se siente escandalizado o escandalizada por el anterior relato, absténgase de opiniones retrógradas, misóginas o simplemente hirientes. Por el contrario le sugiero, sólo seguir en lo suyo, no opinar de lo que no sabe; y jamás lamer o besar coños sangrantes!

 

Me gusta sangrar

#LaCuchara “Seguridad” y democracia en Sudcalifornia

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Sandino Gámez

 

La situación actual de México y Baja California Sur puede comprenderse como producto de una larga historia de corrupción en las élites gobernantes, especialmente en los últimos treinta años. Han sido muchas décadas en que el servicio público parece una función no para servir al pueblo, sino para “dar empleo”, cooptar cómplices o enriquecer “legalmente” a individuos o grupos económicos y políticos.

   Cuando un funcionario o empleado público, federal, estatal o municipal, conoce el valor de su trabajo ante la comunidad, la persona que cumple una función pública decidirá la mayoría de las veces del lado de su concepto de colectividad. Decidirá en función de lo que considera es el interés social. Incluso en los actos de corrupción, el funcionario corrupto decide en ese sentido: el dinero público es de todos, “como es de todos no es de nadie”, “mejor yo que otros como yo”, “es el sistema”.

   En nuestro país y en nuestro estado vivimos un drama diario producto de una crisis política, social, institucional, ambiental y económica.

   La muerte o desaparición de casi medio millón de personas en la última década por una violencia sistemática y la absoluta falta de representatividad popular de los partidos políticos y la clase gobernante han llevado al descrédito a las instituciones públicas federales, estatales y municipales.

   El Partido Revolucionario Institucional o el Partido Acción Nacional podrían ganar en 2018 nuevamente la presidencia de la república o la gubernatura del estado o la presidencia municipal de La Paz y no habría más que una profundización de esta grave circunstancia, para sufrimiento de millones de mexicanos y de cientos o miles de sudcalifornianos. Pero en los medios de comunicación escucharíamos una narrativa diferente a la realidad, una narrativa como la presente, en la que se destapa una trama corrupta tras otra sin que los responsables y los corresponsables sean sancionados.

   El presidente Calderón dijo que iba a hacer una “guerra contra el narcotráfico” y colocó a la Marina y el Ejército en las calles. Peña Nieto continuó con la “estrategia”. El resultado comprobado ha sido un aumento terrible en asesinatos y crímenes. México y Baja California Sur están sumidos en una violencia social creciente. El sentido original para todo este sacrificio de vidas humanas y recursos de la nación se resumía en la frase “para que la droga no llegue a tus hijos”. El resultado, comprobado, es que en el mismo periodo de esta “estrategia de seguridad” lo que se ha tenido es un mayor consumo de drogas legales e ilegales.

  ¿Quién quiere que haya mayor consumo de drogas legales e ilegales en México y Baja California Sur? ¿Quién quiere que haya asesinatos, crimen y violencia en nuestro país, nuestro estado, nuestros pueblos y ciudades?

  Para detener la actual violencia del crimen organizado en Baja California Sur, el gobierno de Carlos Mendoza Davis ha dado varias explicaciones que deben ser analizadas en su conjunto.

  En los primeros meses de su gobierno contestó en Los Cabos a un ciudadano con su hija en brazos, que la causa de los asesinatos del crimen organizado en Baja California Sur está al interior de las familias.

   Más adelante el gobernador sintetizó ante los reporteros de la fuente que la estrategia de seguridad de su gobierno era una “medicina”. Poco después, triunfalista ante la captura de un jefe de sicarios, dijo que la “medicina” es la “adecuada” y que sólo había que “aumentar la dosis”.

   Desde que Mendoza Davis se expresara así ha habido tantos asesinatos, cada uno más terrible que el anterior, que son preocupantes las declaraciones más recientes del gobernador sobre seguir aumentando “la dosis”.

  El pueblo sudcaliforniano no es un pueblo enfermo. Tal vez la clase política y gobernante sí esté enferma. Las declaraciones del gobernador dan una idea de ello.

  La clase o grupo gobernante carece de una visión integral de la sociedad sudcaliforniana y está cerrada a la crítica, así sea constructiva. ¿De qué otra manera si no como una enfermedad se puede entender la repetición constante en los subordinados del gobernador de este mismo criterio que culpa a la población de los males que acontecen en nuestro país y estado?

   Los dos más altos responsables directos de la seguridad y la impartición de justicia en Baja California Sur en fechas muy recientes han proyectado esta idea con gran nitidez.

   Erasmo Palemón Escamilla, el “procurador de Justicia” de Baja California Sur (que en otros países latinoamericanos llaman defensor del pueblo) acusó recientemente de “afrenta a la función del Procurador General de Justicia” el dar un “informe detallado” de su actuación nada menos que a la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

    Por otra parte, el subsecretario de Seguridad Pública de B.C.S., Ismael Sigala Páez, dividió a la mitad el fenómeno de la corrupción, declarando que “el cincuenta por ciento de la corrupción está en el ciudadano” y la otra mitad “está en las instituciones”.

    ¿Son corruptos a la mitad los funcionarios y empleados públicos sudcalifornianos? ¿Se debaten el gobernador y sus secretarios y subsecretarios de estado, a la mitad, entre la corrupción y la honestidad? No podemos creer que la mitad del comportamiento de los altos responsables de la política, las finanzas y la seguridad de Baja California Sur sea tendiente a la corrupción, y que este funcionariado y cargos electos sólo estén esperando, como en el lance de una moneda al aire, la vinculación con un ciudadano corrupto para realizar un acto de corrupción.

   (Es fácil comprobar que la proporción de acciones corruptas entre los integrantes del pueblo sudcaliforniano es muchísimo menor, casi inexistente, a la que sucede entre los funcionarios sudcalifornianos, en el sentido que ha declarado el subsecretario Sigala. También es fácil comprender que este gobierno no hará nada por mejorar las instituciones sudcalifornianas, pues casi al concluir una tercera parte de su periodo de administración no ha indiciado, acusado o detenido a ningún funcionario o ciudadano corrupto, de ahora o de administraciones anteriores. O el grado de impunidad es de cien por ciento o vivimos en un estado con menores índices de corrupción que en Japón o Suecia.)

  Lo que vemos en este gobierno es una ignorancia casi absoluta sobre las particularidades del pueblo sudcaliforniano, así como una gran insensibilidad y prejuicios sociales muy profundos, especialmente en la persona del jefe del ejecutivo estatal. Sus declaraciones públicas lo demuestran de continuo.

    ¿Conviene llamarles al debate, a la discusión pública de estos asuntos? Por ejemplo, si en la casi totalidad de la población hay una carencia de conocimiento sobre derechos, leyes y normativas: ¿cómo puede ejercerse una responsabilidad en el desconocimiento de ella? ¿Quién es el responsable de este desconocimiento? ¿El ciudadano que nace, se desarrolla,  alcanza la mayoría de edad y vive sin tener acceso a las fuentes de cultura cívica de su comunidad? ¿Quién es el responsable entonces? ¿Las instituciones, el Estado sudcaliforniano y el Estado nacional? No. Estas entidades se crearon y se proyectaron precisamente para garantizar el acceso de todas y todos a los derechos, y para distribuir entre todos, también, las obligaciones.

   Las instituciones existen. Pero sus funciones no se realizan o no se realizan bien. ¿Quiénes son los responsables entonces? ¿Qué no se nombran personas específicas responsables para ello?

    En Baja California Sur es inadmisible que estos responsables sean quienes acusan a la población sudcaliforniana de generar la violencia social y propiciar la corrupción.

   Los sudcalifornianos no somos responsables de los asesinatos, el aumento en el consumo de drogas legales e ilegales ni la violencia en nuestras comunidades. Tampoco del desprestigio, desconfianza e inoperatividad de las instituciones de gobierno.

   Somos responsables de elegir o mantener a quienes legalmente, constitucionalmente, son los responsables de arreglar los problemas públicos.

 Esto continuará de manera cada vez más esquizofrénica, hasta que el pueblo sudcaliforniano tenga las herramientas constitucionales para obligar a renunciar a cargos electos o funcionarios que incumplen sus promesas de campaña o son incapaces para realizar efectivamente el propósito de servicio público para el cual han sido designados.

   Continuará mientras el aparato público esté manejado por un cincuenta por ciento de corrupción y sólo un cincuenta por ciento de honestidad. Mientras los servidores públicos sean nombrados y removidos por motivos políticos, electorales y partidistas, en lugar de contar con una carrera de méritos con reglas claras para nombramientos y ascensos.

   En fin, continuará mientras la clase política sudcaliforniana no se renueve con políticos ciudadanos de a pie, que consideren los cargos de elección popular una obligación cívica, temporal por pesada, obligatoria por urgente.

   ¿Quién más va a venir a resolver los problemas sociales de los sudcalifornianos? ¿Funcionarios o gobernantes venidos de fuera, como los actuales?

 

#LaCuchara “Seguridad” y democracia en Sudcalifornia

#FábulasdeVenus: Acoso sexual, el trasgresor de la dignidad femenina

Ana obra

(Obra de Ana Razo)

Marisabel Macías Guerrero

Contar historias de todo tipo es el mejor modo que encontramos los seres humanos, desde siempre, para entendernos y entender nuestro mundo. Por lo menos intentarlo.

   Quiero contarles que han sido tantas las historias que se me han presentado desde que este tema me encontró, entre propias y ajenas, recientes o del pasado, que he tardado más de la cuenta decidiendo cómo empezar, cuando lo importante quizá, es qué haremos después de esto.

   Pensé en iniciar con los “piropos” de la mañana, mientras me dirigía a tomar el camión para desplazarme al trabajo, un hombre en bicicleta y otro caminando, con una cuadra de diferencia (sólo recorro cuatro calles), me gritaron respectivamente “mi amor” y “chiquita”… ¿Pero en qué planeta creen estos seres que esas palabras me halagan? ¿O qué es lo que realmente pretenden? ¿Cómo no se enteran de que nos incomoda? Regularmente les respondo, los cuestiono, pero esta vez algo me hizo eco.

   Reflexioné que esa escena me sucede al menos una vez por día, y en que sé que no soy la única, y que aunque a muchos les parece una exageración cuando nos quejamos, el tema del acoso callejero es algo muy serio, y que ya nos tiene hartas. El que algunos hombres, diariamente, en pleno siglo XXI, sigan opinando y gritando juicios sobre nuestro cuerpo o en general nuestra persona, significa que en el fondo no se nos ha quitado esa carga significativa de objetos, es decir, que a las mujeres nos han dejado padecer esa reducción que además se auto legitima como una forma de subjetividad, cuando realmente es un acto indebido, vulgar, que sobrepasa los límites y violenta, el que se supone es un principio fundamental de esta sociedad: la autonomía individual. ¿Cuántos de los hombres que están leyendo esto han sido acosados en la calle? ¿Cuántas veces en su vida? ¿Cómo reaccionarían frente a alguien que, abusando de su fuerza, poder o privilegios, los sometiera a esta violencia cotidiana?

   Pero no sólo nos cosifican en la calle, puede ser peor, puede estar también en casa, en la escuela o en el trabajo, además debes saber que puede ser en cualquier etapa del ciclo vital, igual te sucede cuando eres niña, luego se repite en la universidad o en algún empleo. El acoso y el hostigamiento están enquistados en la sociedad, favorece a esto el que sea un mal invisibilizado.

   ¿Y que cómo asevero esto? Bueno, pensando en cómo abordar el tema del acoso sexual, me fue inevitable no partir de la propia experiencia; y de principio asumí algo: que por más que me nombre feminista, fabricante de lengua, y que ya haya conversado varias veces sobre este tema con amigas y amigos, por más que conozca otras experiencias, realmente he guardado silencio. Pero no más.

 A muchas mujeres nos resulta muy difícil abordar este tema, porque desafortunadamente existe un primo o tío, padre, padrastro, vecino o cualquier desconocido, que nos acosó o acosan: que nos espían mientras estamos en la ducha, o mientras nos cambiamos, que nos tocan “sin querer”, que se tocan al vernos, que nos roban la ropa interior, nos mandan mensajes, que nos toman fotos sin nuestro consentimiento, que nos intimidan o nos hacen bromas de contenido sexual. Esto es algo que nos ocurre todo el tiempo. Imaginen el estrés que eso genera, sentirte acechada, hostigada, cansada hasta el hartazgo.

   En mi caso, padecí hostigamiento y acoso sexual de un par de mis primos, de manera sistemática, que se prolongó durante años, cuando estaba yo en la pubertad y ellos eran varios años mayores que yo; esos parientes arruinaron una etapa de mi vida que debió ser muy mía, sólo mía. Esos acontecimientos implicaron numerosos momentos llenos de miedo y desesperación para mí, y tuvieron claras repercusiones a futuro en diversos aspectos de mi vida. Y fue un tema que en la familia NUNCA se pudo discutir ¡El acoso sexual quebranta la dignidad de quien lo padece! Y todos somos responsables de detenerlo.

   Hasta ahora, más de quince años después, puedo ver claramente los hechos y su trasfondo, puedo racionalizarlo, reflexionarlo, criticarlo y hacer algo para transformarlo; y me parece muy importante contribuir para erradicarlo. Creo que el primer paso para declararse en contra de cualquier tipo de violencia, especialmente del acoso sexual, que es tan poco abordado y aparentemente “imperceptible”, es alzar la voz. Poner el tema sobre el tintero. Que se discuta y erradique.

   Apareció en mi memoria también, la vez en que una de mis mejores amigas, la cual además vivía frente a mi casa, nos contó, cuando teníamos como once o doce años que su papá la veía mientras se bañaba, y que incluso había intentado tocarla en una ocasión. Nosotras –ahora que lo pienso– muy empoderadas, le aconsejamos que le dijera a su mamá; claro que en cuanto ella lo hizo, la abuelita se puso a llorar y todas las mujeres de esa casa convencieron a mi amiga de que dijera que era mentira y que además ¡le pidiera perdón a su papá! Esta visión machista nos enseña a normalizarlo, ocultarlo, hacer como que no pasa. Pero sigue pasando.

   Como ese ejemplo, recuerdo muchos: luego apareció una prima, y una amiga, y la vecina… Y me dio rabia darme cuenta de que es parte de nuestra vida.

    Y mientras seguía dándole vueltas a la historia con la que iba a empezar, llegué a mi destino. Y de nuevo, una realidad social desigual me dio en la cara.

    Me desempeño como profesora universitaria. Este cuatrimestre impartí una materia llamada “Investigación en el contexto social y cultural”. Hace dos semanas, como parte de una actividad para esta clase, en la que debíamos pensar en una problemática en el ámbito educativo, un par de alumnas hicieron de mi conocimiento actos de acoso sexual por parte de un conocido profesor y terapeuta de la institución que, hasta el momento en el que ellas denunciaron el caso a la Universidad, laboraba allí.

   Respondiendo a mi ética profesional y mi compromiso como ciudadana, escuché las versiones de las alumnas, también me acerqué a preguntar a la Subdirección Académica respecto al caso; sé que las autoridades educativas atendieron de inmediato la queja, canalizaron a las jóvenes al área de Psicopedagogía, y cesaron a este psicólogo de su cargo como terapeuta y profesor, quien en terapia y clases, acosaba a sus alumnas, abusando de su posición.

   Sin embargo, actuando en consecuencia a mis principios éticos y feministas, así como a la propia experiencia desde mi cuerpo leído como mujer, me puse a investigar más sobre el tema, porque, aunque me pareció una respuesta muy favorable por parte de la escuela, me di cuenta que no atacaba de raíz este grave problema. Principalmente, porque hace falta la visibilización, hace falta informar para prevenir, sancionar a los responsables, denunciarlos, hablar del tema, llegar hasta las últimas consecuencias para erradicarlo.

   Así que, desde mi ser docente, me atreví a entablar un diálogo, a través de un oficio, con la acreditada Institución de la cual soy parte, haciendo énfasis en la urgencia de diseñar y poner en marcha campañas de prevención e información, talleres o foros, buzones de quejas, área de atención, que se sumen a la intención de formar sociedades más justas e igualitarias, libres de acoso sexual, desde el ámbito universitario. Así como de hacer visible este caso, a través de una denuncia al Colegio de Psicólogos, por la violación a los principios básicos del Código Ético del Psicólogo, por parte de esta persona en su desempeño como terapeuta, e informar su caso a otras Instituciones Universitarias, para que no se vuelva a cometer este tipo de violencia, desde el cargo de poder que un docente ostenta, por parte de la misma persona. Es como descubrir a alguien cometiendo un acto de corrupción, pero darle un puesto similar en otro lado, en lugar de separarle definitivamente de este tipo de responsabilidades.

   A partir de ese suceso, y de hacer lo que creo me corresponde como agente de transformación social; también comencé a abrir el diálogo con otras mujeres que de una u otra forma participan en ámbitos educativos. Muchas de ellas afirmaron que tampoco en las escuelas a las que asisten han recibido algún tipo de información como campañas de prevención contra el acoso sexual, algunas también han sido víctimas y lo han minimizado, o no han sabido identificarlo, y otras que, aunque conocen casos de compañeras, no saben de algún caso que haya sido denunciado y visibilizado. Parece que este tipo de violencia se ha normalizado en las instituciones, y no sólo las educativas. Resulta de suma importancia plantear una reflexión seria sobre el modelo de universidades e instituciones públicas que deseamos.

   Invito a otras personas a que puedan acercarse a las instituciones donde estudian o trabajan, e investiguen con qué mecanismos normativos eficaces cuentan para prevenir, atender y erradicar el acoso sexual. ¿Qué currículo se tiene en materia de género y diversidad? ¿Qué conocimiento se está generando en su comunidad para provocar un cambio político y social respecto a este grave asunto?

   Es importante que aprendamos a identificar los tipos de violencia que existen, los tipos de acoso, es importante saber que nadie debe hacernos bromas, chistes o gestos de carácter sexual sin que nosotras lo autoricemos, que nadie debe mandarnos mensajes de acoso, ni llamarnos para importunar, y que no estamos obligadas sexualmente con nadie. Con nadie. Ninguna persona tiene derecho a tocarnos sin nuestro consentimiento. Y que nadie tiene derecho a violar nuestra intimidad.

   Debemos ser valientes y asumir una actitud de responsabilidad y firmeza frente a este tipo de agresiones. No podemos seguir calladas, no podemos seguir ocultando este tipo de situaciones en ningún espacio vital. No podemos permitirlo. Las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres, y ellos no nos hacen ningún favor al respetarnos, porque en realidad, es su obligación hacerlo.

   Organicémonos, busquemos grupos de asesoría psicológica y legal, tomemos cursos de defensa personal, dialoguemos sobre este y otros temas “tabú”. Confrontemos al acosador, pongamos un alto, gritemos. Evidenciemos. Denunciemos. Busquemos los recursos necesarios para poner un alto a cada situación de acoso que se presente.

No estamos solas, nos tenemos a nosotras.

Marisabel Macías Guerrero, nació en Los Mochis, Sinaloa (1986).  Es licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS). Profesora de asignatura en algunas Universidades privadas, orientando en materias relacionadas con la Filosofía. Promotora Cultural independiente. Feminista. Mediadora de Sala de Lectura. Ganadora del Premio Estatal de cuento Ciudad de La Paz, 2014, con el libro de relatos PENNY BLACK.

#FábulasdeVenus: Acoso sexual, el trasgresor de la dignidad femenina